23 dic. 2013

Tip 30: "Ir adivinando historias"

-En esta época del año preferiría estar en Argentina o en cualquier otro país del mundo... no en Israel- confesó Violeta como al pasar mientras daba una pincelada final a mi uña del meñique izquierdo y la observaba como a una obra de Miguel Angel.  Acá las fiestas pasan sin pena ni gloria... -se quejó- ¿no extrañás ver un arbolito de Navidad  en cada comercio o encontrarte a Papa Noel en el shopping?

-¡No!- exclamé. Si hay algo que NO extraño es eso.  La gente comprando desaforadamente, algunos saliendo del súper abarrotados de comida y otros harapientos en las calles, sin conseguir siquiera un pollo para la Nochebuena.

-Vos siempre buscándole el lado oscuro a las cosas.  No hay fiesta mas luminosa y divertida que Navidad ¡Cómo me hubiera gustado armar un arbolito en casa! Cuando era chica odiaba ser judía por esa razón, por quedar al margen de ese festejo increíble y cálido en todos los hogares.

-No en TODOS los hogares.  Quién está solo, está mas solo que nunca en Navidad.  Es una época del año difícil, final, de evaluación, extrema.  Llena de historias para contar.  Eso SI extraño: caminar por las calles y poder casi palpar las historias...  

Violeta me miró con ojos de niña. Su mirada reflejaba como un espejo el sentir de su corazón.  Ese par de ojos verdes que en general albergaban la sabiduría de cien abuelas, ahora eran dos cuencos infantiles llenos de ilusión y expectativa.

-¿Sabés alguna? -me preguntó mientras me ponía en las uñas un lìquido diseñado para secar velozmente el esmalte.
Una clienta que esperaba su turno hojeando una revista, la dejó discretamente:  pude leer en su cuerpo -y en el de Violeta- una absoluta predisposición a la escucha.  Mi mente se convirtió en un catálogo apresurado que sopesaba qué contar, en base al tiempo limitado y al  tipo de interlocutoras presentes.

"Esto sucedió un 31 de diciembre -anuncié finalmente -.  Aquél 31 de diciembre lluvioso y triste que usted recuerda, hace cinco años, el día de su enojo"
Y durante los quince minutos siguientes convertí con habilidad de maga la manicuría de Violeta en el colectivo misterioso que recorre Buenos Aires durante una noche lúgubre de fin de año, en el cuento "El Pasajero" de Manuel Mujica Lainez 

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A ver Autores... quién se anima a hacer "click" en comentarios y crear -para Violeta y para el blog- un breve relato de Año Nuevo que comience igual que aquél:  "Esto sucedió un 31 de diciembre..."

20 dic. 2013

Tip 29: En la piel de otro

Semana de frío intenso en Israel.  Estacioné el auto justo frente a la manicuría de Violeta sin intención de entrar, sólo porque la vi tiritando en la puerta, muy abrigada y fumando un cigarrillo en el umbral. Me miró con ojos que invitan a conversar y me saludó efusivamente, algo poco habitual en su modo parco que esconde un corazón de oro.

Entonces -como tantas otras veces- entré a hacerme las manos más por el placer de regalarme esos treinta minutos de cafecito y charla "bien de mujeres" que surgía espontáneamente en el ámbito de la manicuría de Violeta. 

Creo que no hay espacio más femenino en el mundo aquél:  si un hombre pasa allí, escondido, una tarde entera, puede llegar a escuchar desde las preocupaciones mas triviales hasta los secretos más recónditos del alma de una mujer. 

-Sos la primera clienta del día y ya son las cinco de la tarde... -comentó Violeta.  Y luego explicó, con tono de resignación ante lo irremediable:  -Nadie va a la playa, nadie va en ojotas, nadie en sandalias o con falda... todas con pantalones y botas... ¿quién va a depilarse las piernas o hacerse las uñas de los pies?
La conversación pasó de la frecuencia depilatoria a recetas de chocolate caliente para los chicos en esos días de invierno.  Después hablamos de un color de tintura para el pelo muy difícil de conseguir, del curso de tejido que haremos algún día a pesar de esta época de bufandas de oferta y por supuesto, comentamos la nueva historia de amor y el último desengaño que aconteció esa semana en el barrio.

Los treinta minutos pasaron volando y el frío también, amansado por el vertiginoso avatar de la charla tan trivial... pero "fundamental".

Salí de allí con las manos y el corazón mas halagados.  Y -como siempre- no pude evitar relacionar lo sucedido con la literatura.  Me pregunté:

¿Cómo hace un escritor hombre para meterse en el alma de un personaje femenino y hacerlo hablar, sentir, doler, amar, rabiar... como lo hace una mujer?  Cómo escribir sobre ellas sin conocer el desgarro de la primera menstruación, la grieta del pezón al amamantar, o la vital importancia de haber conseguido el vestido adecuado para una fiesta? 
Y viceversa... ¿cómo puede infiltrarse una escritora mujer y desatar el nudo del alma masculina de su personaje? 

Angeles Msstretta e Isabel Allende eligieron escribir -en general- historias de mujeres y pincelaron nuestros mundos mas íntimos con maravillosa habilidad.  Pero el escritor brasileño Jorge Amado... ¡también!  ¿Cómo se adentró y desfloró con tanta certeza el espíritu y el sentir de sus emblemáticas "Doña Flor", "Gabriela clavo y canela" y la entrañable "Teresa Batista, cansada de guerra"?

A ver autores... qué opinan?  ¿Lo han intentado? ¿Cómo se logra? ¿Quién aporta al blog otros ejemplos de la literatura universal o propios?

1 dic. 2013

Tip 28: Una escritura auténtica

-Violeta...  ¿qué fue lo peor que te pasó en la vida? -pregunté aprovechando que ese día la manicuría estaba desierta y podríamos conversar a solas.

Mi manicura reflexionó unos instantes antes de responder, haciendo de cuenta que evaluaba con qué color de esmalte me iba a pintar y al final, levantó la vista de mis uñas y habló con su tono de consejera que ya está de vuelta de todo en la vida:

-Yo tengo una estrategia... ¿sabés?  Las situaciones desagradables por las que pasé -que no son pocas- trato de olvidarlas. No ando revolviéndolas y masticándolas una y otra vez como te piden los psicólogos...  Yo las entierro en un cajoncito bien lejano de mi propia historia, lo cierro con candado y trato de no abrirlo mas.  Y me aferro sólo a los momentos felices que viví -que tampoco son pocos-.   A esos los recreo en mi memoria una y otra vez  y así vivo tranquila, casi siempre feliz.
No quiero pensar  "en lo peor que me pasó en la vida" ¿entendés?

Su argumento era casi irrefutable, desde la lógica y el punto de vista de una persona que NO ESCRIBE.

El novelista y guionista turco Orhan Pamuk -premio Nobel de Literatura 2006- nos regala esta increíble reflexión al respecto:

"Ser escritor, significa detenerse en las heridas ocultas que llevamos en nuestro interior, de cuya existencia -como mucho- tenemos una ligera idea, descubrirlas y conocerlas pacientemente, sacarlas bien a la luz y convertir esas heridas y sufrimientos en una parte de nuestra escritura y nuestra personalidad que abrazamos concientemente.   

Escribir, es hablar de cosas que todo el mundo sabe, pero que no sabe que sabe.  Explorar este conocimiento, desarrollarlo y compartirlo, le proporciona al lector el placer de viajar maravillado por un mundo que conoce bien.  

Además ese autor, que trata de desarrollar sus aptitudes y crear un mundo encerrado en una habitación durante años, está demostrando -lo sepa o no- una profunda confianza en el ser humano, cuando parte de sus propias heridas ocultas.  Yo siempre he tenido esa confianza que te hace sentir que todos los seres humanos se parecen, que los demás tienen heridas parecidas y que por eso te comprenderán.  Toda la verdadera literatura se basa en esa confianza infantil y optimista de que la gente se parece".

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Me incorporé a desgano del cómodo entorno que Violeta recreó con buen gusto y delicados toques de femineidad:  pétalos de rosa diseminados entre los esmaltes, sahumerio, música de fondo.  Y antes de atravesar el umbral del local rumbo a mi casa vecina, repliqué:

-Yo no esquivo nada de lo malo que me pasó, al contrario, lo aprovecho.  No puedo cambiarlo, me dolió como espinas en su momento. Y ahora que el tiempo pasó, vuelvo a ese hecho, me asiento en él, lo revivo, lo recorto, lo adorno y al final... lo transformo en un cuento.

30 nov. 2013

Tip 27: "Una luz en la oscuridad"

En la manicuría de Violeta la conversación del improvisado grupo de mujeres que aguardaba su turno o esperaban que se seque el esmalte, giraba en torno a recetas de sufganiot, la emblemática factura aceitosa parecida a una "bola de fraile" que es tradición comer cuando se celebra el milagro de Jánuca en Israel.

La situación era paradójica:  clientas abuelas de sesenta largos optaban por comprar las sufganiot ya listas en la panadería.  Y un par de madres jóvenes, con jornadas laborales de ocho horas y tres o cuatro críos en su haber (no sé como encontraban tiempo para hacerse las manos)  planeaban el cometido de amasar con los niños la mezcla de harina, huevos y azúcar con toques de milagro, sin temer el consabido enchastre en la cocina.

La discusión pasó de... "¿cuál receta es mas fácil y rica?" a "¿donde conviene comprarlas ya listas?  Todas hablaban al unísono y las opiniones triplicaban el número de mujeres presentes.

De pronto, Violeta elevó su mirada de las manos que acicalaba y con su voz femenina y ronca, comentó como al pasar, con autoridad y cadencia de cuento de hadas:

-Januca me recuerda el momento mas oscuro y negro de mi vida.  Hubo un instante exacto
-lo recuerdo- en el que divisé una luz diminuta, como una vela, como una promesa, como una sonrisa.  Y me volvió  la confianza.  

En el local se impuso un silencio inmediato y absoluto.   Todos los pares de ojos se volvieron hacia ella.  Y volví a pensar -no sin un dejo de envidia- que esa manicura de barrio que no había leído mas de una decena de libros en su vida, llegó a este mundo con el don de narrar creando expectativa y generando intriga... como la mismísima Sheherezada.

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A ver autores...  hoy la historia la cuentan ustedes.
Desafío Literario 4  "Una luz en la oscuridad"
Se animan a hacer "click" en comentarios y contar la historia  que tan hábilmente anunció Violeta?

¿Quién regala al blog el cuento de  "un momento negro en la vida de un personaje y el instante mismo en que divisa una luz de esperanza a lo lejos"?

17 nov. 2013

Tip 26: "Del dolor a la reparación"

-Qué silenciosa estás hoy- me reprochó Violeta, sin poder creer que limó las uñas de mis dos manos y quitó el excedente de cutículas, sin que yo dijera una palabra-  ¿Pasó algo?

-Si... ayer.  En el Taller Literario. No se me va de la cabeza.

Violeta me interrumpió con un gesto de fastidio y señaló los mas de doscientos esmaltes que adornaban afiladitos los estantes blancos de la pared.

-Elegí un color y mejor seguí en tu mundo, pensando.  Hoy no tengo paciencia para tus historias de intelectuales.

-Una mujer escribió un texto conmovedor -expliqué, obviando su comentario-.  Yo había pedido que traigan un cuento corto "de amor y despedida":  la pasión que termina, el adiós que se impone por destino u elección.

-Buen tema- reconoció Violeta.

-Hace unos dos años, una mujer ya madura -elegante y bonita- me pidió venir al Taller de Escritura. Me hablaba un poco en hebreo y un poco en español, ambos con  marcado acento alemán. Acepté con escepticismo...  ¿no habla bien castellano y quiere escribir? -pensé-.  Sin embargo, con el correr de las clases fui comprobando que sus escritos estaban cargados de poesía, sentimiento y músicalidad. Pronto supe que no era judía y que su familia vivía en Alemania, adonde viajaba seguido a visitarlos.  Sentí curiosidad:  ¿Quién era esta mujer que me traía bombones en estuche de Santa Claus cuando volvia de viaje?  ¿Qué hacía viviendo en Israel, hablando hebreo, escribiendo en español?

-¿Sabes quién es Ulla?  -alguien deslizó la pregunta una tarde, en un evento del Instituto Cervantes-.

-No... ¿quien es?-

-Su padre y su abuelo fabricaban los contenedores donde se transportaba el gas Cyclon B hasta los campos de concentración en Aushwitz.  El gas de las cámaras de gas...

A Violeta se le volcó el frasquito de esmalte.
-Dios mío,  "eso" no es Ulla!  Qué carga tan pesada...

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Ulla Guesner eligió vivir, amar y escribir en Israel.  Con talento y obstinación, con pasión, osadía y perseverancia,  bucea en el grito de lo que no puede cambiar y -con la ayuda de las palabras-  lo transforma en un canto de reparación.  Eso es "Helgaken".

Helgaken
por Ulla Gessner
-Acuéstate conmigo-  los ojos azules de Heinrich brillaban. Con  brazo flojo levantó la manta por encima de  él y corrió la baranda de  la cama de hospital.  Helga vaciló: a cada momento podía llegar alguien. Por otro lado no había nada que perder... quizás soportar miradas o palabras de desdén.
Heinrich estaba muy enfermo y  por su avanzada edad,  no le quedaba  mucha resistencia. Helga  levantó suavemente la cobija y se acostó a su lado.  El buscó a tientas el lugar más caliente entre sus piernas. Solía llamarlo “la calefacción solar”.  Helga intentó recordar el día  en que lo dijo por primera vez. Era invierno y se había divertido mucho por la comparación tan práctica.  Se apretó contra él.
La puerta se abrió y apareció una enfermera inoportuna. Como un burro terco que se asusta de algo imprevisto, se frenó de golpe y desapareció al tiro.
Helga sabía que no les quedaba mucho tiempo. La mujer de Heinrich también estaba en ese hospital y todos la conocían.
-Helgaken... te quiero-.  Heinrich  la besó como un hambriento en la selva que por fin, encuentra  una fruta dulce.   Ella respondió ardientemente, como si ese beso fuera el último. El presente se transformó en eternidad.  Ese beso era el sello de su amor – un amor de profunda intimidad, un amor de fin de semana mensual, un amor de charlas sin fin, un amor con literatura y congresos, un amor entre un judío que ha sobrevivido en la resistencia del gueto de Vilna y  una alemana en cuya vida pesaba un padre  involucrado en crímenes de guerra.
Tú eres para mí la reparación, la nueva Alemania” -le había dicho Heinrich una vez y sus palabras colocaban su encuentro en un contexto universal.  Helga no era capaz de interrumpir esa unión.
Antes  que vengan los doctores, llegó -como un ángel-  la muerte.
Heinrich apoyó su cabeza sobre la almohada sin tocar a Helga, que escuchó su último suspiro.  Con ese aliento final salió su lengua, azul como nunca antes, esa lengua que sabía acariciar tanto su boca.  
Heinrich- susurró al sentir que  la mano de él en su “calefacción solar” perdió la fuerza viva. Heinrich...  Pero se quedó mudo  para siempre.
Helga acarició su mejilla aún tibia y apartó el barral de  la cama de hospital. Se arregló un poco el cabello y abrió la ventana para que el alma de Heinrich  pudiera volar hacia afuera.  Lo hizo automáticamente y se extrañó al notar que pensaba en algo sobrenatural... ¿cantaba un pájaro frente a la ventana o fue su pura imaginación?
Dos médicos entraron a la habitación.  Detrás de ellos la enfermera entrometida.  Los tres miraron a Helga con muda curiosidad  y rigor  al ver lo que pasó en la cama.
Ella tomó su cartera y salió rápidamente del hospital.
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A ver, autores... ¿quién  hace "click"  en comentarios y -al igual que Ulla- transforma una "carga" que pesa y duele como espinas... en un canto de amor y reparación?

2 nov. 2013

Tip 25: Mi propio ALEPH o "Introducción de un elemento imaginario"

Me encontré con Violeta por casualidad en el parque Hayarkón, al lado del río bonito de aguas mansas que cruza la ciudad de Tel Aviv y desemboca en el Mediterráneo. 

Me resultó extraño verla fuera del contexto de la manicuría, enfundada en un jean moderno que disimulaba sus sesenta y tantos y pendiente de cada movimiento de sus dos nietos en edad escolar -Alón y Nadav- que enseguida hicieron buenas migas con mi hijo Eitán.

-Cierto... hoy es lunes -expresé al verla, con verdadera satisfacción por el encuentro espontáneo.  Los lunes la manicuría estaba cerrada y toda la cuadra y el barrio perdían algo de vitalidad y color.

Nos sentamos a la sombra de unos eucaliptus, mirando jugar a los tres chicos que parecían conocerse desde siempre. Tomábamos café turco de termo y picábamos nueces y pasas de uva que Violeta sacaba de una canasta que parecía no tener fondo.  Hablábamos en castellano, con las expresiones tan propias de los "porteños" oriundos de Buenos Aires.  La conversación  fluía mansa y constante como  las aguas del río Hayarkon y de pronto, sentí que esa manicura sencilla que cargaba en sus hombros una enciclopedia de vida, era mi hermana en Israel. 

Sus nietos y mi hijo irrumpieron eufóricos, como un rayo de sol que se abre paso entre las ramas de eucaliptus.

-¡Encontramos una pelotita de vidrio! -anunció Alón, el nieto menor de Violeta.
-Una bolita de cristal con colores adentro- completó Nadav, el mayor.

-Es sólo una canica que alguien perdió...-  Mi manicura utilizó un vocablo de hace dos siglos minimizando el hallazgo.  

-No- aseguró mi hijo Eitán, que examinaba la pequeña circunsferencia girándola despacio entre el pulgar y el anular-  ¡Es un "ALEPH"!  Guardalo bien, mamá.

Los chicos salieron corriendo, con el apremio de seguir jugando antes de escuchar la temida palabra "vamos".  Y quedé bajo la mirada inquisitiva de Violeta, algo reprobatoria, como diciendo "Ya le llenaste la cabeza de conceptos raros también al chico..." 

-Le conté uno de los mas conocidos cuentos de Borges, nada más -me atajé-.  Se lo simplifiqué muchísimo:

"Había una vez un señor que no se quería mudar porque en el sótano de su casa, detrás de un pesado armario, descubrió un Aleph: una pequeña circunsferencia donde se pueden ver todos los puntos del universo simultáneamente, todo lo que pasó o pasará o uno hubiera querido que pase, infinitas cosas al mismo tiempo".  El escritor lo describe de esta forma, es bellísimo: 

“Vi el populoso mar, vi el alba y la tarde, vi las muchedumbres de América, vi una plateada telaraña en el centro de una pirámide, vi un laberinto roto (era Londres) vi interminables ojos inmediatos escrutándose en mi como en un un espejo, vi todos los espejos del planeta y ninguno me reflejó, vi en un traspatio de la calle Soler las mismas baldosas que hace treinta años vi en un zaguán de una casa de Fray Bentos, vi racimos, nieve, tabaco, vetas de metal...”

Violeta miró de soslayo la bolita de cristal que los chicos encontraron y -con ojos de niña- se ilusionó:  -¿Será un Aleph?
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Queridos  autores,  si  encuentran  un  ALEPH  en  algún  zaguán 
de una vieja  casa y escarban en el baúl de vuestros propios deseos y recuerdos...  ¿que quisieran ver  reflejado  en  él?   

Quiero compartir con ustedes "el Aleph" de Alejandro Stein, un argentino-israelí que condimenta con toques de asado, Boca Juniors y poesía, su rincón familiar en el Kibbutz Barkai:

"Vi  una pareja besándose en un auto cuando Villa Cariño todavía existía. Vi  a mi equipo en la Bombonera dando todas las vueltas olímpicas que el exilio me hizo perder.  Vi a mis padres, vi una maestra tomando lista frente a caritas mapuches y guardapolvos blancos, vi mi muerte y me negué a saber la fecha,  vi un duraznero en flor y vi sus frutos todo al mismo tiempo.  
Y vi a la misma pareja que se besaba, ahora  desgastada por el tiempo y la rutina. Vi el amor eterno, vi el amor gastado y vi el amor de pago.  Vi la muerte en todas sus versiones y la vida  iniciándose de mil maneras.  Vi el miedo en los ojos de un tipo sentado en el consultorio del dentista y la mirada letal de una serpiente frente a una ardilla. Vi a mi abuela cocinando y casi pude oler el aroma característico de su casa. Y no seguí viendo... porque me aterró  la perspectiva del conocimiento infinito”

Hermoso... ¿no?  Quién hace "click" en comentarios y regala al blog su propio Aleph?

20 oct. 2013

Tip 24: Cadenas de Contratiempos

La clienta bonita, divorciada y de treinta y pico largos, contaba en la manicuría de Violeta -con lujo de detalles- la serie de peripecias que oscurecieron su fin de semana.  Si bien fueron contratiempos relativamente minúsculos, la seguidilla le había generado mas de un trastorno, atrasos y tensiones, que ahora relataba con comicidad.

-Una rueda se me pinchó y unos vecinos la cambiaron por la de auxilio, pero al estacionar... vi que la otra goma delantera estaba bajísima.  Hace tres años que pago un seguro que te manda un service o una grúa por si te pasa algo en el camino y hasta ahora  jamás lo necesité, nunca los llamé ni los molesté.  Esta vez intenté comunicarme y me topé una serie de contestadores automáticos y musiquitas cursis que me sacaron de quicio,  Cuando por fin me atendió alguien y me pidió quinientos datos para comprobar mi identidad, me informó sin rodeos y con tono monocorde "su póliza venció el 18 de octubre".  

Sentí como una trompada en medio del rostro.  "Eso fue... AYER" -noté angustiada-.  Le transmití mi desazón a ese tono informe, hablando con la voz quebrada e intentando conmoverlo -contó la clienta- mientras Violeta y yo escuchábamos divertidas, porque la bonita señora de los contratiempos poseía el don de la narrativa oral y contaba la serie de peripecias con el tono patético y burlón de una verdadera "standapista".   

-Pero no hubo caso -siguió diciendo-.  La voz sólo quería cortar la comunicación repitiendo una y otra vez: "Si su seguro está vencido, el sistema no me permite enviarle un móvil de auxilio mecánico".

En fin, les resumo el cuadro de situación -enumeró con la mano que ya tenía las uñas pintadas-. "Noche, los chicos solos en casa, uno de ellos con fiebre, la rueda delantera cada vez mas baja, la rueda de auxilio ya la usé y al día siguiente -hoy- tenía que estar a las 8.00 en mi nuevo trabajo  a 25 km de Ramat Gan.  Me metí adentro del auto y se me cayeron un par de lágrimas. Pero intenté ser resolutiva: llamé a los chicos y le dije al de ocho -aclara- "que es el mas grande" que voy a buscar una gomería abierta y que si tienen sueño se duerman... mami volverá enseguida. Entonces puse el auto en marcha... (estudiada pausa dramática) y NO arrancó.  Intenté otra vez, volví a ingresar el código de la alarma... el auto no es muy nuevo pero tampoco es taaan viejo... pero no hubo caso. Parece que murió la batería.  Quedé como en blackout, paralizada, tratando de encontrar explicaciones fiosóficas y psicológicas a lo que estaba pasando...

¿Por qué esta cadena de contratiempos?  ¿Por qué justo cuando conseguí un trabajo adecuado y conveniente? ¿Por qué ahora, que empecé a salir a flote sola del divorcio que me hundió?

Las preguntas de la clienta quedaron suspendidas en el aire de la manicuría y se mezclaron con el típico aroma de la acetona, los esmaltes y la cera depilatoria.  Violeta y yo la miramos intrigadas.  Hizo una pausa que nos pareció demasiado extensa y anunció el desenlace:

"Entonces sonó mi celular". 
Identifiqué el número de un gordito bastante pesado que me está pretendiendo hace varios meses... -dijo-.  En otra circunstancia ni le hubiera contestado pero en esta ocasión... ¡sentí que lo mandó Dios!.  Violeta y yo nos miramos divertidas y eso la estimuló.

"Ahí estaba, vibrando e iluminando mi teléfono en el momento exacto y en el minuto indicado".  No lo dudé: deslicé suavemente mi yema por la pantalla dactilar del android y antes que él me dijera "¿cómo estás?" eché por la borda discursos feministas y alegatos de autosuficiencia y lo saludé diciendo:  "la vida me está indicando que necesito otra vez un hombre a mi lado".

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Las cadenas de contratiempos son un tema recurrente en la literatura, el cine y el teatro.   Desde la dramática película "Un día de furia"  hasta shows de stand up  donde las dificultades cotidianas se abordan desde el humor, una buena pluma o un hábil narador, pueden transformar situaciones exasperantes que llevan al borde de la desesperación, en las mas deliciosas anécdotas.

A ver autores... ¿quien se anima a aportar al blog el relato de una serie de vicisitudes? Importante:  elijan si el tono será dramático o mas bien de un humor patético...  ¡Espero vuestros escritos!

4 oct. 2013

Tip 23: Mueblero tránsfuga o "Cómo insertar un buen diálogo"

Mientras daba los últimos retoques a las cuidadas manos de una anciana rusa que había sido concertista de piano, Violeta contaba con lujo de detalles el altercado entre su marido y un vendedor de muebles de la calle Herzl, en Tel Aviv, un equivalente de la Avenida Belgrano porteña, donde se pueden encontrar juegos de comedor y de dormitorio bastante dignos y a buen precio.

-Prometió que nos enviaria una consola de un color gris patinado muy original, UN MES antes de las fiestas y fijensé, recién HOY la recibimos, tres meses después de haberla pagado- contó Violeta indignadísima.

-¿La pagaron por adelantado? -preguntó una clienta, dando por sentado en su tono que si lo habían hecho eran ingenuos.

-Si, pagamos y esperamos el envío del mueble como suele hacerse ¿o no?...  (comentarios de las clientas)  En fin  -retomó Violeta el hilo de la narración- ¡tres meses lo esperamos!  Llamamos TODOS los dias y cada vez el dueño -un tal Moti- nos respondía "mañana lo recibirán" -relató mi manicura con voz quebrada y un signo de interrogación en la mirada: esa falta de respeto hacia un cliente, para ella era inconcebible-.  Finalmente, mi Marcos se fue hacia la calle Herzl para ver qué estaba pasando... pensamos que tal vez cerró el negocio, o quebró.

Después de  treinta y cinco años de casada, mi manicura seguía llamando a su esposo con suma ternura. "Marquitos" o "mi Marcos" le decía y a continuación, expuso el diálogo inverosímil entre su marido y el mueblero tránsfuga.

-Buenas tardes, soy el que te encargó la consola patinada gris-.

-¿Y qué necesitás?

-¿Que te parece?  ¡Que me la envíes!  Te la encargué hace tres meses y te la pagué...

-Que se va a hacer, el carpintero se murió -interrumpió el tal Moti con brusquedad-

-Ah... lo lamento.  ¿Por qué no nos dijiste?  Hace tres meses que te llamamos y nos prometen "mañana la enviamos".

-Se me pasó... ¿te creés que lo único que tengo en la cabeza es tu consola? -desafió Moti-.

-No entiendo- Mi Marcos trataba de dominar su furia y consternación- ¿así tratás a los clientes?

-Si.  Te topaste con una mala persona, qué vas a hacer.

-Entonces devolveme el dinero, te di dos cheques- solicitó mi marido conteniéndose-. Así como lo ven de bueno,  Marquitos no es de los que se dejan llevar por delante y de golpe, puede convertirse en una fiera.

-El dinero ya me lo gasté.  Si querés te mando esta consola negra, o esta marrón, mirá que linda -ofreció sin escrúpulos-.

-No queremos una consola negra ni queremos una marrón.  Queremos la que pagamos o devolveme el dinero AHORA, atorrante!

-Esperá... no te pongas así... dejame hablar con el carpintero.  ¡Y se puso a marcar un número!- Violeta no podía esconder su asombro ante la desfachatez del susodicho.

-¿¡No se habia muertoooo?! -preguntamos al unísono el grupito de  clientas que la estábamos escuchando.

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Insertar un dialogo como el anterior, de connotación intensa, en un cuento o novela, no es tarea fácil para un escritor.  Un tercero cuenta una conversación entre otras dos personas, un ejercicio verbal al que estamos acostumbrados desde que tenemos recuerdos. Pero al intentar ponerlo POR ESCRITO nos preguntamos:  ¿cómo transcribir la frescura de una conversación, sin perder algo en el camino hacia papel?

Un buen ejercicio es tratar de evitar el verbo DECIR  ("me dijo, te dijo, le dijo") o por lo menos no abusar del mismo, buscando con afán la palabra exacta que refleje lo que sentía el protagonista cuando habló.  

Atención:  pocas veces en la vida simplemente "decimos" las cosas.  A veces las gritamos o enfatizamos, las susurramos, narramos, preguntamos o sugerimos, contamos o nos referimos, explicamos o defendimos, indicamos o respondimos... hay decenas de verbos que pueden reemplazar al simple "decimos".  Buscar el verbo exacto, nos permite mostrarle al lector algo más acerca del estado de ánimo del personaje que replica  (Por ejemplo, si escribimos "enfatizó" estamos contando que el personaje "lo dijo con énfasis")  Observen en el dialogo anterior, como he reemplazado en todos los casos el verbo decir.


A ver, autores... ¿quién hace click en comentarios y aporta al blog algún dialoguito "picante"?

24 sep. 2013

Tip 22: Intriga y Esperanza

Hablábamos del ayuno y del perdón sopesando el verdadero alcance del arrepentimiento concentrado en un solo día del año, cuando con un gesto drástico, Violeta me indicó que mirara hacia afuera.

-Esa mujer... ¿la ves?  Vive en mi edificio.  ¡Ni aunque ayune durante dos meses la van a perdonar! -introdujo-.  Una sola vez entró al local y pidió hacerse las manos.   Yo la miré fijo a los ojos y le dije bien fuerte, adelante de todas las clientas:  "No tengo tiempo ni turnos a futuro para vos".  Entonces dio media vuelta y -por suerte- no entró nunca mas...

Abrí grandes los ojos.  Mis uñas ya se habían secado y yo estaba apuradísima, pero me acomodé en el asiento.  La pregunta caía de maduro y nadie me movería de ahí antes que Violeta me contara -con lujo de detalles- que pecado había cometido esa vecina para merecer un desplante tan categórico.

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Violeta era una narradora intuitiva y sin proponérselo, me otorgó un ejemplo magnífico de buen comienzo para un cuento.

El primer párrafo de una historia, debe tener la cantidad de ingredientes necesarios para que el lector sienta CURIOSIDAD e  IMPULSO de seguir leyendo.  Cuando escribimos las primeras frases de nuestro cuento, novela o artículo, vale la pena preguntarnos si tiene la cuota de INTRIGA suficiente y si alberga la ESPERANZA de una buena historia detrás de ese suspiro inicial.

Si creemos que NO... es el momento de re-pensar nuestro comienzo y elegir con paciencia y perseverancia una frase mas prometedora,  que dispare de inmediato en el lector PREGUNTAS (¿qué pasó allí?  -  ¿por qué?)  y UNA CERTEZA  (¡quiero saberlo!)

En ese primer renglón, sugiero introducir vocablos que impacten  y remitan a cuestiones de fuerte impronta.  Como ejemplo, transcribo el comienzo de "El Amor en los Tiempos del Cólera" de Gabriel García Marquez:

"Era inevitable. El perfume de las almendras amargas le recordaba siempre el destino de los amores contrariados".

Observen las palabras que nuestro genio literario eligió:  "inevitable" - "perfume" - "almendras amargas" - "destino" - "amores contrariados".... ¡cuántas PROMESAS en un sólo renglón!   Noten la FUERZA que contiene la palabra "inevitable", presientan el cianuro de muerte escondido en las "almendras amargas", intenten adivinar que depara el destino a un "amor contrariado"...  ¿Qué pasó alli?  es la pregunta
que aflora de inmediato en la cerebro del lector... ¡quiero saber!

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-¿Qué pasó, Violeta?  ¿Qué hizo?  ¿Por qué nunca vas a atender a esa anciana?

Mi manicura disfrutaba en silencio el flechazo de curiosidad que genero en mi.  Estiraba el momento de la revelación paladeando esos instantes en los que mantenía en vilo mi mente de cuento.

-Estuvo en Buchenwald... acusando a los nuestros para recibir favores de los nazis.  Era una famosa "kapo"- dijo por fin.

Me apuré a salir y caminé por la vereda mirando mis manos de jardinera de oficio, que Violeta maquillaba mágicamente una vez por semana transformándolas en la prolija extremidad de una escritora por vocación.
Y me sentí feliz de que mi manicura le escatime a una otrora "kapo" ese minúsculo espacio de intimidad y belleza en donde dos mujeres hablan de la vida y después de 30 minutos, una sale de allí con ganas de acariciar al mundo.

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A ver, autores!   ¿Se animan a regalar al blog un ping-pong de atrapantes COMIENZOS, haciendo click en "comentarios"?  Sólo pido inventar un comienzo... un renglón o dos... que genere una PREGUNTA (¿por qué? -¿qué hizo? ¿qué pasó allí?!  Y una URGENCIA: ¡quiero saber!

12 sep. 2013

Tip 21: Perrito o "una historia que termine bien"

Playa de Tel Aviv.  Mediodía de verano y calor agobiante en el año judío recién estrenado.  Poca gente desparramada en la arena, bajo esos parasoles públicos que dan sombra con dificultad.  Mar tibio. Hice un alto en el día laboral, nadé media hora y me estaba secando unos minutos al sol... cuando "la historia" vino hacia mi. ¡Así es la playa de Tel Aviv! Un escenario permanente...

-Mi manicuría no se queda atrás, acá también pasa de todo- reacciona Violeta, que compite conmigo en el tema "telenovela cotidiana".
-¿Qué te pasó esta vez?-

Dos clientas que esperaban su turno para depilación y belleza de pies, se habían abrochado a lo que anuncié y me miraron con expectativa.  Hay narrador, hay una historia para contar y hay publico -pensé-.  
¡Bingo!  La magia comienza...

"Un tipo alto y musculoso se acercó desde la rambla, extendió una toalla cerca del mar y desabrochó su camisa con lentitud.  Vestía un holgado jean clarito con cortes "casuals" pero no se lo quitó.

Hacía todo lo posible por llamar la atención:  silbaba, corría la toalla varias veces de lugar buscando una posición adecuada, se paraba desafiante plantando su metro noventa frente al mar y corrió varias veces hasta la orilla para mojarse los pies.  Tenía el pelo larguísimo, una barba incipiente al estilo Mike Rourke en "Nueve semanas y media" y tatuajes grabados en el pecho y la espalda.  Todo el conjunto le daba un aire de pirata moderno.  

El Adonis extrajo de su mochilita una cerveza que se veía bien helada, la abrió con los dientes, echó un trago generoso en su boca y se recostó a mirar el mar con expresión de "esto es todo lo que quiero en el mundo". Y cuando parecía que su puesta en escena finalizó ¡vino lo mejor!  El fulano metió de vuelta la mano en su mochila y extrajo esta vez algo insólito: un perro diminuto, una especie de chihuaha bebé o enano y lo instó a que le lamiera bastante impúdicamente la boca, una y otra vez. Lo que hacía nuestro protagonista, a la luz del día y de los azorados ojos de los espectadores involuntarios de su show, era darle de tomar cerveza al perrito... de su propia boca.

(Expresiones de repugnancia de Violeta y las dos clientas)

El espectáculo no pasaba desapercibido para nadie:  ese mediodía en la playa, algunos con asco, otros con deseo y todos con estupor, observaban los lenguetazos casi obscenos que esa escultura humana prodigaba a su perrito con la excusa de mitigarle la sed.  A mi izquierda, dos muchachas no sacaban la vista del buen mozón extravagante y prodigaban caricias y mimos al pequeñísimo can, cada vez que éste -medio borrachín- corría hacia ellas haciendo "eses".

El intenso intercambio zoofilico se vio interrumpido de repente, cuando un hombre que caminaba por la orilla vestido de civil, se presentó como "guardia costera" y le indicó al susodicho que en esa playa no se permitían perros.  El diálogo que mantuvieron fue mas o menos así (en hebreo suena mejor, pero lo reproduciré en castellano):

-Disculpá... en esta playa no se permiten animales.
-¿Quién lo dice?  -la pregunta transmitía mas curiosidad que preocupación.
-Hay carteles, mirá...  -el guardia señaló a su alrededor-
-Yo no molesto a nadie y "Goliat" tampoco. Está conmigo, es una pulga casi invisible... ¿te parece que está jodiendo a alguien?

El nombre "Goliat" generó empatía y dibujó una sonrisa en los labios de los presentes.  El guardia miró a las dos chicas de la izquierda y éstas indicaron con gestos que no se sentían perturbadas en absoluto.

-Es verdad, no molesta... pero mi trabajo es pedirte que te retires de esta playa si tenés un perro -insistió el guarda-.  A 400 metros hacia el norte,  hay una zona donde permiten...
-Pleeeease...  -interrrumpió el dueño de Goliat- ¿me dejás empezar el año en paz?  Estoy en mi "break" de almuerzo en el  laburo, vine a fumar un puchito a la playa, a tomar una cerveza, tengo en total media hora... no molesto a nadie.
-Por lo menos ponele una correa -se notaba que el guardia le había tomado involuntariamente simpatía.
-No traje.
-Andá a buscar una a la casilla del guardavidas.
-¿Aquella?  Está como a 200 mts...
-Lo siento, entonces tenés que retirarte ahora.
-Dejame tranquilo  (bebió otro trago de cerveza y mas lenguetazos)
-Me van a despedir, tengo que cumplir mi función.  Ponete en mi lugar...

La amabilidad no funcionó por mucho tiempo.  Dos minutos después ambos levantaban la voz, cada uno firme en su posición.  Y cuando el apacible mediodía estaba por dejar de serlo, una de las chicas de la izquierda decidió intervenir y se dirigió al guardia costero.

-¿El guardavidas tiene una correa?
-Así es.
-Si la traigo... ¿Goliat podrá quedarse?
-Efectivamente.
-Voy a correr hasta la casilla, me llevará dos minutos ¿Vale la pena empezar el año discutiendo?

Un ratito después, Goliat con correa, su dueño, las dos chicas de la izquierda y el guardia costero, chocaban botellitas de cerveza celebrando el encuentro, deseándose un año feliz y una buena firma en el Libro de la Vida.  Cuando me fui de allí, intercambiaban celulares y planeaban la comilona con la que romperían el ayuno del Día del Perdón...

¡Que tengan un buen año, autores! ¿Quien hace "click" en comentarios y aporta al blog esta vez un cuento con un conflicto en el que haya conciliación "kipuriana"  y al final  termine BIEN?   

4 sep. 2013

Tip 20: Innovar

-Llevate de regalo un esmalte... -ofreció mi manicura después que le pagué y mientras esperaba que mis uñas relucientes se secaran de una buena vez.  Y explicó:  -Regalo de Rosh Hashaná... para empezar el año nuevo coloridamente.

-Mirá vos, qué linda idea... ¡gracias! -acepté gustosa- y cuando mi vista se paseó indecisa entre la gama interminable de colores de moda, Violeta vino en mi auxilio.

-Tenés que elegir el color en función a lo que verdaderamente deseás para el año que comienza.  
La miré con curiosidad y la aclaración no se hizo esperar.

-¿Te inclinás por un año de PAZ universal?   Entonces llevá este rosado claro- ofreció.

Dudé.  Me importa muchísimo la paz en el mundo, sobre todo a la luz de los últimos acontecimientos aquí en Medio Oriente.  Pero preferiría desear algo... mas personal.  Y la perceptiva Violeta lo notó enseguida, por eso continuó describiendo opciones.

-¿Querés vivir una pasión este año?  Entonces agarrá el rojo oscuro.   Pero si preferís un amor de aguas calmas, un compañero de verdad, te sugiero el azul o este verde muy particular, casi turquesa.  Y  NO ME MIRES EXTRAÑADA...  esto no falla.

Violeta continuó hablando con seriedad científica.  A esa altura, varias clientas se reunieron alrededor del centenar de frasquitos expuestos y la escuchaban como a una profetiza, considerando prioridades.

-Si alguna quiere mayor independencia económica o afectiva, le sugiero uñas esculpidas con motivos de alto impacto.  A éstas, por ejemplo, les pinté un mini-dragón o fijense este motivo... un ala de ángel y un tridente de demonio.   Pueden elegirlas en lugar de un esmalte; las mujeres que las llevan muestran mas fuerza y personalidad.

Un rato mas tarde, toda la cuadra especulaba acerca de la relación entre colores y deseos. 

No les voy a revelar que elegí yo, queridos autores.   En cambio,  he de alabar la originalidad de mi vecina Violeta para agasajar a sus clientas con motivo del nuevo año hebreo, en lugar de conformarse con el tradicional Shaná Tová u Metuká.

Eso si:  les cuento que el esmalte rojo-pasión se acabó y que ya nadie confía en lograr la paz en el mundo.  A las uñas esculpidas no les fue mal y el azul del compañero de telenovela se agotó casi tanto como el color del amor desaforado.       

Los años pasan, se suceden las generaciones y me parece que los deseos  -como las ideas en literatura- suelen ser los mismos.  Aunque desde el fondo del corazón deseamos siempre "salud, dinero y amor" como pedían nuestras abuelas, donde podemos en serio innovar 
es en la manera propia de formular esos deseos.   

Por eso, lanzo el TERCER DESAFIO LITERARIO del Blog:  ¿se animan a hacer "click" en comentarios y regalar al blog un deseo propio, mínimo y particular... que a la vez sea universal y sirva para todos?

Como mi  Shaná Tová Teatral...

"Que tengan un año ES-PEC-TA-CU-LAAAAR!  Elijan el mejor ESCENARIO para vivir una vida auténtica, en la que sean PROTAGONISTAS coronados con APLAUSOS y EXITO en todo lo que emprendan".

23 ago. 2013

Tip 19: Un buen final

En la manicuría, la conversación giraba en torno a los preparativos por la llegada de las Altas Fiestas en Israel.  Pero Violeta no participaba de la discusión:  pintaba mis uñas demasiado concentrada y sin alternar con las otras clientas, que intercambiaban recetas del delicioso "guefilte fish" que suele servirse en la tradicional mesa del año nuevo judío.

-La fórmula secreta de Violeta es imbatible- la estimulé para que revele y participe.

-No le hagan caso- esquivó.  Hago un pescado relleno como cualquiera, sin mayor mérito...
Y se sumergió en su rol de manicura con sospechosa obsesión, sin levantar la vista de mis dedos y acicalándolos como si fuera lo último que iría a hacer en este mundo.

Dejé de escuchar las voces a mi alrededor... ¿qué pasaba con mi querida vecina que -año tras año para esta fecha- derrochaba esperanza, alegría y el espíritu de los nuevos comienzos?

Parece que sintió mi mirada inquisidora sobre su frente gacha, porque de pronto, levantó sus párpados cansados y confesó con resignación, en un directo, íntimo y grosero lunfardo porteño:

-El año termina para el carajo, flaca.  Mi hija se divorcia, mis nietitos lloran sin entender que pasa y mi negro, el Marcos... nunca tuvo tantos problemas de salud.  La "receta" para la noche de Rosh Hashaná será estar con él en un hospital y consolar a mi hija, porque los chicos festejarán con la familia del padre... 

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En la vida real hay imponderables:  a veces, somos atravesados por situaciones que no elegimos y que terminan como nunca hubiéramos deseado.

Pero en los cuentos y películas que creamos, en las obras de teatro y novelas que surgen de nuestra imaginación... somos los dueños y señores de la "última palabra".  En nuestra cabecita creativo-literaria está la clave y la voluntad del destino de cada uno de los personajes. ¡Qué omnipotencia y felicidad!  En mi historia puedo ganarle a un cáncer,  salvar a un niño de un incendio devastador, hacer chocar los planetas justo en una era de paz o decidir que una peste desconocida diezme la población de la Tierra.

Cuando nos enfrentamos a la angustia de no encontrar "un buen final" para el cuento o la historia que estamos escribiendo, pongámonos en la piel de cada personaje y juguemos con todas las opciones posibles...  ¿La mujer se va y el hombre se queda?  ¿O seguirán juntos?  ¿O es el hombre el que se va y la mujer se queda? ¿O uno de ellos -de golpe- muere de un síncope? ¿O algo externo define el futuro de ambos?  Cuando escribimos somos todopoderosos y vale la pena aprovecharlo,  intentando SORPRENDER al lector-expectador y buscando no escribir finales OBVIOS o PREVISIBLES.

Cuando por primera vez vi en el cine la película Thelma y Louise, nunca imaginé que el autor del guión resolvería la situación frente al Cañón del Colorado, tal como lo hizo.  Es un buen ejercicio pensar otros finales posibles que presenta la historia, desde el momento en que las entrañables protagonistas se ven acorraladas por aire y tierra por la policía de la costa oeste.

Y vos, autor... ¿te animás a hacer "click" en comentarios y regalar al blog una narración propia o no, cuyo final te conmueva?

14 ago. 2013

Tip 18: Sensibilidad

A la mañana temprano me encontré con Violeta en el almacén, antes que empiece la jornada laboral.

-Ayer me acosté tardísimo- le comenté- ¿no fuiste a ver la lluvia de meteoros?

Me miró por encima de los lentes.

-Si hay algo que NO me interesa en esta vida, es ver una lluvia de meteoros -afirmó con su habitual tono práctico que a mi me parecía patético.   Y  agregó, sin ahorrar su cuota de ironía siempre al límite con lo hiriente:  -Hay gente que puede elegir acostarse tarde y levantarse a cualquier hora, mirar estrellas de noche y el mar de Tel Aviv durante el día. Yo prefiero ver la manicuría llena de clientas y de paso... "llegar a fin de mes".

Percibí que Itzhik el almacenero -otro especimen feliz de amanecer y anochecer mirando la misma estantería con latas de su mini-market-  ahogó una sonrisa de aprobación y desvió pronto la mirada hacia la caja registradora.

Evalué repuestas posibles, desde el ofuscamiento a la condescendencia y al final, opté por bromear con esa mujeraza hosca por fuera y rocío de miel adentro, tratando de correrla un poco de su realismo absoluto.

-Violeta... te gustaría ver una estrella fugaz con cola de fuego como un cometa -provoqué-. Yo vi una ayer en medio de un firmamento negro de lunares brillantes y alcancé a pedirle todo lo que una mujer al filo de los cincuenta puede desear...  ¿qué tiene de malo dejarse embriagar por un espectáculo natural?   Ser feliz con una puesta de sol, el aleteo de una mariposa, con olas rompiendo contra las rocas o el borracho perfume de un jazmín en flor?

Itzhik y Violeta intercambiaron miraditas y sonrisas burlonas.

Pagué rápido y antes de salir,  me despedí prometiendo algo para mí maravilloso, pero que a Violeta le sonó como una amenaza:

-Cuando anuncien la próxima lluvia de meteoros no habrá excusa: te voy a llevar con nosotros.

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La tersura sutil de un pétalo nuevo o el filo erguido de una espina...
El tizne tenebroso de un bosque al caer la tarde o la claridad de ángel de la mañana temprana, no pasan desapercibidos para la capacidad de asombro infantil que tiene un autor.

El escritor, es un ser mas sensible y permeable a ser modificado por cuestiones que para otros, pasan desapercibidas.

Copio a continuación el ejemplo de unas gotas de agua insignificantes, que acapararon la atención del escritor  Julio Cortazar, quien les dedicó estas palabras:

"...Llueve todo el tiempo. Ahora aparece una gotita en lo alto del marco de la ventana; se queda temblequeando contra el cielo que la triza en mil brillos apagados, va creciendo y se tambalea, ya va a caer y no se cae, todavía no se cae. Está prendida con todas las uñas, no quiere caerse y se la ve que se agarra con los dientes, mientras le crece la barriga; ya es una gotaza que cuelga majestuosa, y de pronto zup, ahí va, plaf, deshecha, nada, una viscosidad en el mármol.

Pero las hay que se suicidan y se entregan enseguida, brotan en el marco y ahí mismo se tiran; me parece ver la vibración del salto, sus piernitas desprendiéndose y el grito que las emborracha en esa nada del caer y aniquilarse. Tristes gotas, redondas inocentes gotas. Adiós gotas. Adiós".

Y vos, autor...  te animas a hacer "click" en comentarios y regalar al blog una descripción "cortazariana" de algún  evento natural que te conmovió?

11 ago. 2013

Tip 17: La fuerza dramática de una despedida

Cuando estacioné, vi que Violeta estaba cerrando la manicuría.   Bajé del auto apurada y la intercepté.

-Ey... mi turno es en quince minutos ¿ya te vas?

Se tomó la frente indicando que se había olvidado de cancelarme.

-Disculpame, tengo que ir al aeropuerto.   "Despedidas"... -tituló con expresión desolada y bajó la vista mordiéndose el labio inferior.  No tuvo que agregar nada más.

-Andá, andá... no te preocupes.  Después te llamo y combinamos otro momento.

Se dio vuelta rápido, con alivio y agradecimiento.  Y mientras se alejaba, noté que se secaba con el dorso de la mano un lagrimón.

Me quedé parada en la vereda, pensando en mi querida vecina que había llegado hace cuarenta años al país y en mi misma, que arribé hace sólo cuatro.  Los que emigramos, conocemos esa sensación de espinita que se clava en el corazón cuando nos despedimos de un ser querido.  Nos acostumbrarnos a transitar por la vida sabiendo que "no están a la vuelta de la esquina" ni
"al alcance de la mano", pero que están en alguna parte, por suerte.

Los aeropuertos son una increíble fuente de inspiración para mi, como escritora.  Pero trato de esquivar el área "Departures" y me deleita encontrar un rincón estratégico en la sección "Arribos".  

Observar los reencuentros, la contraparte feliz de la distancia, es un hábito que aprendí a ejercitar para paliar la ansiedad mientras espero a mi gente de Buenos Aires, cuando viene de visita.

Embelesada, miro los abrazos prolongados, las caricias, escucho los gritos de pura felicidad, las palabras de bienvenida.   Veo las lágrimas de emoción, los dedos que palpan, el beso húmedo y prolongado.  Percibo el alivio, la gracia de volver a sentir la presencia física de un ser amado...

Adoro los reencuentros, imaginar la historia detrás de dos seres que ríen, se miran incrédulos y se funden en un abrazo que no necesita palabras en el hall de arribos.

De pronto,  pienso en el deseo que genera la falta, en las renovadas ganas, en el diálogo que fluye con nuevos bríos, en la necesidad  y el apremio que generan las ausencias.

Percibo intensidades desconocidas para aquellos que no saben de añoranzas...  no está tan mal. Siento ganas de saber: ¿por qué estuvieron lejos?  ¿cuánto tiempo? ¿a cuántos kilómetros? ¿volverán a separarse o nunca más en la vida?   ¡Qué manantial  de inspiración para un escritor! Cada reencuentro que presencio, podría ser el final o el comienzo de un cuento...

Y ustedes, autores... ¿no creen que "despedidas" o "ausencia temporaria" es un tema-motor, disparador de una historia?  ¿Quién hace "click" en comentarios y aporta al blog una narración al respecto?

31 jul. 2013

Tip 16: Aprovechar tiempos muertos y esperas

-A  la mañana fui al dentista y tuve que esperar una hora y media- contó Violeta mientras pintaba prolijamente de rojo mis uñas de los pies, una tarde agobiante de verano que invitaba únicamente a andar en ojotas o sandalias.  

Ese espacio refrigerado de relax  y "mimo personal" en el local de mi amiga-manicura facilitaba la conversación.  Los temas triviales se sucedían con parsimonia y sin apuro, hasta que de pronto, algún comentario se imponía y cobraba repentina importancia universal, generando un intercambio vehemente entre nosotras, parecido a una discusión filosófica. 

Fue el caso del tema "espera en el consultorio del dentista".

-Qué pérdida de tiempo- siguió quejándose Violeta-  ¿para qué cita a tantos pacientes juntos?  ¿Yo te hice esperar alguna vez más de quince minutos?  ¡Es una falta de respeto!  ¿Qué podés hacer durante una hora y media, junto a otros ocho con muelas doloridas que resoplan de fastidio?

-Mirar sus rostros -contesté-.   Leerlos como si fueran un libro abierto. Adivinar sus angustias y apremios, descifrar a través de las arrugas en las comisuras de sus labios, si han pasado una noche de felicidad o de espanto.  Observar sus párpados cansados y "traducir" ese cansancio, descubrir si es resignación o esconde la satisfacción que se siente después de haber logrado una meta difícil -expliqué-.  No es tanto tiempo esperar una hora y media...  el tiempo es relativo.

Violeta me miró sin paciencia.  Sonreí.  Yo podía haber asentido y eso hubiera acompañado su desahogo: uno se da cuenta cuando el interlocutor "tira la bronca" sólo para descargarse y desea escuchar simplemente un "tenés razón, qué bajón esperar tanto tiempo..."  Sin embargo solté esa pequeña provocación, esperando su reacción con cierto deleite.

-¡¿Qué relativo?! -saltó como aceite hirviendo-.  Tenía que hacer las compras para la cena de Shabat y no pude, mañana vienen mis cuatro nietos! ¿Cuándo voy a hacerlo?  Tengo agendadas clientas toda la tarde por el tema del  "Día de los Enamorados"... incluída VOS misma -recalcó-  ¿de qué relatividad me hablás? -siguió despotricando- Ustedes los escritores... acostumbrados a quedarse pensando y a vivir en las nubes, nunca tienen apuro y pueden quedarse "observando rostros"  -remedó- pero la gente común y corriente y práctica como yo ... 

La frase quedó flotando en el aire.  Violeta dió por terminada su tarea y puso punto final a la discusión indicándome con un ademán que estaba apurada y que le deje el lugar a la próxima clienta.
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Y ustedes, autores?  Se animan a hacer "click" en comentarios y aportar al blog la descripción de un rostro, situación o panorama que hayan observado con detenimiento aprovechando una espera?  Como haría un buen escritor,  que se precie de serlo...

26 jul. 2013

Tip 15: Matices de los Personajes

-Apurate y decidí el color de una vez! -el tono de Violeta sonó inusualmente ofuscado, pero no me molestó.  Me preocupó.

La miré interrogante e hice ademán de irme.  Era la tercera vez que me había levantado la voz.

-Dejá, vuelvo en otro momento- anuncié.   Yo vengo a la manicuría mas que nada para tener un espacio de relax,  si estás tan nerviosa...

Levantó rápido sus ojos verdes y noté que estaban húmedos.

-Disculpame... quedate, por favor -casi rogó-  Estoy sobrepasada.

Volví a sentarme, despacio.  Elegí un esmalte de color gris, opaco, porque se me contagió su ánimo lejano al  púrpura o a los rosados infantiles.  Y esperé la confesión.

En general, Violeta escuchaba a sus clientas mientras les hacía las manos, levantando la vista de su trabajo una o dos veces en el lapso de 30 minutos que duraba la sesión e intercalando comentarios adecuados, atinados, desde su propia experiencia de vida.

Pero esta vez, ella contó:  sus palabras fluyeron como una catarsis.

-Mi mamá está grande... vendimos su casa y va a entrar a un Hogar de Ancianos, pero solo habrá lugar allí dentro de unos meses.  En tanto, vino a vivir con nosotros y...

Su pulsó tembló.  El esmalte gris manchó parte de la yema de mi anular.  Violeta tomó enseguida el frasquito de acetona y lo sacudió con fuerza. Mojó un algodón que se empapó demasiado y  chorreó. Ese pequeño inconveniente hizo que sus ojos se humedecieran de vuelta y detonó la estampida de palabras:

-No puedo más.  Me siento exigida, observada... es decir -aclaró en seguida- quiero muchísimo a mi madre, pero esta convivencia me está matando, no puedo lidiar con sus pequeñas mañas, ni con sus quisquillocidades, ni con sus rituales que para mi no tienen sentido, ni escuchar la lista de los remedios que toma, ni sus chancletas chillonas, ni ir limpiando las miguitas que deja por todos lados porque NO VE, ni repetir en voz alta cinco veces las frases porque NO ESCUCHA... (pausa, busca la expresión casi con desesperación)   Está destrozando mi nido de paz con Marcos... (me mira fijo de pronto)... ¡me odio por sentir que deseo que se vaya ¿entendés?! ¡Amanezco pensando si murió algún viejo para que le dejen lugar en el Hogar y salga de mi casa!...  ¿Soy una mala persona yo, te parece?

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De las ambiguedades y matices grises de los seres humanos, se alimenta el escritor.

La tarea difícil, el desafío, es intentar describir los instantes de duda de un personaje, su toque de incorrección, las flaquezas, el momento en que pone en juego sus certezas, se confunde, quiere tirar su vida por la borda y tal vez empezar de nuevo.   

Si el escritor se mete de nariz, profundiza dentro de esas sutilezas que lo enfrentan a veces
-con duda y culpas como Violeta- a sus pilares morales, de allí surgirá el CONFLICTO, motor de la historia.

A ver, autores... ¿quién ilustra con algún ejemplo haciendo "click" en comentarios?

17 jul. 2013

Tip 14: Desde el dolor o la destrucción

Como había unas cuatro clientas esperando en la manicuría, entonces ni me detuve:

-Vengo mañana, Violeta! -grité a través de su vitrina, al mejor estilo "vecina de barrio" y me encaminé directo hacia el umbral de mi planta baja .  En general, ella levantaba la vista de las uñas que estaba pintando y asentía levemente con una sonrisa tenue.  Pero esta vez, me sorprendió con un  tono cortante y firme:  "Mañana cerrado" -informó.  Retrocedí unos pasos y entreabrí la puerta de su local metiendo solo mi cabeza adentro, que enseguida percibió el olor tan típico de la acetona:  -¿Qué pasó, por qué no abrís?
-9 de Av- anunció- y sentí que los cuatro pares de ojos de las clientas me miraron como si fuera una ignorante.
En Israel y en el mundo, para el Pueblo Judío, el día 9 del mes de Av (según el calendario hebreo) es una fecha terrible y trágica.  Por una suerte de coincidencia macabra, en esa fecha fue destruído el gran Templo de Jerusalen  tanto la primera como la segunda vez.   Ese día nefasto que cae en general a mediados del mes de Julio del calendario gregoriano, es una especie de "tabú" en Israel.  
Y las clientas  de Violeta, no perdieron ocasión de soltarme en cotorreo simultáneo, sus consejos inevitables: 
-Un 9 de Av no te cases ni te embarques...
-¡Ni  se te ocurra mandar a los chicos a la pileta o al mar!
-¡No firmes contratos!
-No estrenes auto, no te mudes, ni te operes...
-Yo no embellezco a nadie un 9 de Av- puntualizó Violeta.

Caminé los escasos veinte metros que me separaban de mi casa cabizbaja, mirando mis uñas que lucían tan desprolijas con ese esmalte saltado que debería esperar.  Y me quedé pensando en destrucciones. 

En lo que se nos rompe, en lo que nos arrancan.  En muertes, accidentes y divorcios, en lo que se nos trunca.  Se me vinieron a la mente todas las faltas,  todas las garras y amenazas.  Imaginé lo que se incendia y lo que se profana.  Vi el Templo herido,  lo vi  reconstruído  y luego  -desde la cima de esa ilusión- lo vi caer otra vez, irremediable y cíclicamente. 

No podía dejar de pensar en destrucciones, en lo que nos frena, nos carcome y nos golpea.

Y cuando sentí que todo o casi todo está perdido, desde ese lugar, desde esa desazón y ese dolor, me senté a escribir.  Encadenando letras y palabras, pensando en aquello que dejamos por escrito... vi  papelitos atiborrados de deseos.  Vi los  pedidos con letras enrevesadas  en las rendijas del "Kotel", esa pared que protegía al Templo, devenida hoy en Muro Occidental o "de los Lamentos".
Pude ver que algo -en definitiva- siempre queda: vi  lo que permanece.  Y entonces,  por fin... dejé de pensar en destrucciones.

Autores  ¿se animan a hacer click en comentarios y compartir algo escrito desde el dolor?
Nos guste o no, el dolor es una de las fuentes de inspiración y casi el motor principal de toda creación artística, musical o literaria.  Me encantará leer vuestros aportes!


13 jul. 2013

Tip 13: El desencadenante

No me gustó.  Y no sabía como decírselo.   
Mientras Violeta frotaba mis uñas con un algodoncito quitando con estudiada dedicación el esmalte de la semana anterior- yo me preparaba para afrontar la re-pregunta, que llegaría en cualquier momento.  Mi manicura no se conformaría con el comentario ligero que solté al entrar, cuando la vi: -Estás muy distinta... me tengo que acostumbrar.

Violeta llevaba su pelo entrecano recogido, dejando caer un rizo rebelde sobre la frente,  que apartaba con el dorso de la mano varias veces durante la sesión de manicuría.  Ese gesto sencillo era su toque de distinción.  Yo espiaba a través de ese tirabuzón de matices grises, observando sus párpados de arrugas coherentes que sólo se elevaban al finalizar la tarea.

En cambio hoy,  el pelo de Violeta lucía hombrunamente corto, al dictado de la moda, teñido de color rojizo-bordó.   Su frente se me antojó inmensa y despojada, desconocida.  Sus párpados expuestos me incomodaron.  Y cuando terminó de pintarme las uñas de la mano izquierda, no tuve escapatoria. 
-¿Te gusta o no?- inquirió  sin poder disimular que necesitaba mi aprobación.

Sentí el impulso de decir la verdad:  -Parecés un fósforo, Violeta...  

Pero enseguida, cubrí mi intención de ser franca con una máscara de sentido común y elegí una respuesta no tan cierta pero que la dejaría mas feliz:
-Es moderno...  siempre viene bien una renovación y un cambio. 

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A veces, los escritores construyen personajes fascinantes en las historias que están escribiendo, pero no logran desatar el conflicto. 

Una de las formas que sugiero es que el autor "quite la máscara" a uno de los personajes y le haga decir una verdad en forma directa y absoluta, con franqueza y sin tapujos.  En general, recibir "una verdad" sin anestesia, enfurece, enoja, desata malestar y como consecuencia el conflicto.

Tomemos como ejemplo un matrimonio hace tiempo desamorado donde el marido es adúltero y la esposa cierra los ojos ante esa situación.  Ambos afrontan su cotidianeidad fingiendo con delicadeza:  el marido llega cada tarde del trabajo con una flor y dice a su mujer:  "Hola querida, hoy tuve un buen día... ¿y tú?".  Ella agradece la flor y cuenta algunas trivialidades. Y así durante años.  Si el autor no le "quita la máscara" a alguno de estos personajes, el conflicto no se desatará nunca.  Pero si una tarde el marido llega y simplemente dice:  "Hola querida, hoy estuve toda la tarde con la mujer que en verdad amo", es ahí donde empieza la historia:  ¿cómo reaccionará la mujer? ¿cuál será el desenlace?

Autores... ¿Se animan a hacer "click" en comentarios, describir dos personajes dentro de una rutina determinada y de pronto "quitar la máscara" a uno de los dos (o a ambos)  para que se desate el conflicto que está latente?

3 jul. 2013

Tip 12: Evolución de los Personajes

La clienta que estaba atendiendo Violeta se veía muy elegante y mientras yo esperaba mi turno en la manicuría, comencé el juego inevitable de adivinarla, de construir su vida según el dictado caprichoso de mi imaginación.

Se me antojó una mujer mundana de cuarenta y tantos, con una vida armada casi perfecta pero en el límite de lo sofocante.  

Mientras Violeta le limaba las uñas, la mujer eligió un esmalte plateado y pidió que -sobre esa base color metal-  la manicura delinee una pequeña rosa naranja en el extremo superior izquierdo de cada uña.

Tal extravagancia, le llevó a Violeta media hora mas de lo previsto.

Y cuando por fin me tocó sentarme en el banquito  frente a ella, me clavó su mirada de oliva madura, dibujó una media sonrisa llena de complicidad y señalando a la esbelta dama que se
alejaba con aires de nobleza, introdujo intrigante, como si fuera una Sheherezada del barrio:

-Cuando la conocí, ésta era una chiruza cualquiera.  Y mirala ahora...

....................................................................................
Si creamos un personaje que al nacer es "una chiruza" y con el correr de nuestro cuento-obra teatral-novela-película se convierte, por ejemplo, en una elegante mujer de negocios, decimos que ese personaje "evolucionó".

Si un  padre de familia respetable se deja dominar por el alcohol y lo va echando todo a perder, también decimos que "evoluciona".  Eso significa que CAMBIA: algo le sucede y no se mantiene estable a lo largo de nuestra historia, busca alternativas, duda, se equivoca, vuelve a empezar, prueba.   

Los personajes deben evolucionar en las ficciones.  Para bien o para mal, son atravesados por situaciones de conflicto que los perturban y tal vez al comienzo no reaccionen, pero con el devenir de los párrafos o las escenas DEBERÁN HACERLO.  Sino, el lector-espectador comenzará a aburrirse, no se sentirá atrapado por la historia, ni se identificará con un personaje que es estático a lo largo de la trama.

El personaje de Shoshaná en la película "Bastardos sin Gloria" de Tarantino, es una adolescente
hija de productores lácteos en la campiña francesa, que se transforma en una vengadora implacable de los nazis.  (Importante:  cuando un personaje "muta", debe estar muy bien justificado).


-Ey, ey! -Violeta me trajo a la realidad sacudiendo frente a mis narices un frasquito de esmalte índigo suave- ¿te interesa saber cómo la fulana se volvió una pituca de la noche a la mañana o no?  ¿En qué te quedaste pensando?

Y ustedes, autores, una de dos:
-¿Quién aporta el ejemplo de un personaje que "evoluciona" a lo largo de una trama?
-O mejor aún... ¿quién hace "click" en comentarios y regala al blog un cuento propio donde un personaje evolucione?

27 jun. 2013

Tip 11: ¿Por qué y pará qué escribo?

Violeta terminó de pintarme las uñas de la mano izquierda sin decir palabra.  

Su absoluto silencio era una sospechosa señal, que podía significar sólo dos cosas:  o sus preocupaciones la abrumaban tanto que ganaban la batalla a su locuacidad habitual, o quería preguntarme algo "políticamente incorrecto" y se debatía internamente buscando la mejor forma de hacerlo.

Recién cuando iba pintando el anular de mi mano derecha, me clavó sus ojos de águila de la vida y se atrevió:

-Si con tu profesión no ganás un peso... -introdujo antes de dar la estocada- ¿Entonces para qué escribís?

Al llegar, yo le había pedido que esta vez me pinte las uñas con un esmalte transparente y había explicado como al pasar, el desatino de un color tan aburrido:

-Voy a  una entrevista laboral en un vivero, a ver si me contratan de encargada.  Otra vez a lidiar con poda de rosas y plantar maceteros con petunias -confesé-.   Unas manos demasiado cuidadas llamarían la atención y necesito que me den el trabajo, de algo tengo que vivir.  Así
que hoy, nada de rojo pasión o coral de última moda: poneme un brillito incoloro cualquiera
como para estar prolija y a otra cosa.

Después de ese comentario mío, Violeta permaneció en silencio.  Y su pregunta ahora, era un disparo directo a mi esencia autoral, un cuestionamiento genuino que yo también solía formularme: ¿para qué escribo, para quién, por qué?

-Lo que dejamos asentado por escrito es lo que permanece, Violeta.  Tiene la contundencia de aquello que trasciende y no es efímero.

-Pará, pará -me frenó.  Así no entiendo una palabra...

-Te doy un ejemplo:  supongamos que un hombre romántico le dice cada mañana a su mujer "Hoy amanecí  y celebro que te amo".  Es conmovedor,  pero en veinte años, nadie se acordará de ello.  En cambio, yo conocí a un señor que dejaba cartelitos con frases de ese estilo a su amada, pegados en el espejo del baño, en la heladera, en el volante del auto, en la taza de café con leche...
Su mujer, atesoró esas brevísimas notas (que indicaban también la fecha y la ciudad en donde fueron escritas) y  las guardó en una caja de metal que hoy, es una reliquia para la familia y permite reconstruir la historia de amor entre los abuelos.  Sólo porque "está escrito".

Escribir, a  veces, es también un grito, una denuncia, un impulso.  Es volcar en el papel nuestros miedos, deseos y fantasías.  Es un acto creativo por excelencia:  de la nada, de la combinación musical  y perfecta de un montón de palabras sueltas, crear una frase que conmueva, que deje pensando, que plantee algo puntual  y tal vez esconda un canto universal. 

Cuando mi hijo pequeño me pregunta:  -"Mamá... ¿podemos volar?"  yo le contesto que hay dos lugares en los que SI podemos: en los SUEÑOS y en los CUENTOS.   Y enseguida le invento una historia donde un niño, efectivamente, puede volar o respirar bajo el agua, o recorrer las galaxias o...

-Ya  entendí, Andrea,  ya "entendimos".  Nos quedó clarísimo a TODAS-.  Violeta señaló impaciente a las tres clientas que esperaban que me levante del banquito y pague mi cuenta de una vez, para poder hacerse las manos.

Y vos autor... te animas a hacer "click" en comentarios y regalarnos tu respuesta:  
¿por qué, para qué, para quién escribís? 

22 jun. 2013

Tip 10: Un buen conflicto

En el mismo momento que estacioné, empecé a escuchar los gritos:  voces ofuscadas que provenían de la manicuría de mi vecina Violeta, que quedaba a pocos metros de mi casa, en la ciudad de Ramat Gan.

No pude evitar ir a curiosear y me encontré con un cuadro donde una joven clienta  (pronto supe que se  llamaba Yael y estaba a punto de casarse) había elegido para el día de la boda, pintarse las uñas ni mas ni menos que de color amarillo y negro:  una amarilla y una negra, otra de nuevo amarilla y la siguiente negra... así quería que Violeta alternara los colores en sus manos, a la hora de lucir el vestido blanco.

Su madre y su inminente suegra, que la habían acompañado soñando con un tenue rosa perlado para la ocasión o con el color llamado "vía láctea" que da a las uñas la apariencia de perlas o estrellas, pusieron el grito en el cielo oponiéndose a capa y espada.   Y, como suele suceder en Israel, todas las damas presentes tenían una opinión para emitir y ninguna estaba dispuesta a callarse.

La empleada árabe que depilaba, indicó que un dorado suave sería mejor que el amarillo y no enfadaría a nadie.

Una señora mayor que esperaba que sus uñas pintadas de rojo se secaran,  miraba sus dedos largos y hermosos a pesar de la edad y alegaba que no había elegancia mayor que el púrpura en las manos de una mujer.

La mamá y la futura suegra de Yael,  sostenían con énfasis y a los gritos,  que el amarillo es el color de la envidia y que ese sentimiento -justamente- hay que tratar de alejarlo siempre y con mas razón- el día que se sube al altar.

Y la mismísima Violeta comentó en hebreo a la confundida novia que, si las pintaba con amarillo y negro, sus uñas lucirían como los taxis de la ciudad de Buenos Aires en Argentina, su país de origen.

Apenas asomé mi nariz al umbral del local de belleza y pregunté qué estaba pasando, todas -menos
la azorada Yael- hablaron al unísono tratando de imponer sus propias razones y al final, se hizo una suerte de brecha menos ruidosa y pidieron por fin mi opinión.   Entonces, como no sabía bien qué decir, vacilante, me dirigí a la novia:

-¿Y por qué elegiste esos colores?

El grupo esperó la respuesta, expectante.

-Son los del Betar Ierushalaim... su equipo de fútbol -dijo a punto de romper en llanto-.  
Quería darle una sorpresa.

Un silencio culpógeno e incómodo se instaló en el local, hasta que Violeta lo rompió abriendo ruidosamente el cajoncito donde guardaba sus mil y un esmaltes de Sherezada y eligió expeditiva
(sin que nadie diga ni "mu") un frasquito amarillo... y otro negro.

Tal como sucedió esa polémica tarde en la manicuría, en todo cuento, obra de teatro o película, 
los autores necesitamos un CONFLICTO. 

En mis Talleres surge reiteradas veces la inquietud:  ¿Cómo hacer para crear o inventar un buen conflicto?  

Una forma posible es la siguiente:  cuando uno de los personajes toma una determinación y alguien (padres, novia, maestro, cura, policía, etc) o  algo (una institución, la sociedad, la ley, una religión) intenta  impedir que lleve a cabo lo que se propuso.  Esa es una situación de conflicto básica. 

El CONFLICTO es el  alma mater de nuestra historia:  si nada sucede... ¿a quién le interesará saber qué pasó?  En próximas entradas iremos analizando situaciones de conflicto más complejas.

En tanto... ¿quién se anima a describir una situación de conflicto puntual y cotidiana, como la que atravesó Yael, donde un personaje decide hacer algo y otros tratan de impedírselo?

20 jun. 2013

Tip 9: ¿Cómo se va a llamar?

-Violeta... ¿no podías ponerle otro nombre?

-¿A quién?

-A tu negocio.  ¿Te parece que "Ana Frank" es un nombre adecuado para un local de belleza?   ¿Qué relación hay entre el calvario que atravesó esa pequeña  y una clienta que piensa, frívolamente,
si el color de esmalte de las uñas de sus pies combina con las sandalias?

Me miró sin paciencia, por encima de los lentes, como hacía siempre que yo daba el puntapié para trocar una cuestión sencilla y de poca monta, en un asunto digno de ser analizado con minuciosidad. Sus expresivos ojos verdes me advirtieron que el tema terminaría pronto.  Y apartando con el dorso de su mano el simpático rizo entrecano de un pelo que se empeñó en no teñir,  respondió sin titubear:

-La chiquita fue valiente y admirable.  Y la calle donde estamos se llama Ana Frank.   Pensé que eso ayudaría a las clientas a acordarse donde está ubicada la manicuría.  Por último... me pareció un buen homenaje.  ¿Algún problema? -puntualizó  defensiva-.

-Si -contesté-.  Un buen nombre o título, debe elegirse con cuidado, no en forma ligera.

El nombre que elegimos para un personaje puede indicar mucho acerca de él y ayudar al lector 
a visualizarlo  mejor.  No es lo mismo ponerle a la heroína de nuestro relato "Li" o nombrarla "Ruth". O por ejemplo, si contamos una historia que transcurre en Buenos Aires y el protagonista se llama Vittorio, eso estará indicando algo sobre él, en relación a sus ancestros.

Asimismo,  es recomendable  dedicar un buen TIEMPO a la búsqueda del título de nuestros cuentos, novelas u obras teatrales.

Si bien hay títulos maravillosos que son MUY largos  como
"Acerca de lo que piensan las madres mientras esperan que sus hijos mineros salgan a la superficie" (Daniel Veronese)  o "La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada" (García Marquez)  conviene que su extensión no exceda las cuatro palabras.

El título debe generar intriga, interés y ganas de abordar un texto.  Debe tener fuerza, música, contundencia y además...

-"Betty la fea", ese título me gustó a mí!  -exclamó Violeta de pronto, mientras me daba el vuelto y yo trataba de guardarlo en la cartera sin que se me corriera el esmalte fresco.- ¡Qué flor de telenovela, esa!  O "Cosecharás tu Siembra"... ¿qué fuerza tiene, no?

-No mas fuerza que "¿Por quién doblan las campanas?" , "Lo que el viento se llevó" o "Matar a 
un Ruiseñor" -alcancé a decir antes de poner un pie en la vereda.  Y me fui caminando en una nube nostálgica,  recordando títulos inolvidables de historias memorables.

A ver, autores... ¿quién hace "click" en comentarios y aporta al blog un título propio o de la literatura universal que lo conmueva?

18 jun. 2013

Tip 8: Qué quiere el lector

-¿Y si escribo una historia de amor... la leerías?

Violeta levantó la vista de las uñas que me pintaba prolijamente de color marfil y al instante percibí que se involucraría con verdaderas ganas en la conversación.  El brillo en sus ojos y la sonrisa que floreció en su rostro surcado de vivencias atenuadas por el botox, indicaron que había dado en el blanco de su interés.

-Las historias de amor son las únicas que me interesan.  No me vengas con guerras, cuentos políticos,  asuntos con jueces, abogados o psicología complicada- dijo sin disimular que hacía clara referencia a mi persona.

Y siguió:  a mí dame una buena historia  de amor con mucha pasión, celos, desengaños y un galán que parezca un adonis... y yo leo lo que quieras.  O mejor dicho -se apuró a agregar ANTES que le saque un volumen de cien páginas y la obligue a ser  coherente con sus propias palabras- prefiero VER eso mismo en una telenovela, sentada con una limonada fresca  al fin del día en mi living de Ramat Gan,  cuando todo es silencio y mi "gordo" duerme el cansancio del día.

-Yo también escribo esas cosas - dije al pasar.

-¡¿Una telenovela?! -exclamó y percibí un suspiro de admiración en su tono.  Pero enseguida, como siempre, su desconfianza:  ¿Y dónde está, por qué no la pasan por televisión?

-Está en una instancia que se llama "proceso de producción",  una suerte de nebulosa en donde entra un proyecto y nunca sabes cómo y cuándo -con suerte- se llevará a cabo,  pero eso es otra historia...  ¡Algún día la verás!  Yo también creo en las historias de amor.

Mi querida amiga y manicura Violeta, no es muy original en sus preferencias.  Las historias de amor atrapan y seducen por igual en todas las latitudes, a gente de todos los credos y clases sociales, sin importar la época o el nivel cultural.  

Desde Lo que el Viento se Llevó hasta El Amor en los Tiempos del Cólera, desde Cumbres Borrascosas a Los Enamoramientos de Javier Marías, el desatino de la pasión y el revuelo del amor desesperado,  alimentaron por generaciones la imaginación de lectores y espectadores del mundo entero.

Y vos, autor...  estoy segura que tenés "una de amor" para contar!  Una poesía o una carta, un cuento corto o una canción, unos versos sueltos o párrafos propios de coraje enamorado...
¿quién hace "click" en comentarios y regala al público virtual "una de amor"?



16 jun. 2013

Tip 7: Osadía o "Quiero escribir una fantasía erótica"

-¿Preferís un color crema suave?  O este bordó  claro, mirá  que modernoso...

Mientras  mi querida vecina y manicura me mostraba los colores de esmalte de la nueva colección,
la sorprendí con una pregunta que la turbó:

-Violeta... ¿vos tenés fantasías eróticas?

Me miró con fastidio.
-¿Siempre lo mismo, che?  ¿No puedo hablar con vos de temas "normales"?  Siempre la cosa rebuscada, la filosofía, los cuestionamientos... ¡y ahora venís con ésto!

-No me contestaste.

-Y vos tampoco:  ¿el color crema o el bordó?

Le pedí el color que me recordaba la deliciosa uva chinche y cuando se calmó un poco,
le conté que en uno de mis Talleres, una señora elegante confesó a todos con sinceridad y desparpajo:

"Quiero escribir una fantasía erótica... pero me da verguenza que la lean mis nietos" 

¿Qué hacer cuando sentimos necesidad o ganas de escribir alguna cuestión que se aleja de lo "políticamente correcto"?

Si en una novela o cuento es imperioso que describamos el placer que siente un asesino serial al descuartizar a su víctima o la mirada libidinosa de un pedófilo al  observar con lentitud estudiada fotos de niños desnudos...  siempre tendremos la sensación de que algún familiar pensará:  "todas esas cuestiones turbias salieron de la retorcida cabeza de mi pariente escritor"

-¡Y con razón! -acotó Violeta, dando la última pincelada a la uña de mi meñique izquierdo y mirando mis manos como a una obra de arte-  ¿a quién se le ocurriría andar ventilando esas cosas?

-Un escritor a veces debe ser osado, Violeta.  

Es una voz que grita lo que otros callan y un espejo que refleja los sentimientos oscuros que otros prefieren tapar.  

Ana Frank por ejemplo, en su Diario,  relató con crudeza y osadía los intrincados rencores de su núcleo familiar bajo el yugo del encierro forzado.  Y Gustave Flaubert en Madame Bovary enfrentó a todo el establishment de una época, encarnando sus propios pensamientos en la piel de una adúltera.

A ver, autores...  ¿quién aporta otros ejemplos de osadía en la literatura universal?

14 jun. 2013

Tip 6: La imaginación como timón

-¿Para qué imaginar tanto,  no  tenés  bastante con la realidad?   Con lo que escucho acá en la manicuría,  te puedo dar material para varias telenovelas…  ¿para qué andar inventando si la vida misma te ofrece las historias?

-Para hacerlas  aún  mas  apasionantes,  mentís un poquito,  las adornás con la imaginación ¿qué tiene de malo?   No te remitís a contar exactamente lo que viste o escuchaste,  sino  que  agregás  o  quitás  
a  piaccere,  para eso sos  escritor  -le explico, sin lograr que levante la vista de las uñas que me está pintando-.

Un reloj,  para todo el mundo  es en general redondo o cuadrado.  Pero  los relojes de  Salvador Dalí, por ejemplo,  adoptan formas de amebas rebeldes, dejan de ser  estáticos y cobran el movimiento  que tiene  una prenda que cuelga de una silla o una rama.
  
Un verdadero  creador  no solo observa, escucha y reproduce una copia exacta de lo que oye 
o ve.   El autor de una obra de arte  atraviesa la realidad  y va mas  allá de ella  sin miedo a la burla o  al ridículo y  la  adorna  con toques  propios  de  imaginación y creatividad.

-¿Quiere decir que si una clienta me cuenta que tiene una madre algo invasiva, por ejemplo…? –empezó a decir Violeta  mostrando  interés en el asunto-.

-En mi historia será aterradoramente dominante  y posesiva  tal vez –completo con picardía.
-Agrandás  las cosas, vos –me acusa con desconfianza-.

-Agrando o achico según me convenga.  Atenúo  rasgos,  intensifico  conflictos,  modifico y combino  caracteres  de los personajes…  como  un  alquimista.


Y  ustedes  autores…  ¿se  sienten  imaginativos  o  no?   ¿Pueden  desprenderse  “de  lo  que  fue así  tal  cual”  y  sazonar  una  situación  con  ingredientes  de  cuento?