23 abr. 2015

Tip 52: Monólogo interno

"Mujer escapa de la noticia":  así es el título de un libro del escritor israelí David Grosman, que cuenta acerca de la madre de un soldado en tiempos de guerra.  La pobre mujer tiene tanto miedo que vengan "a darle la noticia" de que algo pasó a su hijo, que sale de la casa y camina, camina, camina sin rumbo por la ciudad.

En eso pensaba yo, mientras me dirigía con mi hijo Eitán hacia el acto barrial en conmemoración a los soldados caídos en las guerras de Israel, ambos vistiendo jeans y remeras blancas en las que pegamos una etiqueta adhesiva al lado del corazón, con la palabra hebrea "Izcor" (recordarás).  
De pronto, una pregunta de Eitán, interrumpió el curso de mis cavilaciones oscuras.
-Mamá, para vos... ¿cuál de los dos días es más triste, el Día del Holocausto o hoy, el de los soldados caídos?  
Lo miré de soslayo.  Qué inoportuna e impertinente es -a veces- la curiosidad de los niños.  
-Hoy es mas triste, creo... -intenté salir del paso, mientras mi mente buscaba a toda velocidad una construcción lógica comprensible que justificase tal elección.  

Eitán me miró sorprendido.  No compartía y no me daría tregua.
-¿Hoy?  ¿Por qué?  Si en el Holocausto murieron muchos más...

Dudé.  No tenía que ver con cantidades -pensé-. Quería decirle la verdad, brindarle una respuesta digna a la magnitud de su interés. 
Este día me parece mas triste porque el miedo me cierra la garganta... ¿debería poder confesarle esto a un chico?-.  Porque tu hermano es soldado y tú también  -en unos años tendrás- que serlo ¿qué otra opción queda?.  Porque aquél monstruo que mataba en el Holocausto, ahora es cosa del pasado.  Pero las sombras de guerra que eclipsan a este soleado país, son como fantasmas insaciables,  actuales e inminentes. Porque cada madre o abuela en Israel, porque cada hermana, esposa y maestra aquí, es una "mujer que escapa de la noticia"  ¿debería responderle así?  

Miré el reloj.  Casi las ocho.  
-Apurémonos Eitan, falta un minuto para la sirena.
-Pero no me contestaste -protestó-.
-Los nazis ya no pueden seguir matando... pero los soldados pueden seguir muriendo. 

El ulular ensordecer de la sirena invadió los barrios y los corazones de Israel.  Sentí un gusto a ceniza en la boca y un leve malestar.  Eitán me dio la mano y yo se la apreté con fuerza. 
Unas filas mas adelante, de pie entre el público presente,  divisé a Violeta.
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Queridos autores:  cuando dos personajes conversan, discuten, o se encuentran en una situación determinada, vale la pena que el autor se detenga y "desmenuce" lo que está sintiendo exactamente su personaje  ¿Qué se le cruza por la cabeza antes de responder? ¿Qué sentimientos encontrados lo abruman?  ¿Qué quisiera decir en realidad pero nunca se atreverá? ¿Qué conversación mantiene consigo mismo mentalmente ANTES de soltar su réplica?  Este monólogo interno o conversación íntima del personaje consigo mismo, enriquece muchísimo nuestros trabajos literarios y permite que el lector se introduzca mas en la historia y se identifique mas con los personajes.

Observen este monólogo interno del personaje de María, en el libro "Los Enamoramientos" (de Javier Marías).  Noten cómo explica detalladamente -en primera persona- lo que pasa por su cabeza, cuando se siente amenazada por su compañero::

-¿Qué quería ese hombre?  Ha venido sin avisar ¿no?
Me arrepentí de preguntar tanto nada más haberlo hecho.

-¿Por qué quieres saberlo, María? ¿Qué te importa?
Lo dijo con hosquedad, casi airado. Estaba segura que, de pronto, ya no se fiaba de mí, me veía como un incordio, tal vez una amenaza, un posible testigo incómodo.  Había subido la guardia, era extraño, hacía poco rato yo era una persona placentera e inofensiva para él, todo menos un motivo de preocupación, al contrario, una distracción muy agradable mientras él aguardaba a que el tiempo pasara y curara y se cumplieran sus expectativas.  Sentí que ahora se le había presentado un recelo, una duda, seguramente quería preguntarme si había oído su conversación... pero no podía hacerlo.
Entonces me vino de nuevo como un poco el miedo.  Él me lo generó, él a solas, sin nadie delante capaz de frenarlo.  Me apresuré a responder:
-No, por nada, perdona.
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¿Quién aporta al blog el relato de una situación en donde uno de los personajes, antes de responder a determinado requerimiento de otro, desarrolle un monólogo interno que refleje al lector exactamente su estado de ánimo? 


20 abr. 2015

Tip 51: El poder de una réplica

La clienta entró apurada, nerviosa y fumando.  Su ingreso al local, fue como una intromisión que impuso un hálito eléctrico en la apacible manicuría con aires de sahumerio.
Violeta levantó la vista de mis uñas -que había pulido con esmero y ahora se disponía a pintar-  y se contrajo automáticamente poniéndose a la defensiva, al tiempo que escuchaba el reclamo, casi escupido como una protesta autoritaria y caprichosa:

-Te pedí que me pongas esa porquería que seca rápido la pintura y mirá... -señaló una mano temblorosa con uñas de esmalte corrido.  Acto seguido, ordenó sin displicencia:  -Arreglame rápido esta basofia... ¿a qué hora pensás que puedo llegar a la oficina?

Violeta se puso de pie y echó a un lado, con el gesto brusco de quién saca una espada, el mechón entrecano que le cubría parte del rostro, .  Un torrente de sangre subió hasta su rostro como una cascada inversa, con la misma fuerza e idéntica furia del agua que horada la roca.  Sentí el choque inminente entre ambas y me puse de pie también, como un árbitro, o mejor aún, como un anciano rabino que puede ver más allá de la queja pueril y que escucha otros gritos detrás, otras angustias, otros pedidos desahuciados, otras cuestiones que escaparon de control y se corrieron de lugar, mucho más que un simple  esmalte de uñas.  Miré a Violeta con ojos de auxilio y susurré a su oído, apelando al alma bondadosa que latía debajo de esa piel de leona a la que invadieron su gruta:

-Está quebrada, quién sabe qué crisis arrastra... yo tengo tiempo -señalé el banquito que desocupé y la clienta se sentó presurosa y puso las manos sobre la toalla, mas atenta a su celular que a nuestros intercambios de miradas y comentarios en relación a su persona.

Violeta bajó la guardia pero protestó :
-Media ciudad tiene problemas y eso no les da el derecho a tratar mal a nadie...

La clienta no se dio por aludida y miró a Violeta con impaciencia, como preguntándole ¿qué esperás?

Mi manicura respiró hondo y contra todo lo previsto, se cruzó de brazos y solicitó, imperativa pero amablemente, con la firmeza de las decisiones irrevocables:
-Si querés que empiece... apagá el cigarrillo.

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Queridos autores:  la réplica de uno de nuestros persoajes a veces tiene el poder de desviar la historia, de darle fuerza, magia o misterio, de conducirla hacia finales dramáticos o hacia paraísos llenos de esperanza.  Con una de las réplicas más famosas de la historia del cine, el personaje que representa Bogart en Casablanca sella el destino de tres almas enamoradas:
-Vamos Ilsa... vé con Víctor, él te necesita, eres parte de su obra... sube con él a ese avión.
-¿Y qué pasará con nuestro amor?
-"Siempre nos quedará París" -responde el personaje- y determina así el final de una historia que hasta último momento, NADIE, ni director, ni actores... sabía como iría a terminar.

¿Quién aporta al blog algún ejemplo (propio o de la literatura, teatro o cine universal) donde figure alguna réplica memorable de alguno de los personajes?

3 abr. 2015

Tip 50: Un escritor ordenado

Entré al local de sopetón, intespestivamente y casi rogué:
-Necesito "hacerme las manos" antes del Seder... por favor.

Violeta me miró como si estuviera frente a un fantasma, se puso de pie de un salto y me dió un abrazo que expresó mas que un verso, mas que una rima... un abrazo de esos que -por su absoluta elocuencia- las palabras envidian.

-¿Pensaste que no vendría a decirte "Felicidades"?- dije parpadeando con fuerza para contener la humedad que sentí agolparse en mis ojos.

-Si...eso creí. 

Una clienta desagradable y gruñona, no mitigó evidenciar su disgusto ante la interrupción del servicio de manicuría que Violeta le estaba brindando y acotó en alta voz -como si no lo supiéramos- que faltaban pocas horas para la cena de Pascua Judia y que no tenía un minuto que perder.

Violeta se ubicó a desgano en su silla de trabajo, frente a la clienta que extendía unas manos redorguetas y urgentes.  Me miró de reojo con sus ojos-aceituna que sabían hablar y mientras abría un esmalte  ordinario  de color dorado chillón que combinaba perfecto con el burdo aspecto de la mujer que exigía el servicio, empecé a contarle.   Como un descargo, como una confesión, con un poco de verguenza, como una niña que no hizo bien las cosas, expliqué donde había estado, por qué no contesté sus llamados, cómo me dejé llevar por lo urgente, cómo -en definitiva- la vorágine de la vida cotidiana nos va desdibujando lo importante.   ¿Cómo fue que -viviendo en la misma cuadra- durante sesenta jornadas no encontré un minuto para decirle "buenos días" a Violeta?  ¿Cómo no me hice un tiempo para contar nuestros avatares en el blog?

La clienta por fin se fue y yo me senté en el banquito como solía hacerlo una vez por semana.   Cerré los ojos y logré aguzar los otros sentidos.  Pude escuchar la melodía de fondo y percibir el aroma del sahumerio.  Inmersa en la paz del local y en la armonía de la amistad,  horas antes de la cena de Pesaj,  sentí que todo volvía a estar en orden.
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Queridos autores:  la cena de Pascua Judía, conocida con el nombre de Seder, no es una comida cualquiera.  Está absolutamente reglada, tiene sus tiempos estipulados (muuuuy largos por cierto)  un plato que debe contener estrictamente lo que dice la tradición, una silla que debe quedar vacía, una historia por recordar y contar, unas canciones que se deben entonar y un libro ("Hagadá") que se debe leer.  La palabra Seder -que en hebreo significa "orden"- es una inmensa metáfora del orden que a veces debemos poner en nuestras vidas e ideas.

Aunque parezca lo contrario, en la vida de un escritor, el "orden" tiene un protagonismo determinante.  Podemos tener las mejores ideas acosando nuestro cerebro y nuestro corazón durante meses pero sólo se transformarán en un escrito cuando las volquemos efectivamente en el papel. "Escribir" es "comenzar a ordenar nuestras ideas y ocurrencias" de forma tal, que un otro las comprenda.  "Ordenar" es poder tender un hilo invisible y coherente que de sentido a nuestra historia. "Orden" para un escritor,  es sentarse en una silla frente al computador y escribir, plasmar y corregir en él hasta el cansancio, pero por sobre todo, encontrar la perseverancia y la constancia para transformar la escritura en un hábito diario.  
Felices Pascuas y Jag Pesaj Sameaj!