9 dic. 2014

El hombre que volvió de la muerte

Sábado a la mañana.  Apuro el desayuno, para llegar a tiempo a la cancha del Hapoel Tel Aviv, donde tengo un mediocampista de once años que si mete un gol me lo dedica y así transforma mi Shabat en una fiesta.

Suena el celular.  Hecho un vistazo a la pantalla y la retina me devuelve un número que no identifico.  ¿Contesto?  Miro el reloj.  Decido que si, mientras chequeo que no falten botines, tobilleras, agua...
-¿Quién habla? -pregunto en hebreo.

"El hombre que volvió de la muerte" me contesta alguien en un castellano bien porteño.  Sonrío y tardo unos segundos en reconocer la voz grave y ronca... porque cuando lo fui a ver, cuando lo visitamos en el Hospital... estaba prácticamente mudo y una traqueotomía le cerraba la garganta.

Ale Stein estaba del otro lado de la línea.  Bromeando, riendo, divirtiéndose con mi sorpresa.  Ale del Kibutz Barcaí, el de escritura arrabalera.  El que narra desde el corazón, casi al quiebre.  El que iba a venir al Encuentro de Lectura en el Cervantes pero la Muerte lo interceptó de sopetón y lo desvió... por un ratito, porque él se aferró a la Vida como una hiedra.  

Ale -que ese día no pudo llegar- pero me mandó su texto titulado "Mi muerte y la gloria".  Como si hubiera sabido que le haría "pito catalán" por un tiempo más y saldría glorioso de la afrenta.  Ale, el que escribió en este mismo blog, en el post Mi propio Aleph, uno de los "ALEPHS" mas emotivos que he leído.

Le transmití los saludos y la preocupación de todos y él les mandó su agradecimiento y emoción TOTALES por vuestra "buena vibra" durante estos meses difíciles.  Muy MUY pronto -prometió- estará sentadito entre nosotros en el Cervantes de Tel Aviv porque ya que sobrevivió... ahora tiene que contarla.

Qué se va a hacer, este sábado que pasó, mi futbolerito no metió ningún gol.  
Pero escuchar a Ale -con su voz tanguera y su ritmo de bandoneón- hizo que mi Shabat fuese una fiesta.