12 sep. 2013

Tip 21: Perrito o "una historia que termine bien"

Playa de Tel Aviv.  Mediodía de verano y calor agobiante en el año judío recién estrenado.  Poca gente desparramada en la arena, bajo esos parasoles públicos que dan sombra con dificultad.  Mar tibio. Hice un alto en el día laboral, nadé media hora y me estaba secando unos minutos al sol... cuando "la historia" vino hacia mi. ¡Así es la playa de Tel Aviv! Un escenario permanente...

-Mi manicuría no se queda atrás, acá también pasa de todo- reacciona Violeta, que compite conmigo en el tema "telenovela cotidiana".
-¿Qué te pasó esta vez?-

Dos clientas que esperaban su turno para depilación y belleza de pies, se habían abrochado a lo que anuncié y me miraron con expectativa.  Hay narrador, hay una historia para contar y hay publico -pensé-.  
¡Bingo!  La magia comienza...

"Un tipo alto y musculoso se acercó desde la rambla, extendió una toalla cerca del mar y desabrochó su camisa con lentitud.  Vestía un holgado jean clarito con cortes "casuals" pero no se lo quitó.

Hacía todo lo posible por llamar la atención:  silbaba, corría la toalla varias veces de lugar buscando una posición adecuada, se paraba desafiante plantando su metro noventa frente al mar y corrió varias veces hasta la orilla para mojarse los pies.  Tenía el pelo larguísimo, una barba incipiente al estilo Mike Rourke en "Nueve semanas y media" y tatuajes grabados en el pecho y la espalda.  Todo el conjunto le daba un aire de pirata moderno.  

El Adonis extrajo de su mochilita una cerveza que se veía bien helada, la abrió con los dientes, echó un trago generoso en su boca y se recostó a mirar el mar con expresión de "esto es todo lo que quiero en el mundo". Y cuando parecía que su puesta en escena finalizó ¡vino lo mejor!  El fulano metió de vuelta la mano en su mochila y extrajo esta vez algo insólito: un perro diminuto, una especie de chihuaha bebé o enano y lo instó a que le lamiera bastante impúdicamente la boca, una y otra vez. Lo que hacía nuestro protagonista, a la luz del día y de los azorados ojos de los espectadores involuntarios de su show, era darle de tomar cerveza al perrito... de su propia boca.

(Expresiones de repugnancia de Violeta y las dos clientas)

El espectáculo no pasaba desapercibido para nadie:  ese mediodía en la playa, algunos con asco, otros con deseo y todos con estupor, observaban los lenguetazos casi obscenos que esa escultura humana prodigaba a su perrito con la excusa de mitigarle la sed.  A mi izquierda, dos muchachas no sacaban la vista del buen mozón extravagante y prodigaban caricias y mimos al pequeñísimo can, cada vez que éste -medio borrachín- corría hacia ellas haciendo "eses".

El intenso intercambio zoofilico se vio interrumpido de repente, cuando un hombre que caminaba por la orilla vestido de civil, se presentó como "guardia costera" y le indicó al susodicho que en esa playa no se permitían perros.  El diálogo que mantuvieron fue mas o menos así (en hebreo suena mejor, pero lo reproduciré en castellano):

-Disculpá... en esta playa no se permiten animales.
-¿Quién lo dice?  -la pregunta transmitía mas curiosidad que preocupación.
-Hay carteles, mirá...  -el guardia señaló a su alrededor-
-Yo no molesto a nadie y "Goliat" tampoco. Está conmigo, es una pulga casi invisible... ¿te parece que está jodiendo a alguien?

El nombre "Goliat" generó empatía y dibujó una sonrisa en los labios de los presentes.  El guardia miró a las dos chicas de la izquierda y éstas indicaron con gestos que no se sentían perturbadas en absoluto.

-Es verdad, no molesta... pero mi trabajo es pedirte que te retires de esta playa si tenés un perro -insistió el guarda-.  A 400 metros hacia el norte,  hay una zona donde permiten...
-Pleeeease...  -interrrumpió el dueño de Goliat- ¿me dejás empezar el año en paz?  Estoy en mi "break" de almuerzo en el  laburo, vine a fumar un puchito a la playa, a tomar una cerveza, tengo en total media hora... no molesto a nadie.
-Por lo menos ponele una correa -se notaba que el guardia le había tomado involuntariamente simpatía.
-No traje.
-Andá a buscar una a la casilla del guardavidas.
-¿Aquella?  Está como a 200 mts...
-Lo siento, entonces tenés que retirarte ahora.
-Dejame tranquilo  (bebió otro trago de cerveza y mas lenguetazos)
-Me van a despedir, tengo que cumplir mi función.  Ponete en mi lugar...

La amabilidad no funcionó por mucho tiempo.  Dos minutos después ambos levantaban la voz, cada uno firme en su posición.  Y cuando el apacible mediodía estaba por dejar de serlo, una de las chicas de la izquierda decidió intervenir y se dirigió al guardia costero.

-¿El guardavidas tiene una correa?
-Así es.
-Si la traigo... ¿Goliat podrá quedarse?
-Efectivamente.
-Voy a correr hasta la casilla, me llevará dos minutos ¿Vale la pena empezar el año discutiendo?

Un ratito después, Goliat con correa, su dueño, las dos chicas de la izquierda y el guardia costero, chocaban botellitas de cerveza celebrando el encuentro, deseándose un año feliz y una buena firma en el Libro de la Vida.  Cuando me fui de allí, intercambiaban celulares y planeaban la comilona con la que romperían el ayuno del Día del Perdón...

¡Que tengan un buen año, autores! ¿Quien hace "click" en comentarios y aporta al blog esta vez un cuento con un conflicto en el que haya conciliación "kipuriana"  y al final  termine BIEN?