23 ene 2017

Pausa Mágica y La Despedida Inevitable

La fantasía de detener el tiempo y las consecuencias que esto implica, es un tema que ha despertado ideas y motivado películas y cuentos fantásticos a lo largo de la historia.

Hoy en el blog, Pablo Feldman y Yamila Carini deleitan con dos narraciones en donde el reloj se vuelve un caprichoso protagonista que juega con el asombro de los personajes.  ¡Que los disfruten! Aguardamos vuestros comentarios...

PAUSA MÁGICA
Por Pablo Feldman

Abelardo dibujó con tiza en el suelo una estrella de cinco puntas con un círculo alrededor, se paró en el centro, sostuvo el amuleto en alto con su mano derecha y con el libro abierto, pronunció el conjuro en voz alta: -¡Tempus est, subtitit, et non fluere!
El doctor Abelardo Lecuyer, médico psiquiatra, era un tipo callado y serio. Descuidado en el vestir, bajo y relleno, usaba anteojos “culo de botella”.  Llegado a los cuarenta y cinco seguía “solterito y sin apuro”. En realidad, no se relacionaba ni con mujeres ni con hombres y repartía todo su tiempo entre el trabajo y la lectura. Era fanático de los libros antiguos y de ser posible, escritos en lenguas muertas: latín y griego. Frecuentaba esas librerías que venden usados en la calle Corrientes y en ocasiones lo favorecía la fortuna y encontraba alguna “joya” cubierta de polvo por muy bajo precio. Ese día, a media mañana, pasó por lo de su proveedor favorito: Don Venancio, dueño de “Librería Hermanos Libraio” con un negocio en Buenos Aires y una sucursal en Roma.
Al abrir la puerta, una campanita que colgaba del marco alertó al dueño de un potencial cliente. Don Venancio lo reconoció enseguida y con una amplia sonrisa exclamó:
-¡Justo pensaba en usted “doc”!  Ayer al mediodía, me llegó un flete con un montón de libros viejos, era la biblioteca de un profesor de filosofía.  El corazón de Abelardo se disparó. Una sensación que empezaba en el ombligo, rápidamente descendió hasta la entrepierna produciéndole una erección. Sabía que en esos lotes, podía encontrar incunables y el placer que esto le producía iba más allá de lo intelectual, lo excitaba sexualmente. Quizás por eso no necesitaba una esposa. Con los libros estaba más que satisfecho. 
-¿Dónde están? ¿Los puedo revisar?- preguntó ansioso como un adolescente en su primera cita.
-Faltaba más “doc”. La mitad del montón está en la mesa verde del fondo. Todavía no tuve tiempo de revisarlos ¡Sírvase nomas!
Casi sin poder contener la lujuria se encaminó hacia los libros, con una duda inmediata, egoísta y ambiciosa que lo impulsó a preguntar: -“¿Cómo que la mitad? ¿Y el resto?”
-Ya los embalé para Italia, al negocio de mi hermano-.  Abelardo, se consoló pensando que la mitad era mejor que nada y que algún día visitaría la sucursal al otro lado del Atlántico.
Luego de una revisión superficial, su “ojo” de especialista lo encontró. Lo levantó con adoración y con mucho cuidado lo inspeccionó. El primer tomo de una pareja de libros. Grande, pesado y con tapas forradas en cuero. Olía a viejo, en la tapa había un dibujo en relieve de un círculo con una estrella en su interior y las palabras en latín antiguo “Horologium Stetit” (reloj detenido). En la contratapa, dentro de un sobre, había un amuleto de plata con la misma figura. El segundo volumen no estaba, seguro había viajado a Roma. Pagó si discutir el precio y fue directo a su consultorio.
Luego de prepararse un café con pan y manteca (no hay nada más sensual que sumergirlo en la taza y comerlo mientras chorrea el jugo antes de desarmarse) empezó a leer contento como un chico abriendo los regalos de Navidad. Iba traduciendo simultáneamente con la ayuda de algunos diccionarios profesionales “latín-castellano” que iba apilando sobre el escritorio. Luego de cincuenta páginas, entendió que se trataba de un tomo de alquimia de la edad media que explicaba cómo detener el tiempo y luego hacerlo correr nuevamente. Tenía que dibujar el símbolo en el piso, pararse en el centro y con el amuleto recitar una fórmula en latín. Bien hecho, haría que se congelaran las manecillas del reloj para todos menos para el poseedor del libro. La tentación de probarlo fue más fuerte que la lógica científica. Sabía que era una superstición, que no pasaría nada, pero se preguntó: ¿Qué podía perder con intentarlo? Sería como un juego… ¿Acaso los adultos no podían jugar?
Sostuvo el amuleto en alto con su mano derecha y parado en el centro con el libro abierto, pronuncio el conjuro en vos alta: -¡Tempus est, subtitit, et non fluere!-.
Por supuesto, el tiempo siguió corriendo.
Los filósofos dicen que es como un río que no puede ser detenido en su avance constante. ¿Más si pudiéramos interrumpirlo y copiar las respuestas de un examen, o atajar un jarrón antes de estrellarse contra el suelo? La ciencia dice que es imposible. Nos quedaría la magia como alternativa. ¿Acaso existe? Riéndose de sí mismo se sentó y siguió leyendo. Tan absorto estaba que no reparó en que las horas pasaban y los pacientes no venían, ni tampoco se percató de que la luz del día que entraba por la ventana no disminuía. Sintió hambre y recién entonces miro su reloj. ¡No podía ser! Habían pasado seis horas. Algo no estaba bien ¿Cómo era posible que todavía no hubiera oscurecido? Se asomó a la ventana y tuvo que agarrarse de la pared para no perder el equilibrio. En la plaza de enfrente la gente que caminaba estaba “congelada” con un pie en el aire. Un niño que había arrojado la pelota estaba petrificado con los brazos alzados y el balón flotando sin caer. Las hamacas con su carga infantil, se mantenían suspendidas a medio camino. Corrió hacia el libro y busco desesperado la última página. ¡Sí! Allí decía que había que pronunciar un contra-conjuro para volver otra vez a la normalidad. Por los nervios no entendía la última frase No estaba seguro si esas eran las palabras mágicas, así que tomó uno de los diccionarios y con las manos temblorosas tradujo: “La frase para revertir el efecto debe ser pronunciada en voz alta y sin pausas. La encontrará, al final del segundo tomo”…
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LA DESPEDIDA INEVITABLE
por Yamila Carini

Todo ocurrió una noche de diciembre de 2016, en un país europeizado de Medio Oriente, a pocos segundos de fin de año, cuando el termómetro marcaba cinco grados de sensación térmica y ocho de temperatura real…  mi reloj pulsera se frisó.
Afuera, el asfalto aún se encontraba húmedo por la última llovizna caída ese mismo treinta y uno por la mañana.  Los locos parecian caminar lentamente por los cordones de las veredas en busca de calor, alguna moneda o una sonrisa pasajera y amistosa.  En el aire se comenzaban a escuchar murmullos de planes, miedos y emociones enfrascadas. Los trescientos sesenta y cinco días estaban por cumplirse otra vez en el conteo mundial.
Hombres y mujeres de diferentes colores y lenguas, sonreían en los bares y discotecas con una copa en mano y una mirada rojiza y empañada a base de humo, alcohol y del inusual frío que arañaba las calles de Tel Aviv. Algunos fumaban como si fuese el último cigarrillo de su vida, esperanzados por cumplir con la promesa de fin de año. Otros aprovechaban el happy hour para acercarse a alguna boca disponible. Estaban quienes se sumergían en los teléfonos inteligentes que no daban respuesta.
Mientras tanto, Australia ya transitaba el 2017 hacía horas. Entonces, noté que el segundero de mi reloj fue entumeciéndose, como una extremidad en proceso de congelamiento, hasta estancarse a pocos segundos del número doce que marcaba la medianoche.
Aprovechando la falla técnica del momento comencé a observar cómo una ciudad cronometrada en simultáneo comenzaba a vivir una realidad que no era la mía.
La música se escuchó de repente más fuerte, las puertas de los boliches se habian abierto de par en par emanando un vapor de condensación inevitable y disfrazando al escenario en una especie de sueño abierto. Un hombre con aspecto de cowboy miró hacia mi lado y sonrió. – ¿Me habrá sonreído a mí?  Imposible -recapacité- si nos encontramos en diferentes líneas temporales-. Moví la cabeza, el reloj seguía estancado, rehusándose a avanzar.  Volví la vista al desconocido y me pareció encontrar su mirada una vez mas. –Imposible- me repetí.
De repente, mi celular comenzó a vibrar en el bolsillo derecho de la chaqueta, un escalofrio se apodero de mis manos. Mire el reloj de refilón, nada había cambiado. El celular siguio vibrando hasta que decidí tomar la llamada. –Hola!?-.  Escuché una voz ronca pero dulce: era mi hermana, del otro lado del globo terráqueo, quien estaba a cinco horas del 2017, o sea, también se encontraba en el año 2016, como el reloj y yo. -¡Feliz año nuevo enana!- gritó con entusiasmo. Súbitamente una emoción gigante galopó en mi pecho, quise llorar y reír, sintiendo un extraño frenesí.  Tomé un gran sorbo de aire y relajé mis hombros, justo cuando el reloj marcó las doce y un segundo.  

15 ene 2017

Un relato de Año Nuevo y dos cuentos con pájaros

Seguimos subiendo al blog los trabajos más destacados de escritores que continúan perfeccionándose en el Taller de Escritura Creativa Nivel Avanzado.  ¡Que los disfruten! Nos halagará saber vuestra opinión...

Ecos -“Esta vez no me tocó a mi...”
 Por Vivian Schultz

Primero de Enero del 2017
Un aguacero bate las ventanas; nadie se asoma al consultorio; modorra.
Aburrida, me pongo a hojear el ejemplar de una revista que enumera los eventos sobresalientes del año que acaba de concluir.

Enero del 2016
Boko haram incendia todo un pueblo en Nigeria. Tiroteo en Tel Aviv. Una mujer de estado mejicana es asesinada en su casa por los miembros de un cartel de la droga y en Arabia Saudita, el gobierno ejecuta a 46 personas.
Debo estar tan curtida que la única noticia que congela mi atención es la muerte de David Bowie, el bello y rubio cantante inglés; un artista sofisticado y sui generis.
Ese mes, una muchacha joven entró al consultorio.
–No se qué me sucede, soy música pero hace una semana que no logro alinear dos notas seguidas. Algo va mal-.
 “No tienes nada, mujer. Es tristeza. Nunca más volverá a cantar.”

Febrero del 2016
Corea del norte lanza misiles al mar. En Siria e Iraq la guerra continúa.
Se confirma la teoría de Einstein, el espacio y el tiempo están conectados: en un observatorio de San Diego se logra grabar la colisión de dos agujeros negros a un billón de años luz de la tierra.
–Doctora, de nuevo este zumbido en los oídos.  El otorrino me dijo una vez que sufro de tinito ¿me receta gotas?-.
“No son tus oídos, muchacha. Son las deflagraciones de las bombas junto a las vibraciones cósmicas.”

Marzo
Somalia, Birmania, Pakistán, Egipto, Brasil.
Atentado a la bomba en el aeropuerto de Bruselas. 35 Muertos y 340 heridos.
–Siento una presión en el pecho que no me abandona desde ayer. ¿Cree que debería hacerme un electrocardiograma?–
“No es el corazón, amigo. Es la onda de choque de las deflagraciones en Bélgica.”

Abril
 Nuevas fotos desde Grecia e Italia: los refugiados siguen arribando subidos a precarias embarcaciones. Miles alcanzan la costa. ¿Pero cuántos se hunden en el Mediterráneo?
–Me sofoco. Otro ataque de asma. ¿Me puede prescribir inhalaciones?–
“No es asma, señor. Es el mar encharcándole los pulmones mientras usted se ahoga.”

Mayo:
Isis bombardea Bagdad, Obama visita Hiroshima, un avión Egipto se estrella en el Sinaí.
–Me tiene que ayudar con esta migraña. La cabeza me va estallar.–
“No es una simple cefalea, amigo. Ya estallaron. Hace medio siglo en Hiroshima y ahora en Bagdad y en Egipto.”

Junio:
Inglaterra se separa de Europa: sí al Brexit.
–Estoy sin fuerzas doctora. Las piernas me abandonan, mis brazos no me quieren obedecer y  el cuello se  me cae. ¿Estaré baja de potasio?–
“No te hace falta nada, muchacha.  Es Inglaterra. Cada uno para si. ¿Por qué pretendes que tus brazos y tus piernas cooperen contigo? ¿Acaso tienen algo que ver con tu persona?

Julio
Se lanza el juego Pókemon Go. Camión en Niza atropella y mata a 85 personas. Alepo es bombardeada por la aviación rusa.
–El reumatismo me va a matar. Me duelen todos las articulaciones–
 “No son los huesos, señora. Es el peso de la llanta, de las paredes y del techo que se le han venido encima.”

Agosto
Prosigue la cumbre del clima en Marraquech: la China y los Estados Unidos son los mayores productores de gases a efecto invernadero.
–Estoy con fiebre y tos. ¿Una pulmonía?–
“No es una infección pulmonar, joven. Son el calor y las emanaciones tóxicas de la atmósfera.”

Setiembre
Assad  lanza bombas de cloro en Siria.
–Me arden los ojos, la boca y  la garganta. ¿Qué virus es este?–
“Un virus químico, señor.”

Octubre
Devastador huracán en Haití. Colombia, Turquía, Estocolmo, Etiopia, Irak…
Más dolores, ahogos y toses.

Noviembre
Muere Leonard Cohen (“tristeza, ya nadie comerá naranjas en el río”)
 Eligen a Trump. Muere Fidel Castro.
–Un calmante por favor. Me acaban de licenciar; restructuración de la compañía.
“No es la compañía, joven. Es el mundo ¡Le roi est mort, vive le roi!”

Armisticio en Colombia: Se firma la paz entre la FARC y el ejército.
–Las pastillas contra la depresión que me recetó el psiquiatra no me están haciendo efecto.
“No son las pastillas, mujer. Es el brillo de las esferas de vinil bajando por las aguas del río La Macarena y Catacumbo. Llevan invitaciones navideñas  para los guerrilleros de la  FARC. Es el rebote de los balones de fútbol firmados por los mejores jugadores colombianos . Fueron lanzados en medio de la selva por los helicópteros del ejército”.

Diciembre
Le disparan al embajador ruso en Turquía…

Son las ocho de la noche. Intoxicada, me pongo el abrigo, salgo y cierro con llave la puerta del consultorio. A pesar del frío las calles están llenas, los mozos de los cafés sostienen en equilibrio las bandejas, el corcho de una botella de vino hace ploc  y frente a un restaurante italiano dos jóvenes hincan  su tenedor sobre una montaña de espaguetis a la boloñesa.
Qué suerte, el dueño de la florería aún no ha guardado sus macetas dentro de la tienda.
–Un ciclamen fucsia y otro rosado, por favor–.
Llegando a casa enciendo la televisión. ¡Algo ligero y entretenido, por Dios! Lamentablemente es la hora de las noticias: tiroteo en una discoteca de Estambul. Mueren 39 personas festejando el año nuevo.
Esta vez es demasiado. Decido tomarme un somnífero e irme a dormir con los audífonos puestos y buena música.
Mientras cierro los ojos, oigo la voz del premio nobel de literatura del 2016:


                          “The answer my friend, is blowing in the wind” 
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LOS PÁJARON NO VUELAN CUANDO LLUEVE
Por Mariluz Rivera

-Vení conmigo, te muestro mi colección de pájaros- solía decir mamá orgullosa, al mismo tiempo que indicaba el camino a sus invitados, guiándolos hacia el patio donde les tenía enjaulados.  Mi madre no lo hacía de mala. Los amaba a su manera, la única que conocía, quizá la única que le enseñaron. Se esmeraba en sus cuidados manteniéndoles siempre limpios, abastecidos de agua y alpiste. Solía jactarse frente a sus amigas de haberles comprado los mejores nidos traídos de Medellín. Todos los días les adornaba con ramitas y flores sus jaulas. 
-Para que no extrañen- convenía con ella misma.
Si, mama solía tener pájaros como mascotas. Turpiales, loros pericos y sinsontes. Estos últimos imitaban a la perfección los silbidos de mi padre y los cantos de otros pájaros. Aunque yo no podía concebir el hecho de verlos encerrados, reconozco que pasaba largas horas mirándoles y disfrutando de sus canturreos. Varias tardes de mi infancia las derroche observándoles… comprobando cómo se apagaban lentamente.
Percibía su tristeza en el silencio de sus cantos, cada vez más esporádicos. Se les atrofiaban las alas y sufrían de parálisis en sus patas. Primero una, luego la otra y después se acurrucaban en los brazos de la muerte para escapar de su desdicha.  Y así, sucesivamente, eran remplazados los unos por los otros, sin homenajes, sin entierros ni despedidas. Más de una vez les abrí las puertas para que pudieran escapar, pero no siempre lo hacían.
Aprendí de ellos, que solo aquellos recién privados de su libertad escapaban desesperadamente.  Los demás, ya resignados o acostumbrados, no se iban y mucho menos si el clima del trópico tan bipolar algunas a veces, derramaba sus lágrimas sobre la tierra, desatando así una tormenta de la que ni Dios, se hacía cargo.

A través de la ventana del hospital, vi como talaban un árbol. Fue justo unos minutos antes de entrar a cirugía.  De sus copos revoloteaban los pájaros aterrados por la impotencia de no poder salvar sus nidos. Vi como defendían su derecho a ser soberanos, picoteando furibundos a sus verdugos. 
Entonces recordé los pájaros de mi madre y sus patas dormidas.
Aquí estoy, de vuelta en casa, recordando ese pasado tan presente y tan mío. Aquí estoy en este cuarto de invierno, donde la lluvia se estrella contra la ventana de marco blanco, la misma que da al patio trasero de mi tristeza; la que me produce este encierro, la que me exige tiempo para sanar.
Este clima álgido y perverso clava sus agujas en mi espalda y siento como el frio de la tierra entumece mis piernas.

-Hernia de disco, rayadito y a la deriva- bromeó el doctor, apretándome la mano en señal de buen augurio cuando desperté de la anestesia.
-Un disco a la deriva, es un anillo sin Saturno. Un disco rayado de penurias del pasado, de amores perdidos y de miedos enquistados. Así me diagnostico yo, la doctora de mi propia existencia, la dueña de mis bienes y mis males, la que siempre ha visto la vida diferente de como la ven los demás.
Siempre me ha gustado escarbar en mí, como quien hurga en una guaca[1] repleta de tesoros. Resuelta a pagar el precio de las maldiciones y conjuros, dispuesta a ensuciarme de carroña por un buen botín; el de hacerme cargo de mi misma. Esas son mis monedas de oro, las que me voy a llevar a la tumba y con las que me van a enterrar.
Tal vez mañana cese esta lluvia que inunda el alma y acobarda la huida,
tal vez mañana ya no me duela y la puerta no se cierre nunca más.
Tal vez mañana se abran mis alas y pueda volar.
Tal vez mañana.



Guaca
1.        f. Sepulcro de los antiguos indios, principalmente de Bolivia, Perú y Colombia, en que se encuentran a menudo objetos de valor.
2.        Vasija en que se encuentran estos objetos de valor.

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EL NIDO
por Nelson Guilboa

En mi memoria quedaron notas, algunas inscripciones escolares que, arrugadas por la vergüenza, se esconden en un pliegue del portafolio. Aún hoy me cuesta hablar de ellas. Si no lo conté nunca a nadie, fue por la humillación que sufrí.
Una vez, recibí una lección de los horneros, una especie de pájaro laborioso, de aspecto simple y sociable que no mide más de veinte centímetros y tiene el plumaje color marrón claro.  Le gusta anidar cerca de ranchos y casas y se alimenta de insectos y larvas. Si no fuera por la arquitectura ejemplar de sus nidos, hechos de adobe, con sala y alcoba, nadie le prestaría demasiada atención.
En la escuela no faltaban las lecturas de poesías y leyendas donde se pondera al Hornero, ave sudamericana que fue designada “pájaro nacional de la República Argentina” título ganado con mucho esmero.
Justo con ellos me vino a pasar… aún me duele cuando pienso en mi pésima conducta, esa tarde ociosa en que vagaba por el monte con la honda en el bolsillo.
Una pareja moldeaba su nuevo nido, redondo como un pequeño horno de campaña.  Para ello utilizaron entre cuatro y cinco kilos de adobe y unas dos semanas de trabajo incansable, utilizando principalmente barro y paja.
Y a mí, entonces, se me ocurrió la mala idea de agregar un nuevo elemento en la construcción: una piedra blanca para embellecerlo. Del bolsillo elegí la más grande, tensé la honda al máximo para incrustar el adorno en la argamasa húmeda aún… y el resultado fue nefasto.  La piedra pegó en el nido, rebotó inesperadamente y golpeó al hornero que estaba parado en otra rama.
Cayó chillando de dolor.  Me acerqué para ver su estado y empezó a saltar con una patita quebrada.  Quise auxiliarlo, pero cada vez que me acercaba huía asustado con nuevos saltitos, era incapaz de darse un impulso para remontar vuelo y en tal situación, pidió ayuda con chillidos a sus semejantes.  Entonces, como en una pesadilla, los vi: todos los horneros del monte empezaron a rodearme, parecía que se multiplicaban.
¿De dónde habían salido tantos?… cada paso que daba hacia él, los chillidos se acrecentaban. Unidos desde los árboles cercanos me enfrentaron…¡podía interpretar sus aireadas protestas! “¡Déjalo tranquilo, suficiente mal ya hiciste!”.  Me alejé dándoles la espalda.  El silencio retornó al entorno y las protestas estridentes cesaron al unísono.  Sin tocarme, me habían vapuleado.
Los textos escolares son extensos cuando destacan las diversas cualidades del hornero: Social, laborioso, fiel a su pareja, pero de solidaridad con un compadre, ni una palabra… Corrían peligro al acercarse a mí y lo sabían, pero ahí estuvieron arriesgándose, derrochando coraje, desafiando el peligro por una causa justa.
Fue en los montes de San José, donde aprendí una lección criolla de la naturaleza que no enseñan los textos escolares. Mi acto belicoso hacia ellos fue una traición, intencional o no, a un servidor que cada mañana con sus trinos, me auguraba los buenos días.
La honda cayó en desuso y nunca más la tensé.

24 dic 2016

Neftalí: un hombre fiel

El género micro-relato es difícil e implica varios desafíos: contar una historia completa en menos de 100 palabras.  Que tenga un comienzo, un nudo o conflicto y una resolución.  Que cuente algo muy puntual pero que a la vez sea vigente y universal en distintas épocas y culturas.  Y que sugiera mucho más de lo que cuenta... 
La escritora Sabina DuAr presentó en el Taller un micro-relato que reúne todas estas características... que lo disfruten!!

 Neftalí: un hombre fiel
 Por Sabina DuAr

 Pese a que Mara le ofrecía sus labios jugosos y sus muslos prietos, impregnados de su  perfume favorito Flowerbomb, de Viktor y Rolf...
 Pese a las sábanas escarlata, siempre dispuestas para la batalla...
 Pese a la lencería casi palpitante que ella misma elegía para lucir con él...
 Y pese al Buen Amor que su esposa Mara le prodigaba... Neftalí jamás volvió
 a tocar otra piel que no fuera la de su amante.
“No se atreverá a dejarme” -pensó el hombre egocéntrico de pectorales bravíos y  cabellos ensortijados- mientras la observaba dormir en la otra orilla de la cama.
 Y le dio un beso a Mara en la frente, como se besa a una madre.



3 dic 2016

Uno de Mariluz y uno de Nelson

Esta semana en el blog, dos cuentos que hablan desde un presente que mira hacia atrás con nostalgia: "El último favor" historia de Mariluz Rivera Sierra que le peleó el Primer Puesto  a "Paradise Birds" y "Don Pedro" un recuerdo campestre de Nelson Guilboa. Noten como ambos autores, en algún momento, echan mano a personajes del Quijote para apoyar la descripción de sus propios personajes...

EL ÚLTIMO FAVOR
Por Mariluz Rivera Sierra

El calor y el tráfico desdibujaban el paisaje de las calles de Tel Aviv. La densidad amarraba mis ojos a Morfeo. Y yo, impávida frente al peligro, apenas podía aferrarme al volante para no caer del todo en sus brazos. Fue entonces cuando el llamado de mi padre me arrancó del letargo y de un frenazo evite estrellarme con el auto que tenía en frente.  Atolondrada por la situación, apenas si entendí sus primeras palabras al otro lado de la línea y del abismo que nos separaba desde hacía ya algún tiempo.
-Que hubo m’hija, necesito que me haga un último favor- le escuché decir.   Le prometo que después de esto no la vuelvo a molestar -añadió- dejándome claro que se alejaría de mí aún más.
Le dije que no, anticipándome a su pedido. Ya estaba bueno de sus locuras -pensé- no le alcahuetearía ni una más. Le pedí por favor que empacara sus cosas, dejara la selva y regresara a casa con mamá, quien le esperaba, dispuesta a cuidarle y a amarle como nunca había dejado de hacerlo.
Papá siempre había sido un loco, un soñador. Un quijote detrás de mil y una Dulcineas, a las que quería arreglarles la vida. Desventuradas saladoras de puercos que se vendían al primer hombre que les regalaba un trozo de pan. Utopías de ensueño que al final de sus días le habían dejado tan solo y tan triste como al viejo de la Mancha, Alonso Quijano.
Siempre queriendo ayudar a todo el mundo. Nunca supo decir no.
El día que perdió su negocio y quedó en bancarrota, lloraba abrazando sus cuadernos de fiados. Interminables listas de compras, firmadas por todos aquellos deudores morosos. Mi padre no tenía corazón para dejarles regresar a casa sin el mercado. Que los hijos de otros aguantaran hambre, era una idea que no podía soportar. Fue así como siempre, terminaba llenándole la canasta a los paisanos de aquel “Macondo” triste y olvidado de la mano de Dios.
-No se preocupe Berta, que toda esta gente nos va a pagar, no ve que me quieren mucho? -solía decir-.
En eso tenía razón, todos lo querían mucho pero… ¿qué sabe el amor de bolsillos vacíos?
Hacía mucho tiempo que todos habíamos abandonado el nido y mi padre convertido ya en un ingenioso hidalgo, se había dedicado a llenar su vida de aventuras dignas de un caballero andante.
Pero últimamente, estaba enfermo y agotado. Aunque no quería reconocerlo, deseaba reposar el cansancio que le habían dejado sus travesías. A regañadientes, como quien no quiere la cosa, empacó sus corotos y dejó que el astro más brillante del crepúsculo le guiara.
Esa misma noche, después de nuestra última conversación, mi amado quijote emprendió el viaje montado en su Rocinante, una pequeña moto Vespa tan desgastada como él.

Buscando el camino de regreso a casa, encontró la muerte en su última batalla. Un embriagado molino de viento que llevaba por armadura la luz de la luna, sin pito ni aviso, como una ráfaga de viento, le arrancó la vida estrellándose contra él, dejando su frágil cuerpo inerte bajo un árbol frondoso de hojas grandes, a la orilla del camino.

DON PEDRO
por Nelson Guilboa
De la cartera escolar asomaban nombres, rostros, que quedaron a la vera del camino. Dulces recuerdos que llevo bajo el brazo y los quiero compartir con ustedes.  Hoy ya no están, pero existen…uno de ellos fue Don Pedro o Pedrin como lo llamábamos cariñosamente. Lo conocí en las primeras vacaciones que pase en el campo junto a mis primos.
La  Propiedad  lindera le  pertenecía. Vivía junto a su asistente -Pinto- que yo llamaba Sancho  por su función.
Dos gauchos de comedias infantiles, eran tan distintos como su estatura. Pedrin octogenario, alto y fortachón para su edad, de buen talante y le gustaba bromear, Pinto en cambio era de estatura baja y aparentaba los cincuenta. De  cara redonda, un sombreo de cuero calado hasta las orejas, atado con un tiento por debajo de la mandíbula, un pañuelo blanco le rodeaba el cuello y. unas gafas de gruesos cristales, escondían sus verdaderos ojos. Nos  causaba gracia cuando queriendo simular su miopía, veía cosas de lejos que no existían. Su oído lo mismo, afirmaba que podía captar sonidos lo mismo que Jilguero, -El can guardián de la estancia-  En cambio Pedrin no necesitaba lentes y veía mejor que nosotros, sabía quién se acercaba de lejos con solo divisar la silueta o -el bulto- como él decía. A menudo lo veíamos pasar montado en su caballo o en el Ford T de capota negra.  Que en días de lluvia, no se atascaba en ningún charco por enlodado  y hondo que fuese.
Vivian los dos en paupérrima modestia, por vocación,  porque no le faltaban los medios. El rancho de adobe, amenazaba a desmoronarse. El techo de paja, presentaba desordenes y goteras, como si las gallinas hubieran estado escarbando. El  piso de tierra desparejo y un tablón en una esquina oficiaban  de mesa. Un vetusto armario ennegrecido albergaba vajilla de loza inglesa, que denunciaba la presencia femenina en una época remota. La cocina, consistía en un fogón siempre encendido  en el que nunca faltaba la caldera tiznada,  soplando vapor y silbando como un barco que se aleja,  lista para cebar el mate, solo eso  tomaban, llegue a pensar que ni saben que existe la Coca Cola.
Con solo divisar  a los cinco “forajidos” armados de hondas y alguna escopeta de caza atravesando campos  rumbo a sus casa, le pedía  a Pinto ensillar  los caballos. Tenía varios y variados pero consciente del peligro elegía los más dóciles y petisos.
Un día compitiendo con mi primo quise acortar distancia y apuré el galope. Cuando lo estaba por alcanzar, Luna -la yegua de color bayo- metió la pata en un pozo y rodó en el terreno arado…
Amortigüé el porrazo con la mano izquierda, que sufrió fractura, pero a Luna hubo que sacrificarla… se quebró un remo. No sabía cómo emendar esa inconciencia, me sentía culpable, por un impulso egoísta apresure su fin.  Y para Pedrin generare  una tragedia, pues sabia como quería a sus animales, a todos les había elegido sus nombres. El me consoló con que a Luna ya no le quedaba mucho, -Esta  vieja- me dijo pasándome el brazo por los hombros -Se fue uno días antes no más, no te martirices gurí. Ande vaya,  vaya  al hospital que le ponga un yeso-
Siempre serviciales, nunca pedían nada a cambio. Mi tío lo invito un día  a su  casa en la ciudad,  para mostrarle adelantos y comodidades. Él se rehusaba, diplomático: -El progreso es adictivo.  Cada vez que voy al pueblo tengo ganas de renovarme y comprar, pero yo le digo a Pinto mejor no cambiar nada, porque si uno se tienta no termina ahí y ¡hasta una mujer uno elige!  Y ahí nomás la vida se complica-…cursaba ya sexto grado y creía saberlo todo, pero no entendí bien su respuesta.
Tal vez la felicidad en nuestros rostros de pibes era su salario, su recompensa., Pinto nunca tuvo  mujer pero Pedrin si, en su propiedad  había una casa abandonada donde alguna vez  fue habitada, pero no sé, nunca pregunte, si perteneció a sus finados padres o si tenía otro fin, de todos modos estaba por fuera en mejor estado de la que habitaban.
Si tuvo hijos, nunca hablo de ellos, creo que  fuimos nosotros aquellos que les falto. Le complacía vernos felices. Sin proponérselo más que un gaucho servicial fue un abuelo ejemplar, por  su actitud positiva, humildad, cariño y  talento.

4 nov 2016

Paradise Birds

A fines de Setiembre se llevó a cabo el Sexto Encuentro de Lectura de Trabajos Propios en el Instituto Cervantes de Tel Aviv y los trabajos de Yamila Carini ("Mario y sus Paradise Birds") y Mariluz Rivera Sierra ("El último favor") recibieron la mayor cantidad de votos del público.  Costó definir qué autora y qué cuento quedarían en el primer puesto: finalmente, la voz de una niñita que estaba entre el público tentó al Jurado compuesto por Einat Talmón (Instituto Cervantes) Juan Zapato (La Torre de Babel Ediciones) y Pedro Muñoz (alumno de los Talleres que ganó en tres ediciones anteriores) a definirse por el texto de Yamila.  ¡Que lo disfruten!  En el próximo post, podrán leer el cuento de Mariluz...

MARIO Y SUS PARADISE BIRDS
Por Yamila Carini

La última vez que Margarita Luz de las Tinieblas se detuvo a mirar el “horizonte”, Mario, su marido, rompió el equilibrio.  –Marga… ¿y si nos vamos a Indonesia?
La mujer, de unos treinta años, se encontraba tomando té frío en el balcón junto a Enriqueta, una gata persa que admiraba a su dueña con ojos de búho, característicos en esa especie de peludos. El felino movió la vista lentamente agitando su majestuosa cabellera y en un pestañeo tajante, cerró el ojo izquierdo en forma de guiño.  Su ama se reacomodó en la silla.  Ella seguía observando el “horizonte”, o sea, el balcón del edificio de enfrente; cuando súbitamente recordó el significado de su nombre: “Margarita, nombre griego que significa perla, popularmente llamado aquella que no arriesga”. Esta definición estaba adherida en su memoria, pero para sus adentros, su nombre significaba: “flor amarilla que crece como el junco y es salvaje como el viento”. Eso se repetía cuando escaseaba  el aire en la oficina, y a veces, al mirar las góndolas del supermercado.
-Eso queda en Asia ¿no gordo?-.
–Sí ¡sí!  Es el lugar que muestran en la televisión, con esos pájaros multicolores que tienen hilos en vez de alas –el hombre tomó un gran sorbo de aire- picos invertidos y ojos fluorescentes... ¿te acordás?  ¡Los paradí-se berds!
La mujer sonrió con cierta picardía en sus ojos. –Paradise birds- corrigió.
En el macetero del vecino la albahaca crecía como trébol, los tomates cherry comenzaban a asomar sus amarillentos cuerpos y la menta estaba llena de hojas puntiagudas con olor a chicle.
En cambio, las petunias de Margarita se habían secado poco a poco y solamente quedaba un helecho en pie, el cual era alimentado por la lluvia.   
-Paradise birds- repitió en voz baja y la gata suspiró tan profundo que a Mario le dio un ataque silencioso de celos.  No le gustaba para nada esa complicidad que se enredaba entre el animal y su mujer.  Lo caratulaba secretamente como “incestuoso”.  Compartir el amor con sus futuros hijos lo asustaba, pero de seguro lo sentiría razonable…  Ahora, los sistemáticos suspiros y ronroneos a dúo le molestaban casi como cuando su equipo erraba un gol, así de tanto.
Ambos guardaron silencio y se zambulleron en sus propios pensamientos.
Por primera vez, contaban con trabajos establemente herméticos, que brindaban la posibilidad de viajes cortos, quesos franceses y ropa de marca.
A principio de año, Margarita había leído en un horóscopo que su “herida ancestral” se encontraba en proceso de curación, algo que la tenía alterada, pues no sabía que era una “herida ancestral”. Había googleado días enteros en búsqueda de alguna respuesta pero todo era tan ilógico como la actual “cacería de pokemones”. Se sentía de otra época, como si las vidas anteriores la estuviesen abucheando.
En cambio, el horóscopo de Mario indicaba que se encontraba en una búsqueda de su propio ser, para comprender que hay algo en él que no sufre cuando sufre y que no se enfada cuando se enfada.
Después de unos segundos, ambos se miraron y sonrieron.  Enriqueta, estiró su corto cuerpo en el regazo de su ama haciéndose un nudo.  Mario, tomo bruscamente a su mujer por ambos hombros y corrió violentamente al animal, tirándolo al suelo.  –¡Esta gata de porquería se queda acá! ¡¿Me entendiste?!-.

Margarita Luz de las Tinieblas, se levantó de la silla bastante mareada y al mismo tiempo como una flor amarilla que crece como el junco y es salvaje como el viento. 

26 oct 2016

Taller de Escritura Creativa Nivel Avanzado

Fecha de Comienzo:  Lunes 7-11-2016

Duración:  14 encuentros de 2 horas 30 minutos
Horario:  18.15 a 20.45
Lugar:  Instituto Cervantes (Tel Aviv - Israel)
Temas:
-La trama de una historia
-Tensión dramática (en cuento breve y novela)
-Descripción de personajes, objetos, sentimientos y pensamientos
-¿Cómo lograr un texto claro, limpio y bello?
-El mensaje
Informes e Inscripción:  Instituto Cervantes de Tel Aviv, Departamento de Cultura
Teléfono:  03-5279992  Interno 5 - Einat




14 sept 2016

VI Feria del Libro en Español

En la ciudad de Raanana, se llevará a cabo esta fiesta cultural en idioma español que cada año suma más púbico que viene de todos los puntos de Israel.  Stands con libros nuevos y usados, conferencias, presentación de nuevas obras, firma de ejemplares, sorteos y el cantante David Broza entonando poemas de Neruda... los esperamos!
Viernes 16.9.16 entre las 9.00 y las 15.00 hs. - Hapalmaj 2 - Raanana
Teatro Mishkan Hahomanuiot - Hapalmaj 2 - Raanana


9 ago 2016

La Ultima Historia de Amor - presentaciones

Con mucha felicidad y el estado anímico "concretando sueños", se llevó a cabo en el Cervantes de
Tel Aviv -hace unos días- la primera presentación de mi nouvelle "La Última Historia de Amor".

Diversos factores convirtieron a esa tarde en un momento súper especial, único e inolvidable: estuvo presente casi toda mi familia (los que están en Argentina también), mi editor Juan (La Torre de Babel Ediciones), mi socio José Caro (Ritmo Latino-Raanana) muchos amigos queridísimos y... como frutilla del postre (qué hermoso fue!) me sentí muy bien rodeada-apoyada-aplaudida por el núcleo de escritores de habla hispana en Israel, que se fue formando conmigo a lo largo de cinco años de Talleres de Escritura Creativa en Cervantes... ¿qué mejor?
Para los que me preguntan, el libro se puede adquirir haciendo click en este link y lo recibirán en vuestro domicilio por correo (sin ningún gasto de envío adicional)
http://www.latorredebabelediciones.com/#!laultimahistoriadeamor/c4qkn

-Los que viven en Tel Aviv lo encontrarán en la selecta librería Du Foyer (Kikar Masaryk 14)
-En Jerusalem, en la pintoresca librería Vice-Versa (Shimon ben Shatah 1) sitio cargado de historia, donde habitó un tiempo Zeev Jabotinsky. 

El libro está distribuido además, en diversas librerías de España.
GRACIAS a todos los que estuvieron conmigo esa noche mágica!
Próximas presentaciones:
-En Agosto, en el bellísimo bar-café "Etmol Shilshom" de Jerusalem (pronto informaré la fecha)
-El viernes 16 de Setiembre, la presentación de "La última historia de amor" será una de alas actividades centrales de la prestigiosa Feria Internacional del Libro en Español, en Raanana.

2 ago 2016

Algunos cuentos de Graciela Corfas Z"L

Graciela Corfas, traductora, escritora y hermosa mujer llena de vida que pasó por varios Talleres de escritura del Cervantes y conoció a algunos de ustedes, terminó una larga pelea de diez años contra la enfermedad y por lo menos podemos decir que ya no sufre más. En el lapso de esa década viajó por el mundo, bailó en el casamiento de un hijo, vio nacer nietos y se mantuvo en contacto siempre conmigo, tratando varias veces de retomar los Talleres o de concurrir a los encuentros de lectura de trabajos propios.

Suelo decir en clase, que la palabra escrita tiene el poder de lo que permanece, de lo que trasciende.  Por eso a continuación, hoy -30 días después que nos dejó físicamente- y como homenaje a Graciela, publico algunos de sus escritos, que estoy segura van apreciar muchísimo.

Graciela querida!  Sea bendito tu recuerdo...

¿QUÉ HAY EN UN HOMBRE? *
Me acerqué al empleado del Ministerio de Absorción con el pasaporte en la mano.
“¿Nombre?”, me preguntó. “Graciela Beatriz Arcusin de Corfas”, le contesté.
“¿Gra…qué?” me contesta mirándome con desconfianza. “¿Qué nombre es ese?
Acá te vas a llamar…”
“De ninguna manera” contesté con bronca, “no me cambio el nombre”
Así entré al país, con un nombre propio que ninguno de los locales podía pronunciar y mi nuevo apellido de casada. Así comenzó mi vida en este lugar tan lejano y tan cercano a la vez. Que parecía conocido y no lo era. En donde toda la gente que caminaba a mi lado en los pasillos de la universidad hablaba distintos idiomas, y mientras algunos me abrían la puerta, otros me la cerraban en la cara.
Un nuevo mundo en el cual la familia cercana estaba muy lejana, a distancia de cartas por vía aérea y llamadas telefónicas una vez por mes.
Primer viaje largo en avión, primera vez en Europa. Y Avi, mi traductor y mi ancla, fue mi único contacto con la nueva realidad. Él nadaba como pez en el agua, yo ni siquiera sabía nadar y no siempre tuve un salvavidas.
Y así me tiré en un mar distinto, desconocido y extraño que es hoy mi casa. El lugar donde nacieron y crecieron mis hijos. El lugar a donde traje mi nombre y mis 19 años de vida.
No es fácil transportar la historia de una familia y de una cultura que desaparece a hijos que nacieron en este país tan dinámico y cambiante. En donde la realidad de la guerra hace uso y abuso de la historia y el presente. Es muy difícil hacerlo y además estar satisfecho. 
Y yo lo estoy, sin haber olvidado las dificultades y los esfuerzos, mirando hacia atrás y hacia adelante aunque aún me digan:
¡Qué nombre tan lindo y tan raro! ¿Por qué no lo cambiás por uno en hebreo?

*El título está tomado de William Shakespeare - Romeo y Julieta
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DAMOCLES
La rutina diaria estaba marcada por un reloj implacable que había que mantener despierto para que no deje de funcionar.
No había tiempo para perder, todo lo que no se haga en este momento se pierde y se mueve a la sala de los irrecuperables. Nadie quería estar en el equipo de los desahuciados,  los que no tenían fuerzas de luchar. Los ganadores no dejan que el cuerpo se acostumbre, hay que impedir a toda costa la inercia. Levantarse, caminar, tragar,  aunque duela, aunque no se pueda.
Estaba tomando sol y se sintió observada, controlada. Se dio vuelta y vio a Damocles, el gato que rondaba por el patio del centro de rehabilitación.
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VOLVER
La mano reboto en su rostro con un ruido sordo y retumbó en las paredes, en sus oídos y en su alma.
Se sintió vergonzosamente herida, veía su propia sangre inundar su cabeza sin dejarla respirar, pensar o responder.
Había perdido la cuenta de todas las veces que había estado en la misma situación,  y tampoco podía recordar la infinidad de planes de venganza que había imaginado.
Toda una vida de sufrimiento de la cual se creía cómplice y herramienta. No podía irse,  estaba enredada en un tejido denso de  mentiras y promesas no cumplidas.
Nadie cumplía las promesas, pero a ella le dolían las suyas propias, las que mojaban con sus lágrimas la almohada y le quemaban la garganta queriendo escapar del encierro obligado.
Alambres de miedo y culpa que no podía cortar la ataban a su martirio.
No estaba preparada para su propia reacción. La tomó tan de sorpresa como a él. La mano que levantó con fuerza estaba impulsada por un sentimiento desconocido, el mismo que la llevó hasta la puerta que cerró a sus espaldas.
Se sintió orgullosamente liberada, pero volvió. Volvió porque detrás de esa puerta quedaron dos rehenes a quienes no quería ni podía dejar atrás. En ese momento se sintió con fuerzas para ser madre.
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¿QUÉ NOS UNE?  SOLO PALABRAS...

Andrea entra a la sala llena de energía, camina, se sienta y se para mientras se refriega las manos y piensa:
-¿A ver, a ver? ¿Por quién empiezo hoy?-

No es fácil recibir críticas, sobre todo en público, pero Andrea sabe criticar diplomáticamente, corrigiendo y sin herir y también sabe elogiar.
Pensé muchas veces en el hilo que nos une a los participantes de los Talleres. Cuando lo único que compartimos es el placer, o la necesidad de escribir y un idioma común (menos Lucía-brasilera que recibe Ad Honorem el título de hispanohablante)  Tenemos tantas diferencias generacionales y de experiencia de vida...

Y llegué a la conclusión de que nos unen las palabras: las que pensamos, las que traemos escritas y las que leemos aquí. No es poco.  Todos tenemos diferentes estilos, no solo en la escritura, y tal como intentamos respetar las reglas de comportamiento social, estamos tratando de aprender a respetar las reglas gramaticales, ortográficas y sintácticas. 
Les deseo a cada uno de ustedes que sean el próximo “Saramago” para que -como él- puedan permitirse todas las licencias literarias y encima ser aplaudidos y premiados por las mismas. 
Mientras tanto, tenemos que seguir puliendo y trabajando.
Hasta la próxima consigna… Un abrazo!


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Por último, les dejo aquí el sencillo pero tan significativo deseo de Rosh Hashaná que Graciela escribió para uno de los concursos que organicé, titulado "Un deseo original".       

       "Sentir, hacer, admirar, necesitar, ayudar, tentar.  Observar, vivir... amar"

9 jun 2016

Arco Iris y Casi en Secreto

Esta semana en el blog, la felicidad literaria viene por partida doble.  El grupo de escritores que se ha formado bajo la caricia del Cervantes en Tel Aviv, alberga un crisol de plumas y culturas difícil de encontrar en otro rincón del mundo.

Empezamos con "Arco Iris", el cuento de Vivian Schul, peruana de origen, doctora y magnífica escritora, que describe con reminiscencia cinematográfica -casi lo podemos ver- una de las muchas paradojas de este país Israel, con sus contradicciones y mandatos, su democracia a rajatabla y el peso-yunque de sus ancestros.  No cualquiera puede escribir un cuento como éste: hace falta habilidad, encanto, mucho conocimiento y una mirada social profunda.  Ya leerán de qué hablo...

Y para comenzar el fin de semana con la música del género de los poetas, el blog se ilumina con el poema de Sabina Duque Aristizábal, oriunda de Colombia y atravesada por el encanto de estas tierras, que leyó entre nosotros "Casi en Secreto", un trabajo que luego atravesó las latitudes y recibió un Premio Internacional.  Bravo, Sabina!

Disfruten ambas lecturas y -como siempre- nos ayudará muchísimo si hacen click al pie, en la palabra Comentarios y nos dejan vuestra opinión que enriquece el blog.

ARCO IRIS
Por Vivian Schul

Ese 25 de Yar del año 5776, Eliezer Bauer -bisnieto del gran rabino Naftali Bauer de Radoshitz- despertó con un fuerte dolor de cabeza. A pesar del malestar, al abrir los ojos murmuró las mismas frases que venía repitiendo cada mañana desde su niñez, agradeciéndole al Todo Poderoso la devolución de su alma. Al divisar la cama vacía y bien tendida de su esposa entendió la causa de su ausencia y el martilleo de sus sienes empeoró. Ambos lechos, de una plaza cada uno, estaban separados por un metro de distancia pues durante los días o semanas de la impureza femenina, sus pieles no debían rozarse. Luego de las abluciones y del rezo matutino, dio un beso en la frente a cada uno de sus cinco hijos, se puso el sombrero negro con reborde de piel y salió.

Eran las siete de la mañana y la avenida Rothschild del centro de Tel Aviv estaba vacía. No por ello ralentizó su caminar ni dejó de mirar el piso. Esa caminata rápida, casi etérea y como dando saltitos era la misma de su padre, quien a su vez la había aprendido del abuelo y aquel del tatarabuelo y les impedía perder el tiempo o desviar la mente en asuntos profanos.
Mientras se dirigía a la casa de estudios de la calle Bograshov, recordaba los razonamientos que había sostenido el día anterior con su alumno a propósito de la página talmúdica diaria. Ese Shlomo Ben Zacharias era un muchacho agudo y apasionado y ambos se habían entusiasmado tanto con la discusión, las sutilezas  de los argumentos y las contradicciones,  que no se habían dado cuenta que  eran las tres de la madrugada cuando abandonaron el aula. ¿Un ladrón que robaba en plena luz del día era menos culpable que aquel que lo hacía resguardado por la oscuridad de la noche? ¿Por qué cuando diez sabios decretaban idéntica sentencia ésta no era válida, mientras que si eran nueve a decidir lo mismo y uno solo lo contrario la decisión era adoptada? Divagaba por los vericuetos de las posibles interpretaciones del texto, cuando recordó que Ben Zacharias, cuando se despedían, había mencionado como al pasar, que ese viernes nadie iría a estudiar. 
Se sorprendió al abrir la puerta de la Yeshiva y descubrir que la sala estaba vacía. Además, la señora Finkel aún no había cumplido con el aseo y los ceniceros estaban llenos de colillas, las sillas en desorden y los vasos de plástico con sarro de café o fondos de té desperdigados sobre las mesas.
Se quitó el sombrero, se puso el chal blanco con rayas celestes y cogió un volumen del Talmud de Babilonia abriéndolo en la misma página del día anterior. Dos horas más tarde, se hallaba tan enfrascado en los comentarios de Rashi que no oyó a la señora Finkel entrar y murmurar:
-Disculpe mi honorable, pensaba que hoy día no vendría nadie y por ello me permití llegar a las nueve. Cuando a las once de la mañana la señora Finkel permaneció de pie inmóvil frente  a su mesa, el estudioso entendió que deseaba hablarle. Como sin duda se trataba de un asunto profano cerró el libro sagrado, no sin antes poner entre las dos páginas la punta de su chal, para indicarle a su interlocutor que solo interrumpía la lectura por unos instantes.
-Respetado Rav, debería empezar a irse- le advirtió la señora Finkel.
El estudioso asintió con la cabeza y volvió a abrir el libro, no sin antes pensar irritado que los tiempos habían cambiado mucho y para mal. “Hace tan solo un siglo, en Radoshitz… ¿qué mujer se hubiese atrevido a interrumpir la lectura de mi abuelo, el sabio Naftali Bauer, con sus cacareos?”
A mediodía decidió volver a casa para ayudar a su esposa e hijos con las preparaciones para el Shabat . Quizás incluso le quedaría tiempo para ir al baño ritual a purificarse antes de la entrada del santo día.
Solo entonces oyó la música, los gritos y la algarabía que a pesar de los vidrios dobles y las persianas cerradas irrumpían en la sala de estudio. Al pisar la vereda de la calle Bograshov se halló sumergido en una ola de gentes que por ambas aceras y en medio de la pista avanzaba en dirección contraria a la suya, descendiendo hacia el mar. Instintivamente, quizás por el recuerdo atávico de los numerosos pogromos sufridos en la lejana Bukovina por sus antepasados, el religioso quiso darse la vuelta para albergarse en la sala de estudios, pero un grupo de vociferantes que blandía banderas multicolores se interpuso entre su persona y la puerta salvadora. Decidió armarse de valor y subir la calle a contracorriente, con la cabeza gacha y el cuerpo encogido, oponiéndose al flujo de la Marcha del Orgullo, ese caluroso mes de Junio del año 2016.  Los seres entre los cuales trataba de escurrirse gritaban, cantaban y saltaban al ritmo de desacordes estridentes y carentes de armonía expulsados por los altoparlantes de las veredas. “Dios, sálvame” pensó y como respuesta, recibió un chorro de agua fría que le hizo levantar la cabeza. Descubrió, colgados de los postes de electricidad y de los balcones, una infinidad de estandartes con los colores del arco iris y sobresaliendo de un techo, localizó la insolente manguera que lo acababa de empapar. Para sorpresa suya, los impíos que lo rodeaban gritaban pidiendo más agua y celebraban con risas estruendosas  las gotas que caían,  torciéndose con muestras bestiales de placer, nada dignas para quien debería representar  la imagen del Creador sobre la tierra.

Por más que subía la calle bajando la cabeza, Eliezer no pudo impedir ver las filas de ombligos que descendían, imberbes y tersos unos, hundidos entre vellos y músculos abdominales otros, o perforados por decadentes aros; no pudo evitar la vista de muslos al descubierto, de pantalones tan cortos y ajustados que más parecían ropa interior de mujer. Todo ello era demasiado para este hombre piadoso que apenas pudo estirar un brazo se sacó el sombrero para ponérselo frente a la cara. Mientras se sacaba el tocado en medio al caos y al apretujo, un codo descuidado se lo arrancó y lo hizo rodar entre los pies de la multitud haciéndolo llegar media cuadra más abajo. Era un sombrero caro, confeccionado por hábiles artesanos e importado de Inglaterra. Eliezer, con sus modestos recursos, no podía permitirse adquirir uno nuevo, de modo que se volteó para ir cuesta abajo en su búsqueda. Lo que antes fueran vientres se transformó en espaldas.  Hombros fornidos de animal primitivo, músculos deltoides hipertrofiados, cinturas finas. Una visión le cortó a Eliezer la respiración. Frente a él un par de nalgas recias y varoniles se balanceaban mientras que una cinta violeta se hundía dentro de la quebrada transformando esas dos naturales protuberancias en satánica insinuación.
Eliezer Bauer llegó a casa tarde y temblando.  Sin saludar a nadie, se refugió dentro de su habitación. Deseaba estar a solas para intentar reponerse con la ayuda de la oración. Al descubrir que las dos camas matrimoniales estaban unidas y cubiertas con la misma sábana y frazada, entendió que el período impuro de su esposa había concluido y que esa mañana ella, luego de revisar tres veces que el paño de su entrepierna no mostraba ningún trazo de sangre, se había sumergido entera en las aguas del baño ritual. La visión de los lechos unidos solo aumentó su desasosiego. Tampoco se calmó al ver sobre el comedor el mantel blanco inmaculado del Shabat, ni al presenciar la serenidad y delicadeza con la cual su hija mayor disponía sobre la mesa la porcelana con ribete dorado que usaban los viernes para servir las carnes. Tan alterado estaba que casi olvidó cumplir con las tareas de preparación del sábado que le incumbían solo a él, como inmovilizar el botón del foco del refrigerador para que al abrirlo no se encendiese y apagase la luz, o cambiar el jabón sólido de los lavatorios por una botella de jabón líquido. Si el Todo Poderoso, bendito sea su nombre,  había descansado el séptimo día, el hombre no podía permitirse modificar con sus manos las características de la Creación cambiando la forma de un sólido o generando y extinguiendo una chispa.
Su inquietud, halló un asomo de descanso cuando empezó a discurrir sobre la justeza del uso del jabón líquido. Según los jasídicos de Lvov, el mismo sabio allá en Ucrania  les permitía a los niños durante los sábados trazar líneas sobre un vidrio empañado en vapor, pues ese dibujo, (así como la deformación de una barra de jabón, pensó Eliezer) era pasajero, no se imprimía de modo definitivo en la creación y por lo tanto no interrumpía la armonía del universo en el séptimo día.
La agitación lo volvió a invadir en la sinagoga, al entonar la canción de bienvenida al sábado, descrita en ese texto como la novia que llega para reunirse con su amado. Sin poder evitarlo Eliezer volvió a ver todas esas carnes expuestas al aire libre y sintió un escalofrío.
Esa noche, luego de la cena, a pesar de la pureza de su esposa y de la santidad del día, no logró honrar el sagrado mandamiento que El Primero en Hablar, bendito sea su nombre, había ordenado en sus libros. Le dio a su esposa la espalda y tardó en quedarse dormido. Su sueño fue agitado, lleno de visiones y situaciones absurdas. Se vio a él mismo rodeado por los alumnos de la Yeshiva saltando y cantando al ritmo de tonadas jasídicas, hasta que con una mano se desabotonó la camisa y con la otra descolgó de una de las terrazas una bandera multicolor para blandirla al viento. Lo peor de ese sueño era que se sentía feliz, realizado, en paz consigo mismo. Estaba invadido por un tipo de felicidad que solo había sentido durante esas noches cuando en la sala de estudios, le parecía hundirse a través de las letras sagradas en los secretos de la creación y hasta fusionar con el Altísimo.
Despertó cubierto de sudor y descubrió a su esposa al lado suyo. Esta lo miraba  con una sonrisa a la vez suplicante y comprensiva, deseosa pero también discreta y púdica. La dulzura de sus labios embellecía aun más sus delicados rasgos. A pesar de ello Eliezer no pudo evitar suspirar a la vez que pensó "La vida no es como uno quiere". Inmediatamente sintió un profundo remordimiento y le pidió perdón a Dios.
En ese instante, la visión fugaz de un hilo violeta  cruzó su mente  y le permitió cumplir con el mandamiento bíblico de Pru ve Urvu, “Creced y multiplicaos”.

Mientras abrazaba a su mujer, Eliezer se sintió invadido por una profunda ternura y el siguiente pensamiento le llegó como un consuelo: “Ella es la mujer que amo. A su lado deseo envejecer y seguir alabando a Nuestro Señor”.


CASI EN SECRETO
por Sabina Duque Aristizábal
Poema ganador: Primera Mención Internacional - Israel.
XIX Certamen Internacional de Poesía y Cuento - Buenos Aires Argentina Año 2016.   Bajo el seudónimo: Madrigal.
Dedico esta Mención al Gran Hacedor. A mis seres amados, a mi Colombia que me vio nacer y a Israel por enjugar mis lágrimas mientras paría el poema. Gracias, Grupo de Escritores Argentinos.

Sin licencia
Sin planos
Sin plomada
Intento construir una ciudad con alas.
El temporal destruyó las primeras cabañas
Sobrevivieron algunos muros
Pocos edificios han conocido la pátina del tiempo

Todo lo que tengo es un montón de ladrillos
Unos
herencia de mis maestros
Otros
cargados cuesta arriba casi en secreto

Cosa inútil y sin paga
Refunfuñan quienes me ven sacar la carretilla
llena de escombros

Si una de mis casas detiene su vuelo para mirar tus ojos
Entra
Inspecciona la nevera
Disfruta la chimenea y la hamaca
Ora de rodillas
Ríe a carcajadas
O llora desnudo si lo prefieres

Si no te interesa porque los pasillos son húmedos y fríos
y rondan en la noche los fantasmas
Porque hay demasiada melancolía
Demasiado calor
Demasiada nada
Deja una nota bajo la puerta para saber que estuviste allí.