24 may. 2013

Tip 3: ¿Cómo se te ocurrió?

Violeta terminó de pintarme la uña del dedo meñique de la mano izquierda en silencio absoluto, mientras yo me mordía los labios aguantando las ganas de preguntarle qué le pareció mi obra.

Me costó cuatro años convencerla de que venga al teatro con Marcos -su estoico compañero del corazón- y ella siempre poniendo excusas o alegando que ambos estaban  cansados porque "trabajaban en serio", en clara alusión a que mi dudoso oficio de escritora era más un pasatiempo que un sustento de verdad.
El milagro sucedió ayer,  cuando pasé por la puerta de la manicuría camino a mi departamento  y me detuve revolviendo por cuarta vez  la cartera para encontrar las llaves de casa.  Violeta entonces, como quien no quiere la cosa, le comentó a una clienta que estaba esperando su turno para depilarse:

-Esta noche voy a ver una obra de "ésta" en el Teatro.
-¿Qué?  ¿Es actriz? -alcanzó a preguntar su interlocutora mirándome con desconfianza.
-¡Pero qué notición, por fin!  -me apuré  a intervenir-  Ya mismo te reservo dos entradas.  Y mañana me contás qué te pareció.
-Que no sean en la primera fila porque seguro que nos quedamos dormidos- sentenció lapidaria.

Subí por las escaleras, pensando cuán importante era para mí el veredicto de una señora como Violeta, que sabía de la vida más que unos cuantos escritores juntos pero era típico público de telenovela, en general indiferente a los avatares de teatro.

Antes de empezar a pintarme el pulgar de la mano derecha,  tomó el teléfono con lentitud y marcó un número despacio.  Pensé que Violeta  era una maestra del suspenso... ¿a quién estaba llamando mientras me ocultaba sádicamente su apreciación?

-Tomá,  hablá con Marcos...  desde ayer quiere preguntarte algo.

Su pedido me sorprendió.  A esta altura,  después de cruzarme casi cada semana con el esposo de Violeta y recibir un hosco cabezazo a modo de saludo, había empezado a sospechar que era mudo.
Pero una voz ronca y arrabalera a través del tubo, me indicó enseguida lo contrario:
-Decime, che... ¿cómo se te ocurrió?

¡La felicidad me hizo cosquillas!  Cuando el público o la prensa me hacía esa pregunta al finalizar la obra,  significaba que habían sido impactados por su originalidad y que el final los sorprendió como una estocada.
Y como percibí real curiosidad en el tono pesado de Marcos, le expliqué que UNA IDEA, puede aparecer a partir de una frase, un comentario, una foto, una noticia en el diario, un aniversario, un reencuentro, una inquietud, unas ganas de gritar algo que nos enfurece, una canción, una presencia o una ausencia, una injusticia, en fin, algo o alguien dispara de repente un mecanismo que genera la necesidad de contar una historia.

Del otro lado del teléfono se hizo un silencio.  Esperé.  Y de pronto la voz, como un hachazo:

-No me dijiste cómo se te ocurrió.

-Tenés razón, disculpá.
El disparador de "Tres Hombres de Bien", fue una carta de lectores en un diario sudamericano, redactada por un humilde agricultor.  El hombre escribió que su hijo venía por la ruta en bicicleta a las siete de la mañana para ayudarlo en tareas del campo, cuando un auto conducido por borrachos que volvían de una fiesta, lo atropelló y mató.
"Sé que el homicida nunca será castigado -denunciaba vencido en la devastadora misiva: los del auto son parientes del gobernador".

Marcos agradeció y cortó.  Le devolví el teléfono a Violeta  y  solo entonces, me dio el gusto:
-Historia difícil, che.  No nos quedamos dormidos ni un minuto y yo, al final...  lloré como en una telenovela.

A  ver,  autores...  ¿Quien cuenta algún disparador que lo impulsó a escribir un cuento o una historia?

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