1 dic 2013

Tip 28: Una escritura auténtica

-Violeta...  ¿qué fue lo peor que te pasó en la vida? -pregunté aprovechando que ese día la manicuría estaba desierta y podríamos conversar a solas.

Mi manicura reflexionó unos instantes antes de responder, haciendo de cuenta que evaluaba con qué color de esmalte me iba a pintar y al final, levantó la vista de mis uñas y habló con su tono de consejera que ya está de vuelta de todo en la vida:

-Yo tengo una estrategia... ¿sabés?  Las situaciones desagradables por las que pasé -que no son pocas- trato de olvidarlas. No ando revolviéndolas y masticándolas una y otra vez como te piden los psicólogos...  Yo las entierro en un cajoncito bien lejano de mi propia historia, lo cierro con candado y trato de no abrirlo mas.  Y me aferro sólo a los momentos felices que viví -que tampoco son pocos-.   A esos los recreo en mi memoria una y otra vez  y así vivo tranquila, casi siempre feliz.
No quiero pensar  "en lo peor que me pasó en la vida" ¿entendés?

Su argumento era casi irrefutable, desde la lógica y el punto de vista de una persona que NO ESCRIBE.

El novelista y guionista turco Orhan Pamuk -premio Nobel de Literatura 2006- nos regala esta increíble reflexión al respecto:

"Ser escritor, significa detenerse en las heridas ocultas que llevamos en nuestro interior, de cuya existencia -como mucho- tenemos una ligera idea, descubrirlas y conocerlas pacientemente, sacarlas bien a la luz y convertir esas heridas y sufrimientos en una parte de nuestra escritura y nuestra personalidad que abrazamos concientemente.   

Escribir, es hablar de cosas que todo el mundo sabe, pero que no sabe que sabe.  Explorar este conocimiento, desarrollarlo y compartirlo, le proporciona al lector el placer de viajar maravillado por un mundo que conoce bien.  

Además ese autor, que trata de desarrollar sus aptitudes y crear un mundo encerrado en una habitación durante años, está demostrando -lo sepa o no- una profunda confianza en el ser humano, cuando parte de sus propias heridas ocultas.  Yo siempre he tenido esa confianza que te hace sentir que todos los seres humanos se parecen, que los demás tienen heridas parecidas y que por eso te comprenderán.  Toda la verdadera literatura se basa en esa confianza infantil y optimista de que la gente se parece".

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Me incorporé a desgano del cómodo entorno que Violeta recreó con buen gusto y delicados toques de femineidad:  pétalos de rosa diseminados entre los esmaltes, sahumerio, música de fondo.  Y antes de atravesar el umbral del local rumbo a mi casa vecina, repliqué:

-Yo no esquivo nada de lo malo que me pasó, al contrario, lo aprovecho.  No puedo cambiarlo, me dolió como espinas en su momento. Y ahora que el tiempo pasó, vuelvo a ese hecho, me asiento en él, lo revivo, lo recorto, lo adorno y al final... lo transformo en un cuento.

30 nov 2013

Tip 27: "Una luz en la oscuridad"

En la manicuría de Violeta la conversación del improvisado grupo de mujeres que aguardaba su turno o esperaban que se seque el esmalte, giraba en torno a recetas de sufganiot, la emblemática factura aceitosa parecida a una "bola de fraile" que es tradición comer cuando se celebra el milagro de Jánuca en Israel.

La situación era paradójica:  clientas abuelas de sesenta largos optaban por comprar las sufganiot ya listas en la panadería.  Y un par de madres jóvenes, con jornadas laborales de ocho horas y tres o cuatro críos en su haber (no sé como encontraban tiempo para hacerse las manos)  planeaban el cometido de amasar con los niños la mezcla de harina, huevos y azúcar con toques de milagro, sin temer el consabido enchastre en la cocina.

La discusión pasó de... "¿cuál receta es mas fácil y rica?" a "¿donde conviene comprarlas ya listas?  Todas hablaban al unísono y las opiniones triplicaban el número de mujeres presentes.

De pronto, Violeta elevó su mirada de las manos que acicalaba y con su voz femenina y ronca, comentó como al pasar, con autoridad y cadencia de cuento de hadas:

-Januca me recuerda el momento mas oscuro y negro de mi vida.  Hubo un instante exacto
-lo recuerdo- en el que divisé una luz diminuta, como una vela, como una promesa, como una sonrisa.  Y me volvió  la confianza.  

En el local se impuso un silencio inmediato y absoluto.   Todos los pares de ojos se volvieron hacia ella.  Y volví a pensar -no sin un dejo de envidia- que esa manicura de barrio que no había leído mas de una decena de libros en su vida, llegó a este mundo con el don de narrar creando expectativa y generando intriga... como la mismísima Sheherezada.

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A ver autores...  hoy la historia la cuentan ustedes.
Desafío Literario 4  "Una luz en la oscuridad"
Se animan a hacer "click" en comentarios y contar la historia  que tan hábilmente anunció Violeta?

¿Quién regala al blog el cuento de  "un momento negro en la vida de un personaje y el instante mismo en que divisa una luz de esperanza a lo lejos"?

17 nov 2013

Tip 26: "Del dolor a la reparación"

-Qué silenciosa estás hoy- me reprochó Violeta, sin poder creer que limó las uñas de mis dos manos y quitó el excedente de cutículas, sin que yo dijera una palabra-  ¿Pasó algo?

-Si... ayer.  En el Taller Literario. No se me va de la cabeza.

Violeta me interrumpió con un gesto de fastidio y señaló los mas de doscientos esmaltes que adornaban afiladitos los estantes blancos de la pared.

-Elegí un color y mejor seguí en tu mundo, pensando.  Hoy no tengo paciencia para tus historias de intelectuales.

-Una mujer escribió un texto conmovedor -expliqué, obviando su comentario-.  Yo había pedido que traigan un cuento corto "de amor y despedida":  la pasión que termina, el adiós que se impone por destino u elección.

-Buen tema- reconoció Violeta.

-Hace unos dos años, una mujer ya madura -elegante y bonita- me pidió venir al Taller de Escritura. Me hablaba un poco en hebreo y un poco en español, ambos con  marcado acento alemán. Acepté con escepticismo...  ¿no habla bien castellano y quiere escribir? -pensé-.  Sin embargo, con el correr de las clases fui comprobando que sus escritos estaban cargados de poesía, sentimiento y músicalidad. Pronto supe que no era judía y que su familia vivía en Alemania, adonde viajaba seguido a visitarlos.  Sentí curiosidad:  ¿Quién era esta mujer que me traía bombones en estuche de Santa Claus cuando volvia de viaje?  ¿Qué hacía viviendo en Israel, hablando hebreo, escribiendo en español?

-¿Sabes quién es Ulla?  -alguien deslizó la pregunta una tarde, en un evento del Instituto Cervantes-.

-No... ¿quien es?-

-Su padre y su abuelo fabricaban los contenedores donde se transportaba el gas Cyclon B hasta los campos de concentración en Aushwitz.  El gas de las cámaras de gas...

A Violeta se le volcó el frasquito de esmalte.
-Dios mío,  "eso" no es Ulla!  Qué carga tan pesada...

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Ulla Guesner eligió vivir, amar y escribir en Israel.  Con talento y obstinación, con pasión, osadía y perseverancia,  bucea en el grito de lo que no puede cambiar y -con la ayuda de las palabras-  lo transforma en un canto de reparación.  Eso es "Helgaken".

Helgaken
por Ulla Gessner
-Acuéstate conmigo-  los ojos azules de Heinrich brillaban. Con  brazo flojo levantó la manta por encima de  él y corrió la baranda de  la cama de hospital.  Helga vaciló: a cada momento podía llegar alguien. Por otro lado no había nada que perder... quizás soportar miradas o palabras de desdén.
Heinrich estaba muy enfermo y  por su avanzada edad,  no le quedaba  mucha resistencia. Helga  levantó suavemente la cobija y se acostó a su lado.  El buscó a tientas el lugar más caliente entre sus piernas. Solía llamarlo “la calefacción solar”.  Helga intentó recordar el día  en que lo dijo por primera vez. Era invierno y se había divertido mucho por la comparación tan práctica.  Se apretó contra él.
La puerta se abrió y apareció una enfermera inoportuna. Como un burro terco que se asusta de algo imprevisto, se frenó de golpe y desapareció al tiro.
Helga sabía que no les quedaba mucho tiempo. La mujer de Heinrich también estaba en ese hospital y todos la conocían.
-Helgaken... te quiero-.  Heinrich  la besó como un hambriento en la selva que por fin, encuentra  una fruta dulce.   Ella respondió ardientemente, como si ese beso fuera el último. El presente se transformó en eternidad.  Ese beso era el sello de su amor – un amor de profunda intimidad, un amor de fin de semana mensual, un amor de charlas sin fin, un amor con literatura y congresos, un amor entre un judío que ha sobrevivido en la resistencia del gueto de Vilna y  una alemana en cuya vida pesaba un padre  involucrado en crímenes de guerra.
“Tú eres para mí la reparación, la nueva Alemania” -le había dicho Heinrich una vez y sus palabras colocaban su encuentro en un contexto universal.  Helga no era capaz de interrumpir esa unión.
Antes  que vengan los doctores, llegó -como un ángel-  la muerte.
Heinrich apoyó su cabeza sobre la almohada sin tocar a Helga, que escuchó su último suspiro.  Con ese aliento final salió su lengua, azul como nunca antes, esa lengua que sabía acariciar tanto su boca.  
–Heinrich- susurró al sentir que  la mano de él en su “calefacción solar” perdió la fuerza viva. Heinrich...  Pero se quedó mudo  para siempre.
Helga acarició su mejilla aún tibia y apartó el barral de  la cama de hospital. Se arregló un poco el cabello y abrió la ventana para que el alma de Heinrich  pudiera volar hacia afuera.  Lo hizo automáticamente y se extrañó al notar que pensaba en algo sobrenatural... ¿cantaba un pájaro frente a la ventana o fue su pura imaginación?
Dos médicos entraron a la habitación.  Detrás de ellos la enfermera entrometida.  Los tres miraron a Helga con muda curiosidad  y rigor  al ver lo que pasó en la cama.
Ella tomó su cartera y salió rápidamente del hospital.
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A ver, autores... ¿quién  hace "click"  en comentarios y -al igual que Ulla- transforma una "carga" que pesa y duele como espinas... en un canto de amor y reparación?

2 nov 2013

Tip 25: Mi propio ALEPH o "Introducción de un elemento imaginario"

Me encontré con Violeta por casualidad en el parque Hayarkón, al lado del río bonito de aguas mansas que cruza la ciudad de Tel Aviv y desemboca en el Mediterráneo. 

Me resultó extraño verla fuera del contexto de la manicuría, enfundada en un jean moderno que disimulaba sus sesenta y tantos y pendiente de cada movimiento de sus dos nietos en edad escolar -Alón y Nadav- que enseguida hicieron buenas migas con mi hijo Eitán.

-Cierto... hoy es lunes -expresé al verla, con verdadera satisfacción por el encuentro espontáneo.  Los lunes la manicuría estaba cerrada y toda la cuadra y el barrio perdían algo de vitalidad y color.

Nos sentamos a la sombra de unos eucaliptus, mirando jugar a los tres chicos que parecían conocerse desde siempre. Tomábamos café turco de termo y picábamos nueces y pasas de uva que Violeta sacaba de una canasta que parecía no tener fondo.  Hablábamos en castellano, con las expresiones tan propias de los "porteños" oriundos de Buenos Aires.  La conversación  fluía mansa y constante como  las aguas del río Hayarkon y de pronto, sentí que esa manicura sencilla que cargaba en sus hombros una enciclopedia de vida, era mi hermana en Israel. 

Sus nietos y mi hijo irrumpieron eufóricos, como un rayo de sol que se abre paso entre las ramas de eucaliptus.

-¡Encontramos una pelotita de vidrio! -anunció Alón, el nieto menor de Violeta.
-Una bolita de cristal con colores adentro- completó Nadav, el mayor.

-Es sólo una canica que alguien perdió...-  Mi manicura utilizó un vocablo de hace dos siglos minimizando el hallazgo.  

-No- aseguró mi hijo Eitán, que examinaba la pequeña circunsferencia girándola despacio entre el pulgar y el anular-  ¡Es un "ALEPH"!  Guardalo bien, mamá.

Los chicos salieron corriendo, con el apremio de seguir jugando antes de escuchar la temida palabra "vamos".  Y quedé bajo la mirada inquisitiva de Violeta, algo reprobatoria, como diciendo "Ya le llenaste la cabeza de conceptos raros también al chico..." 

-Le conté uno de los mas conocidos cuentos de Borges, nada más -me atajé-.  Se lo simplifiqué muchísimo:

"Había una vez un señor que no se quería mudar porque en el sótano de su casa, detrás de un pesado armario, descubrió un Aleph: una pequeña circunsferencia donde se pueden ver todos los puntos del universo simultáneamente, todo lo que pasó o pasará o uno hubiera querido que pase, infinitas cosas al mismo tiempo".  El escritor lo describe de esta forma, es bellísimo: 

“Vi el populoso mar, vi el alba y la tarde, vi las muchedumbres de América, vi una plateada telaraña en el centro de una pirámide, vi un laberinto roto (era Londres) vi interminables ojos inmediatos escrutándose en mi como en un un espejo, vi todos los espejos del planeta y ninguno me reflejó, vi en un traspatio de la calle Soler las mismas baldosas que hace treinta años vi en un zaguán de una casa de Fray Bentos, vi racimos, nieve, tabaco, vetas de metal...”

Violeta miró de soslayo la bolita de cristal que los chicos encontraron y -con ojos de niña- se ilusionó:  -¿Será un Aleph?
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Queridos  autores,  si  encuentran  un  ALEPH  en  algún  zaguán 
de una vieja  casa y escarban en el baúl de vuestros propios deseos y recuerdos...  ¿que quisieran ver  reflejado  en  él?   

Quiero compartir con ustedes "el Aleph" de Alejandro Stein, un argentino-israelí que condimenta con toques de asado, Boca Juniors y poesía, su rincón familiar en el Kibbutz Barkai:

"Vi  una pareja besándose en un auto cuando Villa Cariño todavía existía. Vi  a mi equipo en la Bombonera dando todas las vueltas olímpicas que el exilio me hizo perder.  Vi a mis padres, vi una maestra tomando lista frente a caritas mapuches y guardapolvos blancos, vi mi muerte y me negué a saber la fecha,  vi un duraznero en flor y vi sus frutos todo al mismo tiempo.  
Y vi a la misma pareja que se besaba, ahora  desgastada por el tiempo y la rutina. Vi el amor eterno, vi el amor gastado y vi el amor de pago.  Vi la muerte en todas sus versiones y la vida  iniciándose de mil maneras.  Vi el miedo en los ojos de un tipo sentado en el consultorio del dentista y la mirada letal de una serpiente frente a una ardilla. Vi a mi abuela cocinando y casi pude oler el aroma característico de su casa. Y no seguí viendo... porque me aterró  la perspectiva del conocimiento infinito”

Hermoso... ¿no?  Quién hace "click" en comentarios y regala al blog su propio Aleph?

20 oct 2013

Tip 24: Cadenas de Contratiempos

La clienta bonita, divorciada y de treinta y pico largos, contaba en la manicuría de Violeta -con lujo de detalles- la serie de peripecias que oscurecieron su fin de semana.  Si bien fueron contratiempos relativamente minúsculos, la seguidilla le había generado mas de un trastorno, atrasos y tensiones, que ahora relataba con comicidad.

-Una rueda se me pinchó y unos vecinos la cambiaron por la de auxilio, pero al estacionar... vi que la otra goma delantera estaba bajísima.  Hace tres años que pago un seguro que te manda un service o una grúa por si te pasa algo en el camino y hasta ahora  jamás lo necesité, nunca los llamé ni los molesté.  Esta vez intenté comunicarme y me topé una serie de contestadores automáticos y musiquitas cursis que me sacaron de quicio,  Cuando por fin me atendió alguien y me pidió quinientos datos para comprobar mi identidad, me informó sin rodeos y con tono monocorde "su póliza venció el 18 de octubre".  

Sentí como una trompada en medio del rostro.  "Eso fue... AYER" -noté angustiada-.  Le transmití mi desazón a ese tono informe, hablando con la voz quebrada e intentando conmoverlo -contó la clienta- mientras Violeta y yo escuchábamos divertidas, porque la bonita señora de los contratiempos poseía el don de la narrativa oral y contaba la serie de peripecias con el tono patético y burlón de una verdadera "standapista".   

-Pero no hubo caso -siguió diciendo-.  La voz sólo quería cortar la comunicación repitiendo una y otra vez: "Si su seguro está vencido, el sistema no me permite enviarle un móvil de auxilio mecánico".

En fin, les resumo el cuadro de situación -enumeró con la mano que ya tenía las uñas pintadas-. "Noche, los chicos solos en casa, uno de ellos con fiebre, la rueda delantera cada vez mas baja, la rueda de auxilio ya la usé y al día siguiente -hoy- tenía que estar a las 8.00 en mi nuevo trabajo  a 25 km de Ramat Gan.  Me metí adentro del auto y se me cayeron un par de lágrimas. Pero intenté ser resolutiva: llamé a los chicos y le dije al de ocho -aclara- "que es el mas grande" que voy a buscar una gomería abierta y que si tienen sueño se duerman... mami volverá enseguida. Entonces puse el auto en marcha... (estudiada pausa dramática) y NO arrancó.  Intenté otra vez, volví a ingresar el código de la alarma... el auto no es muy nuevo pero tampoco es taaan viejo... pero no hubo caso. Parece que murió la batería.  Quedé como en blackout, paralizada, tratando de encontrar explicaciones fiosóficas y psicológicas a lo que estaba pasando...

¿Por qué esta cadena de contratiempos?  ¿Por qué justo cuando conseguí un trabajo adecuado y conveniente? ¿Por qué ahora, que empecé a salir a flote sola del divorcio que me hundió?

Las preguntas de la clienta quedaron suspendidas en el aire de la manicuría y se mezclaron con el típico aroma de la acetona, los esmaltes y la cera depilatoria.  Violeta y yo la miramos intrigadas.  Hizo una pausa que nos pareció demasiado extensa y anunció el desenlace:

"Entonces sonó mi celular". 
Identifiqué el número de un gordito bastante pesado que me está pretendiendo hace varios meses... -dijo-.  En otra circunstancia ni le hubiera contestado pero en esta ocasión... ¡sentí que lo mandó Dios!.  Violeta y yo nos miramos divertidas y eso la estimuló.

"Ahí estaba, vibrando e iluminando mi teléfono en el momento exacto y en el minuto indicado".  No lo dudé: deslicé suavemente mi yema por la pantalla dactilar del android y antes que él me dijera "¿cómo estás?" eché por la borda discursos feministas y alegatos de autosuficiencia y lo saludé diciendo:  "la vida me está indicando que necesito otra vez un hombre a mi lado".

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Las cadenas de contratiempos son un tema recurrente en la literatura, el cine y el teatro.   Desde la dramática película "Un día de furia"  hasta shows de stand up  donde las dificultades cotidianas se abordan desde el humor, una buena pluma o un hábil narador, pueden transformar situaciones exasperantes que llevan al borde de la desesperación, en las mas deliciosas anécdotas.

A ver autores... ¿quien se anima a aportar al blog el relato de una serie de vicisitudes? Importante:  elijan si el tono será dramático o mas bien de un humor patético...  ¡Espero vuestros escritos!

4 oct 2013

Tip 23: Mueblero tránsfuga o "Cómo insertar un buen diálogo"

Mientras daba los últimos retoques a las cuidadas manos de una anciana rusa que había sido concertista de piano, Violeta contaba con lujo de detalles el altercado entre su marido y un vendedor de muebles de la calle Herzl, en Tel Aviv, un equivalente de la Avenida Belgrano porteña, donde se pueden encontrar juegos de comedor y de dormitorio bastante dignos y a buen precio.

-Prometió que nos enviaria una consola de un color gris patinado muy original, UN MES antes de las fiestas y fijensé, recién HOY la recibimos, tres meses después de haberla pagado- contó Violeta indignadísima.

-¿La pagaron por adelantado? -preguntó una clienta, dando por sentado en su tono que si lo habían hecho eran ingenuos.

-Si, pagamos y esperamos el envío del mueble como suele hacerse ¿o no?...  (comentarios de las clientas)  En fin  -retomó Violeta el hilo de la narración- ¡tres meses lo esperamos!  Llamamos TODOS los dias y cada vez el dueño -un tal Moti- nos respondía "mañana lo recibirán" -relató mi manicura con voz quebrada y un signo de interrogación en la mirada: esa falta de respeto hacia un cliente, para ella era inconcebible-.  Finalmente, mi Marcos se fue hacia la calle Herzl para ver qué estaba pasando... pensamos que tal vez cerró el negocio, o quebró.

Después de  treinta y cinco años de casada, mi manicura seguía llamando a su esposo con suma ternura. "Marquitos" o "mi Marcos" le decía y a continuación, expuso el diálogo inverosímil entre su marido y el mueblero tránsfuga.

-Buenas tardes, soy el que te encargó la consola patinada gris-.

-¿Y qué necesitás?

-¿Que te parece?  ¡Que me la envíes!  Te la encargué hace tres meses y te la pagué...

-Que se va a hacer, el carpintero se murió -interrumpió el tal Moti con brusquedad-

-Ah... lo lamento.  ¿Por qué no nos dijiste?  Hace tres meses que te llamamos y nos prometen "mañana la enviamos".

-Se me pasó... ¿te creés que lo único que tengo en la cabeza es tu consola? -desafió Moti-.

-No entiendo- Mi Marcos trataba de dominar su furia y consternación- ¿así tratás a los clientes?

-Si.  Te topaste con una mala persona, qué vas a hacer.

-Entonces devolveme el dinero, te di dos cheques- solicitó mi marido conteniéndose-. Así como lo ven de bueno,  Marquitos no es de los que se dejan llevar por delante y de golpe, puede convertirse en una fiera.

-El dinero ya me lo gasté.  Si querés te mando esta consola negra, o esta marrón, mirá que linda -ofreció sin escrúpulos-.

-No queremos una consola negra ni queremos una marrón.  Queremos la que pagamos o devolveme el dinero AHORA, atorrante!

-Esperá... no te pongas así... dejame hablar con el carpintero.  ¡Y se puso a marcar un número!- Violeta no podía esconder su asombro ante la desfachatez del susodicho.

-¿¡No se habia muertoooo?! -preguntamos al unísono el grupito de  clientas que la estábamos escuchando.

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Insertar un dialogo como el anterior, de connotación intensa, en un cuento o novela, no es tarea fácil para un escritor.  Un tercero cuenta una conversación entre otras dos personas, un ejercicio verbal al que estamos acostumbrados desde que tenemos recuerdos. Pero al intentar ponerlo POR ESCRITO nos preguntamos:  ¿cómo transcribir la frescura de una conversación, sin perder algo en el camino hacia papel?

Un buen ejercicio es tratar de evitar el verbo DECIR  ("me dijo, te dijo, le dijo") o por lo menos no abusar del mismo, buscando con afán la palabra exacta que refleje lo que sentía el protagonista cuando habló.  

Atención:  pocas veces en la vida simplemente "decimos" las cosas.  A veces las gritamos o enfatizamos, las susurramos, narramos, preguntamos o sugerimos, contamos o nos referimos, explicamos o defendimos, indicamos o respondimos... hay decenas de verbos que pueden reemplazar al simple "decimos".  Buscar el verbo exacto, nos permite mostrarle al lector algo más acerca del estado de ánimo del personaje que replica  (Por ejemplo, si escribimos "enfatizó" estamos contando que el personaje "lo dijo con énfasis")  Observen en el dialogo anterior, como he reemplazado en todos los casos el verbo decir.


A ver, autores... ¿quién hace click en comentarios y aporta al blog algún dialoguito "picante"?

24 sept 2013

Tip 22: Intriga y Esperanza

Hablábamos del ayuno y del perdón sopesando el verdadero alcance del arrepentimiento concentrado en un solo día del año, cuando con un gesto drástico, Violeta me indicó que mirara hacia afuera.

-Esa mujer... ¿la ves?  Vive en mi edificio.  ¡Ni aunque ayune durante dos meses la van a perdonar! -introdujo-.  Una sola vez entró al local y pidió hacerse las manos.   Yo la miré fijo a los ojos y le dije bien fuerte, adelante de todas las clientas:  "No tengo tiempo ni turnos a futuro para vos".  Entonces dio media vuelta y -por suerte- no entró nunca mas...

Abrí grandes los ojos.  Mis uñas ya se habían secado y yo estaba apuradísima, pero me acomodé en el asiento.  La pregunta caía de maduro y nadie me movería de ahí antes que Violeta me contara -con lujo de detalles- que pecado había cometido esa vecina para merecer un desplante tan categórico.

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Violeta era una narradora intuitiva y sin proponérselo, me otorgó un ejemplo magnífico de buen comienzo para un cuento.

El primer párrafo de una historia, debe tener la cantidad de ingredientes necesarios para que el lector sienta CURIOSIDAD e  IMPULSO de seguir leyendo.  Cuando escribimos las primeras frases de nuestro cuento, novela o artículo, vale la pena preguntarnos si tiene la cuota de INTRIGA suficiente y si alberga la ESPERANZA de una buena historia detrás de ese suspiro inicial.

Si creemos que NO... es el momento de re-pensar nuestro comienzo y elegir con paciencia y perseverancia una frase mas prometedora,  que dispare de inmediato en el lector PREGUNTAS (¿qué pasó allí?  -  ¿por qué?)  y UNA CERTEZA  (¡quiero saberlo!)

En ese primer renglón, sugiero introducir vocablos que impacten  y remitan a cuestiones de fuerte impronta.  Como ejemplo, transcribo el comienzo de "El Amor en los Tiempos del Cólera" de Gabriel García Marquez:

"Era inevitable. El perfume de las almendras amargas le recordaba siempre el destino de los amores contrariados".

Observen las palabras que nuestro genio literario eligió:  "inevitable" - "perfume" - "almendras amargas" - "destino" - "amores contrariados".... ¡cuántas PROMESAS en un sólo renglón!   Noten la FUERZA que contiene la palabra "inevitable", presientan el cianuro de muerte escondido en las "almendras amargas", intenten adivinar que depara el destino a un "amor contrariado"...  ¿Qué pasó alli?  es la pregunta
que aflora de inmediato en la cerebro del lector... ¡quiero saber!

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-¿Qué pasó, Violeta?  ¿Qué hizo?  ¿Por qué nunca vas a atender a esa anciana?

Mi manicura disfrutaba en silencio el flechazo de curiosidad que genero en mi.  Estiraba el momento de la revelación paladeando esos instantes en los que mantenía en vilo mi mente de cuento.

-Estuvo en Buchenwald... acusando a los nuestros para recibir favores de los nazis.  Era una famosa "kapo"- dijo por fin.

Me apuré a salir y caminé por la vereda mirando mis manos de jardinera de oficio, que Violeta maquillaba mágicamente una vez por semana transformándolas en la prolija extremidad de una escritora por vocación.
Y me sentí feliz de que mi manicura le escatime a una otrora "kapo" ese minúsculo espacio de intimidad y belleza en donde dos mujeres hablan de la vida y después de 30 minutos, una sale de allí con ganas de acariciar al mundo.

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A ver, autores!   ¿Se animan a regalar al blog un ping-pong de atrapantes COMIENZOS, haciendo click en "comentarios"?  Sólo pido inventar un comienzo... un renglón o dos... que genere una PREGUNTA (¿por qué? -¿qué hizo? ¿qué pasó allí?!  Y una URGENCIA: ¡quiero saber!

12 sept 2013

Tip 21: Perrito o "una historia que termine bien"

Playa de Tel Aviv.  Mediodía de verano y calor agobiante en el año judío recién estrenado.  Poca gente desparramada en la arena, bajo esos parasoles públicos que dan sombra con dificultad.  Mar tibio. Hice un alto en el día laboral, nadé media hora y me estaba secando unos minutos al sol... cuando "la historia" vino hacia mi. ¡Así es la playa de Tel Aviv! Un escenario permanente...

-Mi manicuría no se queda atrás, acá también pasa de todo- reacciona Violeta, que compite conmigo en el tema "telenovela cotidiana".
-¿Qué te pasó esta vez?-

Dos clientas que esperaban su turno para depilación y belleza de pies, se habían abrochado a lo que anuncié y me miraron con expectativa.  Hay narrador, hay una historia para contar y hay publico -pensé-.  
¡Bingo!  La magia comienza...

"Un tipo alto y musculoso se acercó desde la rambla, extendió una toalla cerca del mar y desabrochó su camisa con lentitud.  Vestía un holgado jean clarito con cortes "casuals" pero no se lo quitó.

Hacía todo lo posible por llamar la atención:  silbaba, corría la toalla varias veces de lugar buscando una posición adecuada, se paraba desafiante plantando su metro noventa frente al mar y corrió varias veces hasta la orilla para mojarse los pies.  Tenía el pelo larguísimo, una barba incipiente al estilo Mike Rourke en "Nueve semanas y media" y tatuajes grabados en el pecho y la espalda.  Todo el conjunto le daba un aire de pirata moderno.  

El Adonis extrajo de su mochilita una cerveza que se veía bien helada, la abrió con los dientes, echó un trago generoso en su boca y se recostó a mirar el mar con expresión de "esto es todo lo que quiero en el mundo". Y cuando parecía que su puesta en escena finalizó ¡vino lo mejor!  El fulano metió de vuelta la mano en su mochila y extrajo esta vez algo insólito: un perro diminuto, una especie de chihuaha bebé o enano y lo instó a que le lamiera bastante impúdicamente la boca, una y otra vez. Lo que hacía nuestro protagonista, a la luz del día y de los azorados ojos de los espectadores involuntarios de su show, era darle de tomar cerveza al perrito... de su propia boca.

(Expresiones de repugnancia de Violeta y las dos clientas)

El espectáculo no pasaba desapercibido para nadie:  ese mediodía en la playa, algunos con asco, otros con deseo y todos con estupor, observaban los lenguetazos casi obscenos que esa escultura humana prodigaba a su perrito con la excusa de mitigarle la sed.  A mi izquierda, dos muchachas no sacaban la vista del buen mozón extravagante y prodigaban caricias y mimos al pequeñísimo can, cada vez que éste -medio borrachín- corría hacia ellas haciendo "eses".

El intenso intercambio zoofilico se vio interrumpido de repente, cuando un hombre que caminaba por la orilla vestido de civil, se presentó como "guardia costera" y le indicó al susodicho que en esa playa no se permitían perros.  El diálogo que mantuvieron fue mas o menos así (en hebreo suena mejor, pero lo reproduciré en castellano):

-Disculpá... en esta playa no se permiten animales.
-¿Quién lo dice?  -la pregunta transmitía mas curiosidad que preocupación.
-Hay carteles, mirá...  -el guardia señaló a su alrededor-
-Yo no molesto a nadie y "Goliat" tampoco. Está conmigo, es una pulga casi invisible... ¿te parece que está jodiendo a alguien?

El nombre "Goliat" generó empatía y dibujó una sonrisa en los labios de los presentes.  El guardia miró a las dos chicas de la izquierda y éstas indicaron con gestos que no se sentían perturbadas en absoluto.

-Es verdad, no molesta... pero mi trabajo es pedirte que te retires de esta playa si tenés un perro -insistió el guarda-.  A 400 metros hacia el norte,  hay una zona donde permiten...
-Pleeeease...  -interrrumpió el dueño de Goliat- ¿me dejás empezar el año en paz?  Estoy en mi "break" de almuerzo en el  laburo, vine a fumar un puchito a la playa, a tomar una cerveza, tengo en total media hora... no molesto a nadie.
-Por lo menos ponele una correa -se notaba que el guardia le había tomado involuntariamente simpatía.
-No traje.
-Andá a buscar una a la casilla del guardavidas.
-¿Aquella?  Está como a 200 mts...
-Lo siento, entonces tenés que retirarte ahora.
-Dejame tranquilo  (bebió otro trago de cerveza y mas lenguetazos)
-Me van a despedir, tengo que cumplir mi función.  Ponete en mi lugar...

La amabilidad no funcionó por mucho tiempo.  Dos minutos después ambos levantaban la voz, cada uno firme en su posición.  Y cuando el apacible mediodía estaba por dejar de serlo, una de las chicas de la izquierda decidió intervenir y se dirigió al guardia costero.

-¿El guardavidas tiene una correa?
-Así es.
-Si la traigo... ¿Goliat podrá quedarse?
-Efectivamente.
-Voy a correr hasta la casilla, me llevará dos minutos ¿Vale la pena empezar el año discutiendo?

Un ratito después, Goliat con correa, su dueño, las dos chicas de la izquierda y el guardia costero, chocaban botellitas de cerveza celebrando el encuentro, deseándose un año feliz y una buena firma en el Libro de la Vida.  Cuando me fui de allí, intercambiaban celulares y planeaban la comilona con la que romperían el ayuno del Día del Perdón...

¡Que tengan un buen año, autores! ¿Quien hace "click" en comentarios y aporta al blog esta vez un cuento con un conflicto en el que haya conciliación "kipuriana"  y al final  termine BIEN?   

4 sept 2013

Tip 20: Innovar

-Llevate de regalo un esmalte... -ofreció mi manicura después que le pagué y mientras esperaba que mis uñas relucientes se secaran de una buena vez.  Y explicó:  -Regalo de Rosh Hashaná... para empezar el año nuevo coloridamente.

-Mirá vos, qué linda idea... ¡gracias! -acepté gustosa- y cuando mi vista se paseó indecisa entre la gama interminable de colores de moda, Violeta vino en mi auxilio.

-Tenés que elegir el color en función a lo que verdaderamente deseás para el año que comienza.  
La miré con curiosidad y la aclaración no se hizo esperar.

-¿Te inclinás por un año de PAZ universal?   Entonces llevá este rosado claro- ofreció.

Dudé.  Me importa muchísimo la paz en el mundo, sobre todo a la luz de los últimos acontecimientos aquí en Medio Oriente.  Pero preferiría desear algo... mas personal.  Y la perceptiva Violeta lo notó enseguida, por eso continuó describiendo opciones.

-¿Querés vivir una pasión este año?  Entonces agarrá el rojo oscuro.   Pero si preferís un amor de aguas calmas, un compañero de verdad, te sugiero el azul o este verde muy particular, casi turquesa.  Y  NO ME MIRES EXTRAÑADA...  esto no falla.

Violeta continuó hablando con seriedad científica.  A esa altura, varias clientas se reunieron alrededor del centenar de frasquitos expuestos y la escuchaban como a una profetiza, considerando prioridades.

-Si alguna quiere mayor independencia económica o afectiva, le sugiero uñas esculpidas con motivos de alto impacto.  A éstas, por ejemplo, les pinté un mini-dragón o fijense este motivo... un ala de ángel y un tridente de demonio.   Pueden elegirlas en lugar de un esmalte; las mujeres que las llevan muestran mas fuerza y personalidad.

Un rato mas tarde, toda la cuadra especulaba acerca de la relación entre colores y deseos. 

No les voy a revelar que elegí yo, queridos autores.   En cambio,  he de alabar la originalidad de mi vecina Violeta para agasajar a sus clientas con motivo del nuevo año hebreo, en lugar de conformarse con el tradicional Shaná Tová u Metuká.

Eso si:  les cuento que el esmalte rojo-pasión se acabó y que ya nadie confía en lograr la paz en el mundo.  A las uñas esculpidas no les fue mal y el azul del compañero de telenovela se agotó casi tanto como el color del amor desaforado.       

Los años pasan, se suceden las generaciones y me parece que los deseos  -como las ideas en literatura- suelen ser los mismos.  Aunque desde el fondo del corazón deseamos siempre "salud, dinero y amor" como pedían nuestras abuelas, donde podemos en serio innovar 
es en la manera propia de formular esos deseos.   

Por eso, lanzo el TERCER DESAFIO LITERARIO del Blog:  ¿se animan a hacer "click" en comentarios y regalar al blog un deseo propio, mínimo y particular... que a la vez sea universal y sirva para todos?

Como mi  Shaná Tová Teatral...

"Que tengan un año ES-PEC-TA-CU-LAAAAR!  Elijan el mejor ESCENARIO para vivir una vida auténtica, en la que sean PROTAGONISTAS coronados con APLAUSOS y EXITO en todo lo que emprendan".

23 ago 2013

Tip 19: Un buen final

En la manicuría, la conversación giraba en torno a los preparativos por la llegada de las Altas Fiestas en Israel.  Pero Violeta no participaba de la discusión:  pintaba mis uñas demasiado concentrada y sin alternar con las otras clientas, que intercambiaban recetas del delicioso "guefilte fish" que suele servirse en la tradicional mesa del año nuevo judío.

-La fórmula secreta de Violeta es imbatible- la estimulé para que revele y participe.

-No le hagan caso- esquivó.  Hago un pescado relleno como cualquiera, sin mayor mérito...
Y se sumergió en su rol de manicura con sospechosa obsesión, sin levantar la vista de mis dedos y acicalándolos como si fuera lo último que iría a hacer en este mundo.

Dejé de escuchar las voces a mi alrededor... ¿qué pasaba con mi querida vecina que -año tras año para esta fecha- derrochaba esperanza, alegría y el espíritu de los nuevos comienzos?

Parece que sintió mi mirada inquisidora sobre su frente gacha, porque de pronto, levantó sus párpados cansados y confesó con resignación, en un directo, íntimo y grosero lunfardo porteño:

-El año termina para el carajo, flaca.  Mi hija se divorcia, mis nietitos lloran sin entender que pasa y mi negro, el Marcos... nunca tuvo tantos problemas de salud.  La "receta" para la noche de Rosh Hashaná será estar con él en un hospital y consolar a mi hija, porque los chicos festejarán con la familia del padre... 

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En la vida real hay imponderables:  a veces, somos atravesados por situaciones que no elegimos y que terminan como nunca hubiéramos deseado.

Pero en los cuentos y películas que creamos, en las obras de teatro y novelas que surgen de nuestra imaginación... somos los dueños y señores de la "última palabra".  En nuestra cabecita creativo-literaria está la clave y la voluntad del destino de cada uno de los personajes. ¡Qué omnipotencia y felicidad!  En mi historia puedo ganarle a un cáncer,  salvar a un niño de un incendio devastador, hacer chocar los planetas justo en una era de paz o decidir que una peste desconocida diezme la población de la Tierra.

Cuando nos enfrentamos a la angustia de no encontrar "un buen final" para el cuento o la historia que estamos escribiendo, pongámonos en la piel de cada personaje y juguemos con todas las opciones posibles...  ¿La mujer se va y el hombre se queda?  ¿O seguirán juntos?  ¿O es el hombre el que se va y la mujer se queda? ¿O uno de ellos -de golpe- muere de un síncope? ¿O algo externo define el futuro de ambos?  Cuando escribimos somos todopoderosos y vale la pena aprovecharlo,  intentando SORPRENDER al lector-expectador y buscando no escribir finales OBVIOS o PREVISIBLES.

Cuando por primera vez vi en el cine la película Thelma y Louise, nunca imaginé que el autor del guión resolvería la situación frente al Cañón del Colorado, tal como lo hizo.  Es un buen ejercicio pensar otros finales posibles que presenta la historia, desde el momento en que las entrañables protagonistas se ven acorraladas por aire y tierra por la policía de la costa oeste.

Y vos, autor... ¿te animás a hacer "click" en comentarios y regalar al blog una narración propia o no, cuyo final te conmueva?