14 ene. 2015

"Amanece, que no es poco"

El Tercer Encuentro de Lectura de Trabajos Propios en el Instituto Cervantes de Tel Aviv, reunió a un grupo de escritores que aceptaron el desafío de escribir un cuento corto (una página) que comenzara como "El Pasajero" de Manuel Mujica Láinez:  "Esto sucedió un 31 de diciembre, aquél 31 de diciembre lluvioso y triste...".
La reunión fue un remanso, un oasis en medio de la vorágine de la vida cotidiana.
Fueron leídos dieciséis trabajos de catorce autores y luego, todos los presentes -escritores y acompañantes- emitieron un voto del público a favor de los cuentos que más los conmovieron.

El más votado, fue el trabajo del autor Pedro Muñoz Fernandez, titulado como este post del blog y como una famosa película: "Amanece, que no es poco".  Disputó el primer puesto gallardamente y codo a codo con el cuento de uno de los "profes" del Cervantes -Joaquín López Toscano- titulado "Fin" .
A cotinuación, fotos del encuentro, listado de autores con los respectivos títulos de los trabajos presentados y... como broche de oro, los dos cuentos más favorecidos por la opinión de los presentes.

Zeev Galkin   -  “Niveles” y  "Soledad"           
Tzvi  Bluvstein  -  "Cuensayando"
Ale Stein   -  “Historia de una Foto”
Lucía Wasserman  - “La Trucha”
Daniel  Kritz    -  “El Sonido del Silencio”
Pedro Muñoz    -   “Amanece que no es poco”
Vivian   Schul  -  “¿Morir a la Edad de Cristo”  y "Agonía en una botella de San Peregrino"
José Charbit   -   “Cuando el Fin de Año no fue tan bueno como  pensábamos y el que vino
después fue peor que el  anterior”                                                                                              
M. Jesús (Chus) Saiz   -  “Año Nuevo, Vida Nueva”              
Joaquín L. Toscano   -  “Fin”
Mariluz Rivera Sierra  - “La Vida en un Minuto”
Nelson Guilboa  - “Fue por lana… salió esquilado”
Analía Ring  -  Vicente y Yo
Jack Michonick -  "San Silvestre , Catalítico del Amor"      
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Los cuentos premiados, podrán leerlos en la página principal de este blog, haciendo "click" arriba, a la derecha, en la ventana titulada "Cuentos de Otros Autores" 

17 comentarios:

  1. Fue muy grato el encuentro y muy dificil votar pero algunos se destacaron por el dominio del castellano, otros por la sensibilidad, por la poesia, por lo interesante...una terrible decision .
    Les anexo mi colaboracion al evento que la escribi en diciembre y estaba impciente por leer.
    Si bien no fui muy votado igualmente sali con el corazon confortado por el caluroso aplauso que me regalaron los participantes.
    Beer Sheva, Enero de 2014


    El sonido del silencio

    Esto sucedió un 31 de diciembre, aquel 31 de diciembre agobiante e interminable.
    Los minutos pegajosos se adherían unos a otros como no queriendo transcurrir.
    Al acercarse la noche la Luna se rodeó de un halo amarillento en un cielo rojizo y sin nubes.
    Los perros y gatos de las ciudades lloraban afónicos.
    Las calles estaban desiertas, el transporte público no circulaba y los autos particulares estaban estacionados.
    Las señales de tránsito parpadeaban inútiles, conversaban en un lenguaje mudo con los carteles luminosos.
    La gente estaba recluida en sus casas.
    No había botellas de sidra ni de champagne enfriándose en las heladeras.
    En los hospitales ya no se operaba.
    En las últimas horas de ese 31 la negra aguja de la angustia desgarraba los corazones.
    La arena del reloj comenzó a fluir implacable.
    Algunos disparos de los suicidas rompieron el sonido del silencio.
    En los últimos minutos se escucharon algunos murmullos
    Casi a las doce, como en una ironía, comenzaron a sonar las sirenas.
    A las doce en punto...alguien...apagó la luz.
    Daniel Kritz,

    .

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  2. Fue hermoso estar ahi con ustedes. Todos tan buenos escritores , sencibles y talentosos.

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  3. Pedro, te felicito por el premio muy merecido. Disfrute mucho en el curso compartiendo tus cuentos y sintiendome parte de ellos. Sos un escritor nato. Espero que sigas creando y cosechando satisfacciones.
    Un fuerte abrazo para Chus y otro para vos.
    Dorit Atar

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  4. CUENSAYANDO...
    Esto sucedió el 31 de Diciembre, aquel 31 de diciembre tormentoso y triste. Medianoche y no podía conciliar el sueño, por cierto aliento frígido que molestaba al resto del cuerpo, totalmente cobijado, salvo un frío que penetraba por algún rincón ignoto a mis espaldas, no importa que piruetas hacía en la cama para cubrirlo.
    ¿Cuanto tiempo puede uno concentrarse en un disgusto así? De manera que, divagando, entré a pensar en el cuento de hasta 250 palabras que me comprometí a escribir, incitado por un buen amigo con intenciones de llevarme a ensayar también ese género literario.
    Una noche oscura triste no está mal para un relato futurista. Nuestro personaje, aficionado a ciencia ficción, se duerme en medio de un relato de Ray Bradbury, participando de una pesadilla de sangre, sudor y lágrimas con criaturas y entes espaciales, en cierto momento crucial suena el despertador, se despabila y lo primero que atiene a decir es "este Bradbury ya me tiene mal"... ( el recurso un poco usado y falto de imaginación)
    ¿Quizás un visitante inesperado e inoportuno timbrea en la puerta? ¿Una amenaza criminal? ¿Un hijo que desapareció hace unos años? ¿Un agente vendedor de seguros? ¿Un bebé depositado en una cesta?
    Al baño ya fuí dos veces, estoy incómodo y movedizo en la cama, mi esposa también se levanta hacia el baño y pregunta ¿qué te pasa...? Le explico, ella acomoda firmemente la frazada y pregunta ¿y que con el cuento? Mirá, ya se me terminaron las palabras...


    Tzvi Blubshtein - 250

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    1. Agonía en una botella de San Peregrino
      -Sucedió un 31 de Diciembre. Aquel 31 de diciembre frio y lluvioso, todos te vimos debajo de los nubarrones. ¡Fue un crimen premeditado!
      - ¡Culpable! -¡Sádico! -¡Sicópata!- prorrumpen voces detrás del estrado.
      El árbitro supremo se voltea para reprenderlos. En su tono, la ternura de un padre más entretenido que enojado: -Rafael, Gabriel, un poco de compostura. No olvidéis en donde estamos. El finado va a creer que ha aterrizado en una taberna.
      El reo parece desorientado. Nunca antes había estrenado la condición de flamante cadáver.
      -¿Admites tu culpabilidad?, inquiere el juez. -¿Cómo? ¿No te acuerdas?- indignado, se vuelve hacia su séquito. -¿Habéis oído? ¡No sabe nada!- Se sacude un rizo plateado de la frente y sobreponiéndose a su natural indolencia intenta zarandear la memoria del acusado. –Debutaste un 31 pero reincidiste durante años. ¡Las aniquilaste a sangre fría!
      -¡Yo lo oí! exclama el arcángel Uriel. El 30 le comunicó a su enamorada que para año nuevo tomaría medidas drásticas.
      -Sí- confirma Miguel, -declaró que ya no las soportaba.
      -Yo lo vi volver el 31 con el aparejo de tortura. Una botella de plástico de agua mineral. En su fondo, un almíbar acaramelado. ¡Maquinaria enfermiza! ¡Diabólico artilugio! Fue él quien la dejó abierta.
      -Las moscas, indefensas, ingresaron por el gollete a centenares- empalma Rafael zangoloteando.
      -Entraban, pero no podían extirparse del tétrico anzuelo- explica Gabriel. Miles de dípteros perecieron. Una hecatombe. Aterradas, se golpeaban contra las paredes del envase, aleteaban, convulsionaban, y al final caían exangües. Murieron enviscadas en la alevosa miel.
      -¡Transformadas en negro y pegajoso holocausto!- Y él, bestia sanguinaria, trajo otro recipiente- corona Uriel con voz fúnebre.
      -¡Mosquicida! -¡Asesino! -¡Genocida!- claman los ángeles.
      -Hijos míos. ¡Calma!- interrumpe el sumo pontífice. Procedamos según las reglas celestiales de este tribunal. ¿Reo, cómo justificas tus actos?
      ¿Zumbidos en medio de la noche? ¿Trompas negras hundiéndose en tus alimentos?
      Criatura mía, no se puede ir por el mundo ajustándole las clavijas a cada ser que nos importuna con un ruidito o que degusta nuestro pan-
      El juez prosigue con la retórica propia de experimentados magistrados:
      -Testigos, acusado, víctimas: No nos hallamos frente a una muerte instantánea, como el golpe exasperado de un diario vespertino o la iracunda vaporización de un producto Bayer. Arrojos, impulsos, raptos, mortíferos cierto, pero sin preconcepción ni perversidad. ¡ésta es una artimaña infernal!
      -¡Guillotinadlo! -¡Arrojadlo a la hoguera! -¡Descuartizadlo!
      -Arcángeles -interrumpe con dulzura el de la nívea barba- no os dejéis extraviar por los sentimientos. Conservemos la lógica y la razón. Un difunto no puede volverse cadáver dos veces.
      Habiendo expuesto tan irrefutable argumentación el soberano se voltea hacia su preferido:
      -Rafael, éter puro y desinteresado ¿qué propones?
      El ángel se arrima al ministro y le murmura algo al oído.
      -¡Muy bien Rafael! ¡Buenísima idea!
      -Detenido, póngase de pie.
      Los arcángeles, serafines, querubines y demás miembros de segunda y tercera categoría de celeste linaje, aunque ignorantes del uso del aire, retienen la respiración para oír mejor la sentencia.
      -Este tribunal te condena por el resto de tus desayunos a que untes tus tostadas con la jalea cadavérica que quedó en el fondo de tus botellas San Peregrino.

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  5. Año nuevo, vida nueva
    Maria Jesús Saiz
    Esto sucedió un 31 de diciembre en Oviedo, aquel 31 de diciembre lluvioso y triste, como otros tantos días de invierno en el Norte de España.
    En esa vetusta ciudad, mi novio, Juan, había cursado sus estudios de ingeniería e iniciado la relación casi mística con el grupo formado por 3 hombres y dos mujeres con el que siempre nos reuníamos para fin de año.
    Durante años, intenté en vano un inicio de año diferente. No me gustaba acudir a esas fiestas en las que el alcohol y la cocaína se adueñaban de la voluntad de los asistentes y en las que poco antes de las 12 desaparecían los 5 compañeros y no regresaban hasta pasados dos días.
    Las primeras veces no me molestó esa curiosa práctica y me dejé seducir por el ambiente relajado y sensual que aportaban personajes apuestos que estimulaban la lívido ya caliente de los que nos quedábamos en la fiesta esperando a nuestras parejas.
    Fue en la tercera fiesta cuando la imagen del espejo reflejó mi rostro lloroso mientras un extraño me hacía el amor. Salí corriendo gritando el nombre de Juan, que obviamente no apareció. Fue la policía la que me ayudó cuando me encontró desorientada y perdida en un callejón.
    A los dos días Juan apareció en el hotel, como en años anteriores, sin preguntar y sin contar. Yo también, decidí callar. El silencio no vino sólo y se instaló con dolor y desconfianza en mi interior.
    Ese último año fue duro y tras el aborto sufrido, mi corazón se quedó herido. Nuestro distanciamiento fue cada vez mayor. Éramos dos solitarios que compartían habitación.
    Así llegamos hasta noviembre cuando repetimos nuestra discusión otoñal.
    - He reservado unos billetes para pasar el fin de año en un balneario con cotillón. Será una fiesta tranquila y tendremos una velada romántica. No quiero volver a iniciar un año sola- susurre mientras me mordía el labio recordando el año anterior.
    - No iremos. Ya conoces donde pasamos esos días del año- comentó Juan de forma tajante.
    -No quiero volver allí, no sé qué haces cuando desaparecéis y porque me excluyes-respondí.
    -No entiendo tus quejas, por sólo dos días que no estoy contigo. Es mi mundo y creo que no es mucho pedir - Me espetó Juan.
    En ese mismo momento mi mundo al igual que la esperanza de un futuro común , se derrumbó . Aún así fuimos a Oviedo y allí, aquel 31 de diciembre me comunicaron el nuevo embarazo.
    Por la noche fingí no encontrarme bien para no ir a la fiesta. Juan no se planteó el quedarse a mi lado y se fue con su secreto. Yo con el mío. Con un beso le di el último adiós. El año nuevo y las nuevas vidas lo serían sin él.

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    1. Felicitaciones. Una historia contada con mucha sensibilidad.

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  6. Soledad


    Esto sucedió un 31 de Diciembre, aquél 31 de Diciembre tormentoso y triste, que nadie se atrevía a salir a la calle a recibir el Nuevo año.

    Madrid estaba blanca por la nieve; las huellas de mis pisadas quedaban grabadas y rápidamente recubiertas por copos que no cesaban de caer. ¿Qué buscaba yo allí?

    Un alma con quien cambiar augurios. La campana de la iglesia dio el primer aldabonazo; algo raro me sucedía y ya sonaba la segunda de las doce campanadas. Miré hacia atrás y no ví mis huellas.

    ¡La blancura desapareció! Volví sobre mis pasos y los árboles del parque resaltaban sobre un cielo despejado. Avanzé y al tercer anuncio ya no hacía frío y en lugar de la iglesia aparecía un edificio enorme.

    Juro que me asusté; detuve mi marcha, sonó la cuarta campanada y comenzé a correr, reconocí la ancha Avenida de Buenos Aires, y un calor envolvió mi angustia. No pude retener mis lágrimas.

    Me hallé dentro de una multitud que festejaban gritando "Cinco…seis…". También yo gritaba "Siete… ocho…"



    Sentí el frío de medianoche y una mano que me abrazaba, calmando mis gritos "Nueve… diez…". El anciano Español repartió conmigo su Pan Dulce y juntos elevamos "Once… doce" como una plegaria, una canción a la amistad humana.

    Zeev - 213

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  7. SAN SILVESTRE: CATALÍTICO DEL AMOR
    Jack Michonik

    Esto sucedió un 31 de diciembre, aquel 31 de diciembre inolvidable y alegre, cuando te conocí en la fiesta del Club Noel. Llevábamos bailando más de una hora sin cambiar de pareja, pues tan pronto nos conocimos simpatizamos de inmediato y hasta tal punto la atracción mutua fue fuerte, que no quisimos separarnos en toda la noche. La música cesó de repente y todo el mundo, en voz alta y al unísono, principió a contar retroactivamente: Diez, nueve, ocho… Faltaban segundos para la iniciación del año nuevo. Tres, dos, uno. Hubo una explosión de alegría. Yo te abracé y nos dimos un beso, como se besaron muchas parejas. Mas el nuestro no fue el beso tradicional de Año Nuevo. Yo aproveché el momento de euforia para darte un beso en la boca, largo y lascivo, y tú lo correspondiste. ¡Qué osadía la mía! ¡Qué coraje el tuyo! Es posible que ese beso hubiera tenido lugar de todas maneras, pero no dos horas después de habernos conocido, sino dos días o semanas más tarde.
    El miércoles pasado, 31 de diciembre de 2014, cuando estábamos bailando, 50 años después de aquel 31 de diciembre, pensé que en nada me baso para creer que ese primer beso delicioso, largo y lascivo, hubiera tenido lugar de todas maneras. Tal vez no hubiera ocurrido y nuestras vidas hubiesen sido diferentes. Tal vez no nos hubiéramos casado, no hubiéramos tenido dos hijos, no hubiéramos estado bailando el miércoles pasado. Definitivamente: ¡San Silvestre hace milagros!



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  8. Niveles


    Esto sucedió un 31 de Diciembre, aquél 31 de Diciembre caluroso y alegre, una multitud en la gran plaza de la ciudad, todos dispuestos a festejar y brindar por el Nuevo Año.

    Como muchos de los reunidos, estaba yo con una botella de Sidra y una copa en mis manos, esperando la hora 12, cuando percibí que una mano se metió en mi bolsillo; tiré todo y lo atrapé, con mi billetera.

    En la comisería noté que el joven delicuente, porteño sin duda, tenía facciones simpáticas y se expresaba muy bien. Yo dí mi denuncia, a él lo llevaron a prisión. Volví a la plaza, pero ya estaba vacía.

    Retorné a la policía con sidra y pan dulce, pedí hablar con el preso y así comenzó una amistad verdadera, de corazón a corazón. Le propuse estudiar, para lo que mis amigos profesores vendrían a la carcel a instruirlo, en su liberación comenzaría una vida en nivel mas elevado.



    Pasaron los años, en un 31 de Diciembre, yo vagaba por aquella plaza y se me acerca un señor, botella y copas en sus manos, me invita a brindar al nuevo año. Reconozco a aquel delincuente; bebiendo, él responde a mis preguntas sobre su vida.

    –Ahora no meto mano en bolsillos. Ahora llenan los míos con decenas de miles de billetes. Soy un político muy considerado– me respondió.

    Zeev / 227 palabras

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  9. Ambos magníficos. Casi imposible escoger.

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  10. ¿Morir a la edad de Cristo?
    Sucedió un 31 de diciembre. Aquel 31 de diciembre húmedo y sofocante, Diógenes se dijo:”¡no más! ¡33 años es suficiente!” Decidió subir a pie los quince pisos de su inmueble hasta llegar al techo, y cuando en las calles la muchedumbre estuviese abrazándose para aclamar la medianoche, él realizaría su descenso final sobre Lima. Le demostraría a esa ciudad de mierda lo jodida que estaba.
    Escaló el primer piso, descansó en el rellano y miró por la ventana. El estacionamiento del edificio de en frente estaba casi desierto. “¡Esos estúpidos habían salido a festejar! No sabían que al universo le importaba un carajo esa fecha”. Trepó hasta el segundo: En el departamento vecino mujeres emperifolladas y hombres con camisas de lino bien planchadas entrechocaban sus copas. El tintineo de los vidrios y las risas penetraban por el ventanal de las escalinatas. “¡Necios! ¡No habían entendido nada!” Desde el último escalón del tercer nivel descubrió, sentado detrás de una pianola eléctrica, al joven que veía todos los días en la calle. Iba siempre en silla de ruedas, empujado por una señora de edad. Su cabeza pendía eternamente de lado, y de sus labios congelados en una mueca resbalaba un hilillo de saliva. El joven era sociable, siempre que lo veía sacudía traqueteando la mano, cuyos dedos permanecían en dolorosa extensión, y tartamudeaba unas sílabas torcidas e incomprensibles, esbozando el borrador de un saludo matinal. -Parálisis cerebral- le había explicado la dama que lo empujaba. Últimamente lo veía pasearse con un par de audífonos. -Adora la música- le aclaró a Diógenes la acompañante, inclinándose sobre la silla para besarlo en la frente.
    Ese 31, desde su otero escalonado, Diógenes se dedicó a observarlo. El muchacho parecía transportado por una felicidad que al treinteno le era hace mucho desconocida. Mientras aporreaba torpemente las teclas del instrumento sus labios se iluminaban, venciendo momentáneamente la crispación en la cual habían sido enjaulados desde su nacimiento. A la par que martilleaba el piano, la baba le caía por las comisuras mojándole el cuello. Y el muchacho sonreía, sonreía. Diógenes aguzó el oído hasta percibir unas notas. Era la novena de Beethoven, abofeteada y desentonada. Y el muchacho seguía sonriendo.
    “¡Qué carajo!” se dijo Diógenes. “¡Soy un imbécil!”
    Bajó corriendo los tres pisos, salió del edificio y se precipitó al ángulo de la Avenida José Pardo con Larco, justo cuando un amasijo de voces se desgañitaba gritando: -¡once y cincuenta y ocho!, ¡once y cincuenta y nueve!, ¡¡las doce!!-
    Una muchacha se le tiró en brazos y le deseó feliz año.

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  11. Duele, Vivian
    esa expresion de la felicidad a todo costo contra los deseos de suicidio...

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  13. CuANDO EL FIN DE AÑO, NO FUE TAN BUENO COMO PENSABAMOS Y EL QUE VINO DESPUES FUE PEOR QUE EL ANTERIOR

    Esto sucedio un 31 de diciembre ,aquel 31 de diciembre tormentoso y pasional. "
    No hubo una noche asi en toda mi vida.
    La tormenta tuvo mucho que ver.
    No podia dejar de pensar siquiera un momento, en que seria de mi sin ella.
    Yo no entendía, que es el amor.
    La lluvia no paraba de caer, el frio se mezclaba con el viento, sin decidirse, que lado tomar.
    Sus ojos color de almendra, se reflejaban en mi mente, sin poder abandonarlos.
    Su rostro. Que hermoso era ! A pesar que mis amigos, no pensaban lo mismo.
    Ella me quería, sin saber demostrarlo. Yo la amaba, sin poder contenerme.
    La tormenta seguía, parecía que no se iba a terminar nunca, pero si. Lo que nunca se acaba es la muerte. Una lluvia, por mas fuerte que sea, siempre nos dice adiós.
    Mi amor, en cambio, no me dijo nada, simplemente, no me llamo mas.
    Que habrá ocurrido, como no me di cuenta que algo se terminaría?
    Justo ese fin de año, cuando todos se preparaban a festejar, yo me arrincone en mi habitación, para no salir hasta después que el ultimo habitante de esa casa, se hubiera ido.
    Como dice el poeta:"Dios y mi canto, saben a quien nombro tanto."
    Se fue para no volver. Justo ese dia, tan importante para muchos, tan insignificante para mi.
    No paso por mi mente, que algo asi podría ocurrir.
    A veces, las ilusiones son dañinas, malas, confusas. Hacen de uno un niño, pensando que el presente es el futuro, y el hoy es el pasado.
    Cuanto daría por el dia de ayer, que todavía, todo era florido y con aroma de primavera !
    Pero el hoy esta todo marchito, como si el verano hubiera caído, con todo el peso de su alma.
    Pensé que ella llamaría incluso un minuto antes de medianoche….,pero pasaron los minutos, también las horas y los días y yo aquí ,contando historias que no sirven de nada, para presentarme ante un puñado de gente, que tal vez les haya pasado algo parecido.
    FELIZ AÑO NUEVO!!

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