17 may. 2016

Revolución

Con verdadera felicidad presento en esta ocasión en el blog, uno de los tantos relatos sabrosos de Joaquín López Toscano.  Este profesor de español con frondosa imaginación, destellos de humor, ironía y un envidiable dominio de la lengua, logra delinear personajes con maestría (noten la acertada elección de los nombres) y desarrolla tramas ágiles, que no decaen ni por un segundo.
Los dejo con "Revolución"... ¡que lo disfruten! Apreciaremos que hagan "click" al pie, en Comentarios y nos dejen vuestra opinión.

REVOLUCIÓN  
Por Joaquín López-Toscano

Genaro de Cilintrio yacía en el vestíbulo de su mansión con una daga uraloaltaica hundida entre las paletillas. La daga era suya, pues además de empresas en bancarrota coleccionaba armas. Las adquiría en mercados remotos, calculaba su valor real (e incluso el que podrían llegar a alcanzar) pagaba dos pesetas, las limpiaba, remozaba y las sacaba a Bolsa como nuevas o, en el caso de las armas, les sacaba brillo día a día. Su panoplia lucía alrededor del vestíbulo, precisamente. 

Sus invitados, congregados en la escalera, no daban crédito. Estaban jugando al asesino: una persona es elegida como criminal sin que los demás jugadores lo sepan. Se separan todos y el criminal elige el momento para hacer sonar un gong, el cual simboliza la realización del acto criminal. Entonces todos se reúnen otra vez y celebran un juicio. Echan a suertes quién será el fiscal y por medio de múltiples interrogatorios han de descubrir al "asesino." Puede ser un timbre, una bocina o cualquier cacharro, pero Genaro, anfitrión donde los haya (o haya habido) realizó una llamada al Consulado de China e hizo traer un gong dorado para ese fin de semana.

Primero llegó la policía, que les prohibió abandonar la propiedad, luego el forense, que dictaminó muerte por una única incisión con arma blanca, inter-omoplática, inclinada diestramente para evitar la espina dorsal y traspasar los tejidos hasta llegar al corazón. Finalmente llegó el Inspector, que se parecía a esos Cristos con barba de las iglesias románicas, con ojos almendrados y mucha serenidad. 

Dispuso los interrogatorios en la biblioteca. Preguntaba con voz profunda y amable y no se escuchaba el rasgueo de su escritura en el papel cuando tomaba notas, tan discreto era.
Al tercer encuestado, el Inspector empezó a verse como Poirot en el Orient Express. Tenía la sensación de que era uno de esos casos en que todos los sospechosos habían matado a la víctima. Científicamente, esto no era posible, pues como le había corroborado el pequeño forense, la incisión era única, experta y directa al corazón.

La Sra. de Vélez-Diapasón había estado años liada con el anfitrión Genaro de Cilintrio y tras implorarle que no le contara nada a su marido, le confesó al Inspector que no le importaría haber matado a Genaro, ya que le dejó plantada por la primera fresca que pasaba por allí.
La fresca en cuestión era Guillermina de Bobantes, a quien según sus palabras tampoco le habría importado asestarle la puñalada entre las paletillas a semejante animal.
- "Un maltratador absoluto, Sr. Inspector"  

El Sr. Vélez- Diapasón sabía perfectamente lo de su esposa pero había hecho la vista gorda pues no era amante de escándalos ni partidario del divorcio.
-"Pero, créame, Inspector, no puedo decir que su muerte me haya afectado lo más mínimo...¿Cómo se puede ser tan hipócrita, años engañándome con mi esposa y ser capaz de tratarme como el amigo de siempre, como si nada?"
Al Inspector le pareció este un punto de vista especialmente interesante y lo subrayó.
A Vélez-Diapasón, le siguió María Adela Siles, antigua socia de Cilintrio. Tampoco le habría importado figurar como autora del crimen:
- "...hizo que la Junta me mandara a una clínica de rehabilitación y entonces aprovechó para malvender mi parte... Sí, fui tonta. Bajo los efectos de las drogas, firmé, cómo iba a pensar que..."
- "A usted le tocó ser la asesina en el juego ¿no es cierto?
- Sí, ojalá pudiera habérsela clavado en el pecho, pero mi pulso falla, ya sabe...  bebida..."- dijo esto sonriendo débilmente.
El Inspector anotó: desamparo, y llamó al siguiente sospechoso.

Ramiro de Cilintrio y Coriandro entró con su gemela, Camila. Manifestaron ser inseparables y el Inspector no tenía ganas de discutir. Ramiro reconoció, con toda la coherencia del mundo, que él era el principal sospechoso, pues heredaría una inmensa fortuna de su tío esa misma semana. Su hermana se declaró algo menos sospechosa con toda la razón, pues solo le correspondía el 25% de los bienes:
- "Era tan machista, el viejo..."
Al Inspector le agradó encontrar honestidad y sensatez en la juventud de aquellos hermanos y no pudo más que felicitarles por su nueva situación.

Quedaban Ludovico Fissoni, cantante, que resultó odiar a Genaro por su homofobia y tal vez también por poseer una colección de marfiles mejor que la suya; el Marqués de Jacutoria ("llegó a hacerme chantaje con aquella transacción ¿sabe?") y la Marquesa de Jaculatoria cuyo odio hacia Genaro se debía a la ruina a la que había llevado a su marido, a su familia, a su apellido (ella era la portadora del título). El Inspector dedujo que debía referirse a lo del chantaje.
"Toqueteaba a mi hija cuando le daba la gana",  "Después de tantos años ni siquiera recordaba nuestros nombres" o "tuvo a la pinche y al jardinero sin contrato casi tres años" fueron algunos de los comentarios del servicio.

Cansado, el Inspector cerró la libreta y llamó al forense a su presencia:
- "Suicidio o accidente. Decida usted."
- "Pero, Sr. Inspector, la daga estaba clavada entre las paletillas..."
Le dio a leer las notas del interrogatorio al forense. Este entendió. Además, el Inspector podía resultar muy convincente:
- "Usted sabe como yo que la gente como Cilintrio todo lo puede. Incluso clavarse un puñal de su colección entre las paletillas con sus propias manos"- dijo alzando las cejas.
El Inspector le hablaba con la mano derecha levantada, como desde una mandorla. El forense lo miraba pensativo.
- "Todo lo puede"- repitió el Inspector.
El forense asintió lentamente y a la mañana siguiente, publicaron el siguiente titular:
"Se suicida Genaro de Cilintrio"

El grupo de amigos invitados a la mansión se separó como los espías de las películas: una vez realizada la misión no habrían de volver a verse jamás, excepto los gemelos afortunados.
Y el Inspector regresó a casa satisfecho, en un manto de ecuanimidad.

7 comentarios:

  1. original, entretenido, con humor e ironía y final nada usual par una encuesta policial. Me encantó.

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  2. 1) Me gusto mucho si bien me cuesta el Castellano tan castizo de Joaquim.
    2) Un final tan sorprendente no se si da a lugar al titulo; suponiendo ese ser el motivo del mismo.
    3) Yo corregiria algunas frases, pero es una cuestion de estilo.
    4) Bravo Joaquim

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  3. 1) Me gusto mucho si bien me cuesta el Castellano tan castizo de Joaquim.
    2) Un final tan sorprendente no se si da a lugar al titulo; suponiendo ese ser el motivo del mismo.
    3) Yo corregiria algunas frases, pero es una cuestion de estilo.
    4) Bravo Joaquim

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  4. Sigo encantada con el estilo de Joaquín.
    La temática muy bien manejada, nombres originales que me encantan.
    La música y la fluidez de sus textos atrapan al lector.

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  5. Me gusto mucho los nombres super divertidos es ágil, fácil y el final sorprendente y original.

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  6. Me gusto mucho los nombres super divertidos es ágil, fácil y el final sorprendente y original.

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  7. Bien Joaquín! Me pareció muy interesante
    Te llevo a clase... ¿Anónimo?
    Gracias por compartirlo.

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