13 abr. 2014

Tip 35: El timing como tema

Esta vez, el que contaba la historia era un hombre.  Si, había hombres que visitaban la manicuría de Violeta, se hacìan un tratamiento de pedicuría o le pedían que les lime las uñas de las manos.  Era extraño verlos allí, yo tenía la sensación que desentonaban en ese ámbito adornado con esmaltes y pinzas de depilar. Sentía que cortaban la intimidad sencilla que procura la complicidad de género , pero en fin, allí estaba él, un cliente solterón pulcro bastante agraciado de unos 50 años, contando un desencuentro que se le antojaba advenedizo y fatídico.

-Cuando saco el perro a la mañana, antes de ir al trabajo, a veces tengo la suerte de encontrarme con una vecina que lleva del brazo a un mogólico- confió, mientras ponía sus pies en una palangana pequeña y se arremangaba los pantalones.

-Una persona con síndrome de Down, querrás decir- lo corrigió Violeta (lo que me gusta de mi manicura, es que no deja pasar ninguna expresión, aunque sea ingenua y bien intencionada, que sugiera una leve connotación despectiva)

-Si, si, tenés razón -se apuró a describir-:  es un muchacho grandote de cara redonda, ojos achinados y edad indefinida.  No tengo idea si tiene 15 años y es el hijo de esa vecina o si tiene 40 y es tal vez su hermano.  Sea quien fuese, ella lo trata con especial dulzura y cariño.  No existió rey en la historia que reciba una atención tan dedicada.

Violeta y yo sonreímos.  Me gustó la hipérbole que utilizó el cliente, pero no dije nada para no cortar el hilo de la historia.

-Aparecen de repente  -continuó-  y nunca pude descubrir de qué edificio salen.  Caminan despacio, tomados del brazo por mi calle angosta, saludando a los gatos de barrio y elogiando los malvones, hasta llegar a un taxi que espera al mogó...  al muchacho  -se corrigió rápido- puntualmente a las 7.15, todos los días en la esquina de la avenida.   
Me gusta encontrarlos por la mañana:  el día que los veo me siento bien predispuesto y empiezo la jornada feliz, por eso, hacía malabares para sacar el perro justo a las 7.15,  buscando la oportunidad de hablar con la dulce vecina, pero nunca pasamos de un cordial "shalom" o una sonrisa protocolar.
Ayer, me acerqué mucho a ellos y mientras mi perro husmeaba cerca de unos tachos de basura, escuché con sorpresa y desagrado que ella le decía al taxista:  "Mañana lo llevás por última vez. Nos mudamos al Sur, cerca de un Instituto excelente donde podrá desarrollar al máximo sus capacidades..." 

Me quedé paralizado.   Parece que mentalmente, yo me había armado todo un futuro con ella y había imaginado completar mi rompecabezas interno ¡por fin! con esas dos piezas:  la mujer y el sujeto ése con síndrome de Down.  


Entonces... segundos después del shock, registré  que no todo estaba perdido.  Intuí que ella habló demasiado fuerte al taxista  ¿tal vez a propósito? ¿para que yo me diera por enterado?  Mañana -pensé-  (por hoy) a las 7 horas 15 minutos, cuando el taxi buscara al mogólico por última vez (miró a Violeta como disculpándose)  yo abordaría a mi vecina.  Preguntaria su nombre, averiguaría la vida que le había imaginado, le diría que me gusta el Sur de este país mucho mas que el centro, que amo la Aravá y los kibutzim plagados de florcitas rojas y amarillas en primavera ¡Pensé decirle tantas cosas!

El hombre en este punto hizo una pausa y clavó sus ojos en el agua turbia de la palangana, como buscando allí una respuesta. Violeta y yo lo miramos interrogantes, temiendo que por alguna razón, no fuera a continuar.  De golpe, soltó el final casi escupiéndolo.

-Pero mi despertador no sonó.  Misteriosa y burlonamente, por primera vez en años ¡no sonó! 
Me vestí a las apuradas y corrí a la oficina, donde mi retraso causaría una serie de estragos vulgares, irrelevantes comparados con la magnitud de haber perdido la oportunidad... de conectar al posible amor de mi vida.
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A ver, autores... las oportunidades, siempre están relacionadas con un "buen timing" para no dejarlas pasar y poder aprovecharlas.   ¿Quién aporta alguna buena historia relacionada con una magnífica oportunidad... perdida? 

2 comentarios:

  1. ¿Una magnífica opotunidad perdida?

    Yo creo que la vida me gastó una broma aquel 1 de octubre de hace treinta años. A no haber sido por esa zancadilla del destino ¿quien sabe? a lo mejor hoy sería una actriz famosa.
    Trabajaba entonces en los Estudios deTelevision de Herzlia. Mi ocupación en el estudio estaba alejada del mundo de las candilejas con el cual convivíamos sin apenas rozarnos, estaba en la contabilidad.
    Conocí a muchos jóvenes al inicio de su carrera que luego fueron actores y actrices famosos. El director Igal Shilon que estaba entonces en el auge de su carrera vió en mí la posible mujer de mediana edad que necesitaba para una propaganda de yogourts. Me tomó algunas pruebas y quedó muy satisfecho por mi ductilidad, me haría saber el día en que se empezaría el rodaje. Había otras dos aspirantes al papel, pero yo era la elegida por el momento.Me veía ya con el Oscar en las manos y esperaba ansiosa el llamado.
    Quien también esperaba ansiosa era mi hija que debía dar a luz a su tercer hijo.Una madrugada me pidió que fuera de urgencia a atender a sus chicos porque ella y su marido iban al hospital. Había llegado el momento del parto.
    Al mediodía me llegó la llamada de mi yerno anunciando feliz que acababa de nacer el niño, una criatura robusta y sana.;mazal tov.
    Cuando corté la comunicación, otra llamada; la secretaria del estudio; me convocaba para filmar al día siguiente a las 10 de la mañana.
    Así, antes del primer chak, se esfumó mi carrera artística.

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