A la mañana temprano me encontré con Violeta en el almacén, antes que empiece la jornada laboral.
-Ayer me acosté tardísimo- le comenté- ¿no fuiste a ver la lluvia de meteoros?
Me miró por encima de los lentes.
-Si hay algo que NO me interesa en esta vida, es ver una lluvia de meteoros -afirmó con su habitual tono práctico que a mi me parecía patético. Y agregó, sin ahorrar su cuota de ironía siempre al límite con lo hiriente: -Hay gente que puede elegir acostarse tarde y levantarse a cualquier hora, mirar estrellas de noche y el mar de Tel Aviv durante el día. Yo prefiero ver la manicuría llena de clientas y de paso... "llegar a fin de mes".
Percibí que Itzhik el almacenero -otro especimen feliz de amanecer y anochecer mirando la misma estantería con latas de su mini-market- ahogó una sonrisa de aprobación y desvió pronto la mirada hacia la caja registradora.
Evalué repuestas posibles, desde el ofuscamiento a la condescendencia y al final, opté por bromear con esa mujeraza hosca por fuera y rocío de miel adentro, tratando de correrla un poco de su realismo absoluto.
-Violeta... te gustaría ver una estrella fugaz con cola de fuego como un cometa -provoqué-. Yo vi una ayer en medio de un firmamento negro de lunares brillantes y alcancé a pedirle todo lo que una mujer al filo de los cincuenta puede desear... ¿qué tiene de malo dejarse embriagar por un espectáculo natural? Ser feliz con una puesta de sol, el aleteo de una mariposa, con olas rompiendo contra las rocas o el borracho perfume de un jazmín en flor?
Itzhik y Violeta intercambiaron miraditas y sonrisas burlonas.
Pagué rápido y antes de salir, me despedí prometiendo algo para mí maravilloso, pero que a Violeta le sonó como una amenaza:
-Cuando anuncien la próxima lluvia de meteoros no habrá excusa: te voy a llevar con nosotros.
............................................................................
La tersura sutil de un pétalo nuevo o el filo erguido de una espina...
El tizne tenebroso de un bosque al caer la tarde o la claridad de ángel de la mañana temprana, no pasan desapercibidos para la capacidad de asombro infantil que tiene un autor.
El escritor, es un ser mas sensible y permeable a ser modificado por cuestiones que para otros, pasan desapercibidas.
Copio a continuación el ejemplo de unas gotas de agua insignificantes, que acapararon la atención del escritor Julio Cortazar, quien les dedicó estas palabras:
"...Llueve todo el tiempo. Ahora aparece una gotita en lo alto del marco de la ventana; se queda temblequeando contra el cielo que la triza en mil brillos apagados, va creciendo y se tambalea, ya va a caer y no se cae, todavía no se cae. Está prendida con todas las uñas, no quiere caerse y se la ve que se agarra con los dientes, mientras le crece la barriga; ya es una gotaza que cuelga majestuosa, y de pronto zup, ahí va, plaf, deshecha, nada, una viscosidad en el mármol.
Pero las hay que se suicidan y se entregan enseguida, brotan en el marco y ahí mismo se tiran; me parece ver la vibración del salto, sus piernitas desprendiéndose y el grito que las emborracha en esa nada del caer y aniquilarse. Tristes gotas, redondas inocentes gotas. Adiós gotas. Adiós".
Y vos, autor... te animas a hacer "click" en comentarios y regalar al blog una descripción "cortazariana" de algún evento natural que te conmovió?
¿Siempre quisiste escribir? Llegaste al sitio indicado. En los posts mas antiguos, encontrarás ANECDOTAS, ENSEÑANZAS LITERARIAS (Tips) y EJERCICIOS, muchos de ellos ambientados en la escenografía íntima de un pequeño Salón de Belleza en un barrio pintoresco de Israel. Y en los últimos posts: relatos destacados de escritores contemporáneos que brillan en los Talleres. Bienvenidos a Nace un Autor: un viaje al corazón de tu impulso creativo.
14 ago 2013
11 ago 2013
Tip 17: La fuerza dramática de una despedida
Cuando estacioné, vi que Violeta estaba cerrando la manicuría. Bajé del auto apurada y la intercepté.
-Ey... mi turno es en quince minutos ¿ya te vas?
Se tomó la frente indicando que se había olvidado de cancelarme.
-Disculpame, tengo que ir al aeropuerto. "Despedidas"... -tituló con expresión desolada y bajó la vista mordiéndose el labio inferior. No tuvo que agregar nada más.
-Andá, andá... no te preocupes. Después te llamo y combinamos otro momento.
Se dio vuelta rápido, con alivio y agradecimiento. Y mientras se alejaba, noté que se secaba con el dorso de la mano un lagrimón.
Me quedé parada en la vereda, pensando en mi querida vecina que había llegado hace cuarenta años al país y en mi misma, que arribé hace sólo cuatro. Los que emigramos, conocemos esa sensación de espinita que se clava en el corazón cuando nos despedimos de un ser querido. Nos acostumbrarnos a transitar por la vida sabiendo que "no están a la vuelta de la esquina" ni
"al alcance de la mano", pero que están en alguna parte, por suerte.
Los aeropuertos son una increíble fuente de inspiración para mi, como escritora. Pero trato de esquivar el área "Departures" y me deleita encontrar un rincón estratégico en la sección "Arribos".
Observar los reencuentros, la contraparte feliz de la distancia, es un hábito que aprendí a ejercitar para paliar la ansiedad mientras espero a mi gente de Buenos Aires, cuando viene de visita.
Embelesada, miro los abrazos prolongados, las caricias, escucho los gritos de pura felicidad, las palabras de bienvenida. Veo las lágrimas de emoción, los dedos que palpan, el beso húmedo y prolongado. Percibo el alivio, la gracia de volver a sentir la presencia física de un ser amado...
Adoro los reencuentros, imaginar la historia detrás de dos seres que ríen, se miran incrédulos y se funden en un abrazo que no necesita palabras en el hall de arribos.
De pronto, pienso en el deseo que genera la falta, en las renovadas ganas, en el diálogo que fluye con nuevos bríos, en la necesidad y el apremio que generan las ausencias.
Percibo intensidades desconocidas para aquellos que no saben de añoranzas... no está tan mal. Siento ganas de saber: ¿por qué estuvieron lejos? ¿cuánto tiempo? ¿a cuántos kilómetros? ¿volverán a separarse o nunca más en la vida? ¡Qué manantial de inspiración para un escritor! Cada reencuentro que presencio, podría ser el final o el comienzo de un cuento...
Y ustedes, autores... ¿no creen que "despedidas" o "ausencia temporaria" es un tema-motor, disparador de una historia? ¿Quién hace "click" en comentarios y aporta al blog una narración al respecto?
-Ey... mi turno es en quince minutos ¿ya te vas?
Se tomó la frente indicando que se había olvidado de cancelarme.
-Disculpame, tengo que ir al aeropuerto. "Despedidas"... -tituló con expresión desolada y bajó la vista mordiéndose el labio inferior. No tuvo que agregar nada más.
-Andá, andá... no te preocupes. Después te llamo y combinamos otro momento.
Se dio vuelta rápido, con alivio y agradecimiento. Y mientras se alejaba, noté que se secaba con el dorso de la mano un lagrimón.
Me quedé parada en la vereda, pensando en mi querida vecina que había llegado hace cuarenta años al país y en mi misma, que arribé hace sólo cuatro. Los que emigramos, conocemos esa sensación de espinita que se clava en el corazón cuando nos despedimos de un ser querido. Nos acostumbrarnos a transitar por la vida sabiendo que "no están a la vuelta de la esquina" ni
"al alcance de la mano", pero que están en alguna parte, por suerte.
Los aeropuertos son una increíble fuente de inspiración para mi, como escritora. Pero trato de esquivar el área "Departures" y me deleita encontrar un rincón estratégico en la sección "Arribos".
Observar los reencuentros, la contraparte feliz de la distancia, es un hábito que aprendí a ejercitar para paliar la ansiedad mientras espero a mi gente de Buenos Aires, cuando viene de visita.
Embelesada, miro los abrazos prolongados, las caricias, escucho los gritos de pura felicidad, las palabras de bienvenida. Veo las lágrimas de emoción, los dedos que palpan, el beso húmedo y prolongado. Percibo el alivio, la gracia de volver a sentir la presencia física de un ser amado...
Adoro los reencuentros, imaginar la historia detrás de dos seres que ríen, se miran incrédulos y se funden en un abrazo que no necesita palabras en el hall de arribos.
De pronto, pienso en el deseo que genera la falta, en las renovadas ganas, en el diálogo que fluye con nuevos bríos, en la necesidad y el apremio que generan las ausencias.
Percibo intensidades desconocidas para aquellos que no saben de añoranzas... no está tan mal. Siento ganas de saber: ¿por qué estuvieron lejos? ¿cuánto tiempo? ¿a cuántos kilómetros? ¿volverán a separarse o nunca más en la vida? ¡Qué manantial de inspiración para un escritor! Cada reencuentro que presencio, podría ser el final o el comienzo de un cuento...
Y ustedes, autores... ¿no creen que "despedidas" o "ausencia temporaria" es un tema-motor, disparador de una historia? ¿Quién hace "click" en comentarios y aporta al blog una narración al respecto?
31 jul 2013
Tip 16: Aprovechar tiempos muertos y esperas
-A la mañana fui al dentista y tuve que esperar una hora y media- contó Violeta mientras pintaba prolijamente de rojo mis uñas de los pies, una tarde agobiante de verano que invitaba únicamente a andar en ojotas o sandalias.
Ese espacio refrigerado de relax y "mimo personal" en el local de mi amiga-manicura facilitaba la conversación. Los temas triviales se sucedían con parsimonia y sin apuro, hasta que de pronto, algún comentario se imponía y cobraba repentina importancia universal, generando un intercambio vehemente entre nosotras, parecido a una discusión filosófica.
Fue el caso del tema "espera en el consultorio del dentista".
-Qué pérdida de tiempo- siguió quejándose Violeta- ¿para qué cita a tantos pacientes juntos? ¿Yo te hice esperar alguna vez más de quince minutos? ¡Es una falta de respeto! ¿Qué podés hacer durante una hora y media, junto a otros ocho con muelas doloridas que resoplan de fastidio?
-Mirar sus rostros -contesté-. Leerlos como si fueran un libro abierto. Adivinar sus angustias y apremios, descifrar a través de las arrugas en las comisuras de sus labios, si han pasado una noche de felicidad o de espanto. Observar sus párpados cansados y "traducir" ese cansancio, descubrir si es resignación o esconde la satisfacción que se siente después de haber logrado una meta difícil -expliqué-. No es tanto tiempo esperar una hora y media... el tiempo es relativo.
Violeta me miró sin paciencia. Sonreí. Yo podía haber asentido y eso hubiera acompañado su desahogo: uno se da cuenta cuando el interlocutor "tira la bronca" sólo para descargarse y desea escuchar simplemente un "tenés razón, qué bajón esperar tanto tiempo..." Sin embargo solté esa pequeña provocación, esperando su reacción con cierto deleite.
-¡¿Qué relativo?! -saltó como aceite hirviendo-. Tenía que hacer las compras para la cena de Shabat y no pude, mañana vienen mis cuatro nietos! ¿Cuándo voy a hacerlo? Tengo agendadas clientas toda la tarde por el tema del "Día de los Enamorados"... incluída VOS misma -recalcó- ¿de qué relatividad me hablás? -siguió despotricando- Ustedes los escritores... acostumbrados a quedarse pensando y a vivir en las nubes, nunca tienen apuro y pueden quedarse "observando rostros" -remedó- pero la gente común y corriente y práctica como yo ...
La frase quedó flotando en el aire. Violeta dió por terminada su tarea y puso punto final a la discusión indicándome con un ademán que estaba apurada y que le deje el lugar a la próxima clienta.
...............................
Y ustedes, autores? Se animan a hacer "click" en comentarios y aportar al blog la descripción de un rostro, situación o panorama que hayan observado con detenimiento aprovechando una espera? Como haría un buen escritor, que se precie de serlo...
26 jul 2013
Tip 15: Matices de los Personajes
-Apurate y decidí el color de una vez! -el tono de Violeta sonó inusualmente ofuscado, pero no me molestó. Me preocupó.
La miré interrogante e hice ademán de irme. Era la tercera vez que me había levantado la voz.
-Dejá, vuelvo en otro momento- anuncié. Yo vengo a la manicuría mas que nada para tener un espacio de relax, si estás tan nerviosa...
Levantó rápido sus ojos verdes y noté que estaban húmedos.
-Disculpame... quedate, por favor -casi rogó- Estoy sobrepasada.
Volví a sentarme, despacio. Elegí un esmalte de color gris, opaco, porque se me contagió su ánimo lejano al púrpura o a los rosados infantiles. Y esperé la confesión.
En general, Violeta escuchaba a sus clientas mientras les hacía las manos, levantando la vista de su trabajo una o dos veces en el lapso de 30 minutos que duraba la sesión e intercalando comentarios adecuados, atinados, desde su propia experiencia de vida.
Pero esta vez, ella contó: sus palabras fluyeron como una catarsis.
-Mi mamá está grande... vendimos su casa y va a entrar a un Hogar de Ancianos, pero solo habrá lugar allí dentro de unos meses. En tanto, vino a vivir con nosotros y...
Su pulsó tembló. El esmalte gris manchó parte de la yema de mi anular. Violeta tomó enseguida el frasquito de acetona y lo sacudió con fuerza. Mojó un algodón que se empapó demasiado y chorreó. Ese pequeño inconveniente hizo que sus ojos se humedecieran de vuelta y detonó la estampida de palabras:
-No puedo más. Me siento exigida, observada... es decir -aclaró en seguida- quiero muchísimo a mi madre, pero esta convivencia me está matando, no puedo lidiar con sus pequeñas mañas, ni con sus quisquillocidades, ni con sus rituales que para mi no tienen sentido, ni escuchar la lista de los remedios que toma, ni sus chancletas chillonas, ni ir limpiando las miguitas que deja por todos lados porque NO VE, ni repetir en voz alta cinco veces las frases porque NO ESCUCHA... (pausa, busca la expresión casi con desesperación) Está destrozando mi nido de paz con Marcos... (me mira fijo de pronto)... ¡me odio por sentir que deseo que se vaya ¿entendés?! ¡Amanezco pensando si murió algún viejo para que le dejen lugar en el Hogar y salga de mi casa!... ¿Soy una mala persona yo, te parece?
.......................................
De las ambiguedades y matices grises de los seres humanos, se alimenta el escritor.
La tarea difícil, el desafío, es intentar describir los instantes de duda de un personaje, su toque de incorrección, las flaquezas, el momento en que pone en juego sus certezas, se confunde, quiere tirar su vida por la borda y tal vez empezar de nuevo.
Si el escritor se mete de nariz, profundiza dentro de esas sutilezas que lo enfrentan a veces
-con duda y culpas como Violeta- a sus pilares morales, de allí surgirá el CONFLICTO, motor de la historia.
A ver, autores... ¿quién ilustra con algún ejemplo haciendo "click" en comentarios?
La miré interrogante e hice ademán de irme. Era la tercera vez que me había levantado la voz.
-Dejá, vuelvo en otro momento- anuncié. Yo vengo a la manicuría mas que nada para tener un espacio de relax, si estás tan nerviosa...
Levantó rápido sus ojos verdes y noté que estaban húmedos.
-Disculpame... quedate, por favor -casi rogó- Estoy sobrepasada.
Volví a sentarme, despacio. Elegí un esmalte de color gris, opaco, porque se me contagió su ánimo lejano al púrpura o a los rosados infantiles. Y esperé la confesión.
En general, Violeta escuchaba a sus clientas mientras les hacía las manos, levantando la vista de su trabajo una o dos veces en el lapso de 30 minutos que duraba la sesión e intercalando comentarios adecuados, atinados, desde su propia experiencia de vida.
Pero esta vez, ella contó: sus palabras fluyeron como una catarsis.
-Mi mamá está grande... vendimos su casa y va a entrar a un Hogar de Ancianos, pero solo habrá lugar allí dentro de unos meses. En tanto, vino a vivir con nosotros y...
Su pulsó tembló. El esmalte gris manchó parte de la yema de mi anular. Violeta tomó enseguida el frasquito de acetona y lo sacudió con fuerza. Mojó un algodón que se empapó demasiado y chorreó. Ese pequeño inconveniente hizo que sus ojos se humedecieran de vuelta y detonó la estampida de palabras:
-No puedo más. Me siento exigida, observada... es decir -aclaró en seguida- quiero muchísimo a mi madre, pero esta convivencia me está matando, no puedo lidiar con sus pequeñas mañas, ni con sus quisquillocidades, ni con sus rituales que para mi no tienen sentido, ni escuchar la lista de los remedios que toma, ni sus chancletas chillonas, ni ir limpiando las miguitas que deja por todos lados porque NO VE, ni repetir en voz alta cinco veces las frases porque NO ESCUCHA... (pausa, busca la expresión casi con desesperación) Está destrozando mi nido de paz con Marcos... (me mira fijo de pronto)... ¡me odio por sentir que deseo que se vaya ¿entendés?! ¡Amanezco pensando si murió algún viejo para que le dejen lugar en el Hogar y salga de mi casa!... ¿Soy una mala persona yo, te parece?
.......................................
De las ambiguedades y matices grises de los seres humanos, se alimenta el escritor.
La tarea difícil, el desafío, es intentar describir los instantes de duda de un personaje, su toque de incorrección, las flaquezas, el momento en que pone en juego sus certezas, se confunde, quiere tirar su vida por la borda y tal vez empezar de nuevo.
Si el escritor se mete de nariz, profundiza dentro de esas sutilezas que lo enfrentan a veces
-con duda y culpas como Violeta- a sus pilares morales, de allí surgirá el CONFLICTO, motor de la historia.
A ver, autores... ¿quién ilustra con algún ejemplo haciendo "click" en comentarios?
17 jul 2013
Tip 14: Desde el dolor o la destrucción
Como había unas cuatro clientas esperando en la manicuría, entonces ni me detuve:
-Vengo mañana, Violeta! -grité a través de su vitrina, al mejor estilo "vecina de barrio" y me encaminé directo hacia el umbral de mi planta baja . En general, ella levantaba la vista de las uñas que estaba pintando y asentía levemente con una sonrisa tenue. Pero esta vez, me sorprendió con un tono cortante y firme: "Mañana cerrado" -informó. Retrocedí unos pasos y entreabrí la puerta de su local metiendo solo mi cabeza adentro, que enseguida percibió el olor tan típico de la acetona: -¿Qué pasó, por qué no abrís?
-9 de Av- anunció- y sentí que los cuatro pares de ojos de las clientas me miraron como si fuera una ignorante.
En Israel y en el mundo, para el Pueblo Judío, el día 9 del mes de Av (según el calendario hebreo) es una fecha terrible y trágica. Por una suerte de coincidencia macabra, en esa fecha fue destruído el gran Templo de Jerusalen tanto la primera como la segunda vez. Ese día nefasto que cae en general a mediados del mes de Julio del calendario gregoriano, es una especie de "tabú" en Israel.
Y las clientas de Violeta, no perdieron ocasión de soltarme en cotorreo simultáneo, sus consejos inevitables:
-Un 9 de Av no te cases ni te embarques...
-¡Ni se te ocurra mandar a los chicos a la pileta o al mar!
-¡No firmes contratos!
-No estrenes auto, no te mudes, ni te operes...
-Yo no embellezco a nadie un 9 de Av- puntualizó Violeta.
Caminé los escasos veinte metros que me separaban de mi casa cabizbaja, mirando mis uñas que lucían tan desprolijas con ese esmalte saltado que debería esperar. Y me quedé pensando en destrucciones.
En lo que se nos rompe, en lo que nos arrancan. En muertes, accidentes y divorcios, en lo que se nos trunca. Se me vinieron a la mente todas las faltas, todas las garras y amenazas. Imaginé lo que se incendia y lo que se profana. Vi el Templo herido, lo vi reconstruído y luego -desde la cima de esa ilusión- lo vi caer otra vez, irremediable y cíclicamente.
No podía dejar de pensar en destrucciones, en lo que nos frena, nos carcome y nos golpea.
Y cuando sentí que todo o casi todo está perdido, desde ese lugar, desde esa desazón y ese dolor, me senté a escribir. Encadenando letras y palabras, pensando en aquello que dejamos por escrito... vi papelitos atiborrados de deseos. Vi los pedidos con letras enrevesadas en las rendijas del "Kotel", esa pared que protegía al Templo, devenida hoy en Muro Occidental o "de los Lamentos".
Pude ver que algo -en definitiva- siempre queda: vi lo que permanece. Y entonces, por fin... dejé de pensar en destrucciones.
Autores ¿se animan a hacer click en comentarios y compartir algo escrito desde el dolor?
Nos guste o no, el dolor es una de las fuentes de inspiración y casi el motor principal de toda creación artística, musical o literaria. Me encantará leer vuestros aportes!
-Vengo mañana, Violeta! -grité a través de su vitrina, al mejor estilo "vecina de barrio" y me encaminé directo hacia el umbral de mi planta baja . En general, ella levantaba la vista de las uñas que estaba pintando y asentía levemente con una sonrisa tenue. Pero esta vez, me sorprendió con un tono cortante y firme: "Mañana cerrado" -informó. Retrocedí unos pasos y entreabrí la puerta de su local metiendo solo mi cabeza adentro, que enseguida percibió el olor tan típico de la acetona: -¿Qué pasó, por qué no abrís?
-9 de Av- anunció- y sentí que los cuatro pares de ojos de las clientas me miraron como si fuera una ignorante.
En Israel y en el mundo, para el Pueblo Judío, el día 9 del mes de Av (según el calendario hebreo) es una fecha terrible y trágica. Por una suerte de coincidencia macabra, en esa fecha fue destruído el gran Templo de Jerusalen tanto la primera como la segunda vez. Ese día nefasto que cae en general a mediados del mes de Julio del calendario gregoriano, es una especie de "tabú" en Israel.
Y las clientas de Violeta, no perdieron ocasión de soltarme en cotorreo simultáneo, sus consejos inevitables:
-Un 9 de Av no te cases ni te embarques...
-¡Ni se te ocurra mandar a los chicos a la pileta o al mar!
-¡No firmes contratos!
-No estrenes auto, no te mudes, ni te operes...
-Yo no embellezco a nadie un 9 de Av- puntualizó Violeta.
Caminé los escasos veinte metros que me separaban de mi casa cabizbaja, mirando mis uñas que lucían tan desprolijas con ese esmalte saltado que debería esperar. Y me quedé pensando en destrucciones.
En lo que se nos rompe, en lo que nos arrancan. En muertes, accidentes y divorcios, en lo que se nos trunca. Se me vinieron a la mente todas las faltas, todas las garras y amenazas. Imaginé lo que se incendia y lo que se profana. Vi el Templo herido, lo vi reconstruído y luego -desde la cima de esa ilusión- lo vi caer otra vez, irremediable y cíclicamente.
No podía dejar de pensar en destrucciones, en lo que nos frena, nos carcome y nos golpea.
Y cuando sentí que todo o casi todo está perdido, desde ese lugar, desde esa desazón y ese dolor, me senté a escribir. Encadenando letras y palabras, pensando en aquello que dejamos por escrito... vi papelitos atiborrados de deseos. Vi los pedidos con letras enrevesadas en las rendijas del "Kotel", esa pared que protegía al Templo, devenida hoy en Muro Occidental o "de los Lamentos".
Pude ver que algo -en definitiva- siempre queda: vi lo que permanece. Y entonces, por fin... dejé de pensar en destrucciones.
Autores ¿se animan a hacer click en comentarios y compartir algo escrito desde el dolor?
Nos guste o no, el dolor es una de las fuentes de inspiración y casi el motor principal de toda creación artística, musical o literaria. Me encantará leer vuestros aportes!
13 jul 2013
Tip 13: El desencadenante
No me gustó. Y no sabía como decírselo.
Mientras Violeta frotaba mis uñas con un algodoncito quitando con estudiada dedicación el esmalte de la semana anterior- yo me preparaba para afrontar la re-pregunta, que llegaría en cualquier momento. Mi manicura no se conformaría con el comentario ligero que solté al entrar, cuando la vi: -Estás muy distinta... me tengo que acostumbrar.
Violeta llevaba su pelo entrecano recogido, dejando caer un rizo rebelde sobre la frente, que apartaba con el dorso de la mano varias veces durante la sesión de manicuría. Ese gesto sencillo era su toque de distinción. Yo espiaba a través de ese tirabuzón de matices grises, observando sus párpados de arrugas coherentes que sólo se elevaban al finalizar la tarea.
En cambio hoy, el pelo de Violeta lucía hombrunamente corto, al dictado de la moda, teñido de color rojizo-bordó. Su frente se me antojó inmensa y despojada, desconocida. Sus párpados expuestos me incomodaron. Y cuando terminó de pintarme las uñas de la mano izquierda, no tuve escapatoria.
-¿Te gusta o no?- inquirió sin poder disimular que necesitaba mi aprobación.
Sentí el impulso de decir la verdad: -Parecés un fósforo, Violeta...
Pero enseguida, cubrí mi intención de ser franca con una máscara de sentido común y elegí una respuesta no tan cierta pero que la dejaría mas feliz:
-Es moderno... siempre viene bien una renovación y un cambio.
.......................................................................................
A veces, los escritores construyen personajes fascinantes en las historias que están escribiendo, pero no logran desatar el conflicto.
Una de las formas que sugiero es que el autor "quite la máscara" a uno de los personajes y le haga decir una verdad en forma directa y absoluta, con franqueza y sin tapujos. En general, recibir "una verdad" sin anestesia, enfurece, enoja, desata malestar y como consecuencia el conflicto.
Tomemos como ejemplo un matrimonio hace tiempo desamorado donde el marido es adúltero y la esposa cierra los ojos ante esa situación. Ambos afrontan su cotidianeidad fingiendo con delicadeza: el marido llega cada tarde del trabajo con una flor y dice a su mujer: "Hola querida, hoy tuve un buen día... ¿y tú?". Ella agradece la flor y cuenta algunas trivialidades. Y así durante años. Si el autor no le "quita la máscara" a alguno de estos personajes, el conflicto no se desatará nunca. Pero si una tarde el marido llega y simplemente dice: "Hola querida, hoy estuve toda la tarde con la mujer que en verdad amo", es ahí donde empieza la historia: ¿cómo reaccionará la mujer? ¿cuál será el desenlace?
Autores... ¿Se animan a hacer "click" en comentarios, describir dos personajes dentro de una rutina determinada y de pronto "quitar la máscara" a uno de los dos (o a ambos) para que se desate el conflicto que está latente?
Mientras Violeta frotaba mis uñas con un algodoncito quitando con estudiada dedicación el esmalte de la semana anterior- yo me preparaba para afrontar la re-pregunta, que llegaría en cualquier momento. Mi manicura no se conformaría con el comentario ligero que solté al entrar, cuando la vi: -Estás muy distinta... me tengo que acostumbrar.
Violeta llevaba su pelo entrecano recogido, dejando caer un rizo rebelde sobre la frente, que apartaba con el dorso de la mano varias veces durante la sesión de manicuría. Ese gesto sencillo era su toque de distinción. Yo espiaba a través de ese tirabuzón de matices grises, observando sus párpados de arrugas coherentes que sólo se elevaban al finalizar la tarea.
En cambio hoy, el pelo de Violeta lucía hombrunamente corto, al dictado de la moda, teñido de color rojizo-bordó. Su frente se me antojó inmensa y despojada, desconocida. Sus párpados expuestos me incomodaron. Y cuando terminó de pintarme las uñas de la mano izquierda, no tuve escapatoria.
-¿Te gusta o no?- inquirió sin poder disimular que necesitaba mi aprobación.
Sentí el impulso de decir la verdad: -Parecés un fósforo, Violeta...
Pero enseguida, cubrí mi intención de ser franca con una máscara de sentido común y elegí una respuesta no tan cierta pero que la dejaría mas feliz:
-Es moderno... siempre viene bien una renovación y un cambio.
.......................................................................................
A veces, los escritores construyen personajes fascinantes en las historias que están escribiendo, pero no logran desatar el conflicto.
Tomemos como ejemplo un matrimonio hace tiempo desamorado donde el marido es adúltero y la esposa cierra los ojos ante esa situación. Ambos afrontan su cotidianeidad fingiendo con delicadeza: el marido llega cada tarde del trabajo con una flor y dice a su mujer: "Hola querida, hoy tuve un buen día... ¿y tú?". Ella agradece la flor y cuenta algunas trivialidades. Y así durante años. Si el autor no le "quita la máscara" a alguno de estos personajes, el conflicto no se desatará nunca. Pero si una tarde el marido llega y simplemente dice: "Hola querida, hoy estuve toda la tarde con la mujer que en verdad amo", es ahí donde empieza la historia: ¿cómo reaccionará la mujer? ¿cuál será el desenlace?
Autores... ¿Se animan a hacer "click" en comentarios, describir dos personajes dentro de una rutina determinada y de pronto "quitar la máscara" a uno de los dos (o a ambos) para que se desate el conflicto que está latente?
3 jul 2013
Tip 12: Evolución de los Personajes
La clienta que estaba atendiendo Violeta se veía muy elegante y mientras yo esperaba mi turno en la manicuría, comencé el juego inevitable de adivinarla, de construir su vida según el dictado caprichoso de mi imaginación.
Se me antojó una mujer mundana de cuarenta y tantos, con una vida armada casi perfecta pero en el límite de lo sofocante.
Mientras Violeta le limaba las uñas, la mujer eligió un esmalte plateado y pidió que -sobre esa base color metal- la manicura delinee una pequeña rosa naranja en el extremo superior izquierdo de cada uña.
Tal extravagancia, le llevó a Violeta media hora mas de lo previsto.
Y cuando por fin me tocó sentarme en el banquito frente a ella, me clavó su mirada de oliva madura, dibujó una media sonrisa llena de complicidad y señalando a la esbelta dama que se
alejaba con aires de nobleza, introdujo intrigante, como si fuera una Sheherezada del barrio:
-Cuando la conocí, ésta era una chiruza cualquiera. Y mirala ahora...
....................................................................................
Si creamos un personaje que al nacer es "una chiruza" y con el correr de nuestro cuento-obra teatral-novela-película se convierte, por ejemplo, en una elegante mujer de negocios, decimos que ese personaje "evolucionó".
Si un padre de familia respetable se deja dominar por el alcohol y lo va echando todo a perder, también decimos que "evoluciona". Eso significa que CAMBIA: algo le sucede y no se mantiene estable a lo largo de nuestra historia, busca alternativas, duda, se equivoca, vuelve a empezar, prueba.
Los personajes deben evolucionar en las ficciones. Para bien o para mal, son atravesados por situaciones de conflicto que los perturban y tal vez al comienzo no reaccionen, pero con el devenir de los párrafos o las escenas DEBERÁN HACERLO. Sino, el lector-espectador comenzará a aburrirse, no se sentirá atrapado por la historia, ni se identificará con un personaje que es estático a lo largo de la trama.
El personaje de Shoshaná en la película "Bastardos sin Gloria" de Tarantino, es una adolescente
hija de productores lácteos en la campiña francesa, que se transforma en una vengadora implacable de los nazis. (Importante: cuando un personaje "muta", debe estar muy bien justificado).
-Ey, ey! -Violeta me trajo a la realidad sacudiendo frente a mis narices un frasquito de esmalte índigo suave- ¿te interesa saber cómo la fulana se volvió una pituca de la noche a la mañana o no? ¿En qué te quedaste pensando?
Y ustedes, autores, una de dos:
-¿Quién aporta el ejemplo de un personaje que "evoluciona" a lo largo de una trama?
-O mejor aún... ¿quién hace "click" en comentarios y regala al blog un cuento propio donde un personaje evolucione?
Se me antojó una mujer mundana de cuarenta y tantos, con una vida armada casi perfecta pero en el límite de lo sofocante.
Mientras Violeta le limaba las uñas, la mujer eligió un esmalte plateado y pidió que -sobre esa base color metal- la manicura delinee una pequeña rosa naranja en el extremo superior izquierdo de cada uña.
Tal extravagancia, le llevó a Violeta media hora mas de lo previsto.
Y cuando por fin me tocó sentarme en el banquito frente a ella, me clavó su mirada de oliva madura, dibujó una media sonrisa llena de complicidad y señalando a la esbelta dama que se
alejaba con aires de nobleza, introdujo intrigante, como si fuera una Sheherezada del barrio:
-Cuando la conocí, ésta era una chiruza cualquiera. Y mirala ahora...
....................................................................................
Si creamos un personaje que al nacer es "una chiruza" y con el correr de nuestro cuento-obra teatral-novela-película se convierte, por ejemplo, en una elegante mujer de negocios, decimos que ese personaje "evolucionó".
Si un padre de familia respetable se deja dominar por el alcohol y lo va echando todo a perder, también decimos que "evoluciona". Eso significa que CAMBIA: algo le sucede y no se mantiene estable a lo largo de nuestra historia, busca alternativas, duda, se equivoca, vuelve a empezar, prueba.
Los personajes deben evolucionar en las ficciones. Para bien o para mal, son atravesados por situaciones de conflicto que los perturban y tal vez al comienzo no reaccionen, pero con el devenir de los párrafos o las escenas DEBERÁN HACERLO. Sino, el lector-espectador comenzará a aburrirse, no se sentirá atrapado por la historia, ni se identificará con un personaje que es estático a lo largo de la trama.
El personaje de Shoshaná en la película "Bastardos sin Gloria" de Tarantino, es una adolescente
hija de productores lácteos en la campiña francesa, que se transforma en una vengadora implacable de los nazis. (Importante: cuando un personaje "muta", debe estar muy bien justificado).
-Ey, ey! -Violeta me trajo a la realidad sacudiendo frente a mis narices un frasquito de esmalte índigo suave- ¿te interesa saber cómo la fulana se volvió una pituca de la noche a la mañana o no? ¿En qué te quedaste pensando?
Y ustedes, autores, una de dos:
-¿Quién aporta el ejemplo de un personaje que "evoluciona" a lo largo de una trama?
-O mejor aún... ¿quién hace "click" en comentarios y regala al blog un cuento propio donde un personaje evolucione?
27 jun 2013
Tip 11: ¿Por qué y pará qué escribo?
Violeta terminó de pintarme las uñas de la mano izquierda sin decir palabra.
Su absoluto silencio era una sospechosa señal, que podía significar sólo dos cosas: o sus preocupaciones la abrumaban tanto que ganaban la batalla a su locuacidad habitual, o quería preguntarme algo "políticamente incorrecto" y se debatía internamente buscando la mejor forma de hacerlo.
Recién cuando iba pintando el anular de mi mano derecha, me clavó sus ojos de águila de la vida y se atrevió:
-Si con tu profesión no ganás un peso... -introdujo antes de dar la estocada- ¿Entonces para qué escribís?
Al llegar, yo le había pedido que esta vez me pinte las uñas con un esmalte transparente y había explicado como al pasar, el desatino de un color tan aburrido:
-Voy a una entrevista laboral en un vivero, a ver si me contratan de encargada. Otra vez a lidiar con poda de rosas y plantar maceteros con petunias -confesé-. Unas manos demasiado cuidadas llamarían la atención y necesito que me den el trabajo, de algo tengo que vivir. Así
que hoy, nada de rojo pasión o coral de última moda: poneme un brillito incoloro cualquiera
como para estar prolija y a otra cosa.
Después de ese comentario mío, Violeta permaneció en silencio. Y su pregunta ahora, era un disparo directo a mi esencia autoral, un cuestionamiento genuino que yo también solía formularme: ¿para qué escribo, para quién, por qué?
-Lo que dejamos asentado por escrito es lo que permanece, Violeta. Tiene la contundencia de aquello que trasciende y no es efímero.
-Pará, pará -me frenó. Así no entiendo una palabra...
-Te doy un ejemplo: supongamos que un hombre romántico le dice cada mañana a su mujer "Hoy amanecí y celebro que te amo". Es conmovedor, pero en veinte años, nadie se acordará de ello. En cambio, yo conocí a un señor que dejaba cartelitos con frases de ese estilo a su amada, pegados en el espejo del baño, en la heladera, en el volante del auto, en la taza de café con leche...
Su mujer, atesoró esas brevísimas notas (que indicaban también la fecha y la ciudad en donde fueron escritas) y las guardó en una caja de metal que hoy, es una reliquia para la familia y permite reconstruir la historia de amor entre los abuelos. Sólo porque "está escrito".
Escribir, a veces, es también un grito, una denuncia, un impulso. Es volcar en el papel nuestros miedos, deseos y fantasías. Es un acto creativo por excelencia: de la nada, de la combinación musical y perfecta de un montón de palabras sueltas, crear una frase que conmueva, que deje pensando, que plantee algo puntual y tal vez esconda un canto universal.
Cuando mi hijo pequeño me pregunta: -"Mamá... ¿podemos volar?" yo le contesto que hay dos lugares en los que SI podemos: en los SUEÑOS y en los CUENTOS. Y enseguida le invento una historia donde un niño, efectivamente, puede volar o respirar bajo el agua, o recorrer las galaxias o...
-Ya entendí, Andrea, ya "entendimos". Nos quedó clarísimo a TODAS-. Violeta señaló impaciente a las tres clientas que esperaban que me levante del banquito y pague mi cuenta de una vez, para poder hacerse las manos.
Y vos autor... te animas a hacer "click" en comentarios y regalarnos tu respuesta:
¿por qué, para qué, para quién escribís?
Su absoluto silencio era una sospechosa señal, que podía significar sólo dos cosas: o sus preocupaciones la abrumaban tanto que ganaban la batalla a su locuacidad habitual, o quería preguntarme algo "políticamente incorrecto" y se debatía internamente buscando la mejor forma de hacerlo.
Recién cuando iba pintando el anular de mi mano derecha, me clavó sus ojos de águila de la vida y se atrevió:
-Si con tu profesión no ganás un peso... -introdujo antes de dar la estocada- ¿Entonces para qué escribís?
Al llegar, yo le había pedido que esta vez me pinte las uñas con un esmalte transparente y había explicado como al pasar, el desatino de un color tan aburrido:
-Voy a una entrevista laboral en un vivero, a ver si me contratan de encargada. Otra vez a lidiar con poda de rosas y plantar maceteros con petunias -confesé-. Unas manos demasiado cuidadas llamarían la atención y necesito que me den el trabajo, de algo tengo que vivir. Así
que hoy, nada de rojo pasión o coral de última moda: poneme un brillito incoloro cualquiera
como para estar prolija y a otra cosa.
Después de ese comentario mío, Violeta permaneció en silencio. Y su pregunta ahora, era un disparo directo a mi esencia autoral, un cuestionamiento genuino que yo también solía formularme: ¿para qué escribo, para quién, por qué?
-Lo que dejamos asentado por escrito es lo que permanece, Violeta. Tiene la contundencia de aquello que trasciende y no es efímero.
-Pará, pará -me frenó. Así no entiendo una palabra...
-Te doy un ejemplo: supongamos que un hombre romántico le dice cada mañana a su mujer "Hoy amanecí y celebro que te amo". Es conmovedor, pero en veinte años, nadie se acordará de ello. En cambio, yo conocí a un señor que dejaba cartelitos con frases de ese estilo a su amada, pegados en el espejo del baño, en la heladera, en el volante del auto, en la taza de café con leche...
Su mujer, atesoró esas brevísimas notas (que indicaban también la fecha y la ciudad en donde fueron escritas) y las guardó en una caja de metal que hoy, es una reliquia para la familia y permite reconstruir la historia de amor entre los abuelos. Sólo porque "está escrito".
Escribir, a veces, es también un grito, una denuncia, un impulso. Es volcar en el papel nuestros miedos, deseos y fantasías. Es un acto creativo por excelencia: de la nada, de la combinación musical y perfecta de un montón de palabras sueltas, crear una frase que conmueva, que deje pensando, que plantee algo puntual y tal vez esconda un canto universal.
Cuando mi hijo pequeño me pregunta: -"Mamá... ¿podemos volar?" yo le contesto que hay dos lugares en los que SI podemos: en los SUEÑOS y en los CUENTOS. Y enseguida le invento una historia donde un niño, efectivamente, puede volar o respirar bajo el agua, o recorrer las galaxias o...
-Ya entendí, Andrea, ya "entendimos". Nos quedó clarísimo a TODAS-. Violeta señaló impaciente a las tres clientas que esperaban que me levante del banquito y pague mi cuenta de una vez, para poder hacerse las manos.
Y vos autor... te animas a hacer "click" en comentarios y regalarnos tu respuesta:
¿por qué, para qué, para quién escribís?
22 jun 2013
Tip 10: Un buen conflicto
En el mismo momento que estacioné, empecé a escuchar los gritos: voces ofuscadas que provenían de la manicuría de mi vecina Violeta, que quedaba a pocos metros de mi casa, en la ciudad de Ramat Gan.
No pude evitar ir a curiosear y me encontré con un cuadro donde una joven clienta (pronto supe que se llamaba Yael y estaba a punto de casarse) había elegido para el día de la boda, pintarse las uñas ni mas ni menos que de color amarillo y negro: una amarilla y una negra, otra de nuevo amarilla y la siguiente negra... así quería que Violeta alternara los colores en sus manos, a la hora de lucir el vestido blanco.
Su madre y su inminente suegra, que la habían acompañado soñando con un tenue rosa perlado para la ocasión o con el color llamado "vía láctea" que da a las uñas la apariencia de perlas o estrellas, pusieron el grito en el cielo oponiéndose a capa y espada. Y, como suele suceder en Israel, todas las damas presentes tenían una opinión para emitir y ninguna estaba dispuesta a callarse.
La empleada árabe que depilaba, indicó que un dorado suave sería mejor que el amarillo y no enfadaría a nadie.
Una señora mayor que esperaba que sus uñas pintadas de rojo se secaran, miraba sus dedos largos y hermosos a pesar de la edad y alegaba que no había elegancia mayor que el púrpura en las manos de una mujer.
La mamá y la futura suegra de Yael, sostenían con énfasis y a los gritos, que el amarillo es el color de la envidia y que ese sentimiento -justamente- hay que tratar de alejarlo siempre y con mas razón- el día que se sube al altar.
Y la mismísima Violeta comentó en hebreo a la confundida novia que, si las pintaba con amarillo y negro, sus uñas lucirían como los taxis de la ciudad de Buenos Aires en Argentina, su país de origen.
Apenas asomé mi nariz al umbral del local de belleza y pregunté qué estaba pasando, todas -menos
la azorada Yael- hablaron al unísono tratando de imponer sus propias razones y al final, se hizo una suerte de brecha menos ruidosa y pidieron por fin mi opinión. Entonces, como no sabía bien qué decir, vacilante, me dirigí a la novia:
-¿Y por qué elegiste esos colores?
El grupo esperó la respuesta, expectante.
-Son los del Betar Ierushalaim... su equipo de fútbol -dijo a punto de romper en llanto-.
Quería darle una sorpresa.
Un silencio culpógeno e incómodo se instaló en el local, hasta que Violeta lo rompió abriendo ruidosamente el cajoncito donde guardaba sus mil y un esmaltes de Sherezada y eligió expeditiva
(sin que nadie diga ni "mu") un frasquito amarillo... y otro negro.
Tal como sucedió esa polémica tarde en la manicuría, en todo cuento, obra de teatro o película,
los autores necesitamos un CONFLICTO.
En mis Talleres surge reiteradas veces la inquietud: ¿Cómo hacer para crear o inventar un buen conflicto?
Una forma posible es la siguiente: cuando uno de los personajes toma una determinación y alguien (padres, novia, maestro, cura, policía, etc) o algo (una institución, la sociedad, la ley, una religión) intenta impedir que lleve a cabo lo que se propuso. Esa es una situación de conflicto básica.
El CONFLICTO es el alma mater de nuestra historia: si nada sucede... ¿a quién le interesará saber qué pasó? En próximas entradas iremos analizando situaciones de conflicto más complejas.
En tanto... ¿quién se anima a describir una situación de conflicto puntual y cotidiana, como la que atravesó Yael, donde un personaje decide hacer algo y otros tratan de impedírselo?
No pude evitar ir a curiosear y me encontré con un cuadro donde una joven clienta (pronto supe que se llamaba Yael y estaba a punto de casarse) había elegido para el día de la boda, pintarse las uñas ni mas ni menos que de color amarillo y negro: una amarilla y una negra, otra de nuevo amarilla y la siguiente negra... así quería que Violeta alternara los colores en sus manos, a la hora de lucir el vestido blanco.
Su madre y su inminente suegra, que la habían acompañado soñando con un tenue rosa perlado para la ocasión o con el color llamado "vía láctea" que da a las uñas la apariencia de perlas o estrellas, pusieron el grito en el cielo oponiéndose a capa y espada. Y, como suele suceder en Israel, todas las damas presentes tenían una opinión para emitir y ninguna estaba dispuesta a callarse.
La empleada árabe que depilaba, indicó que un dorado suave sería mejor que el amarillo y no enfadaría a nadie.
Una señora mayor que esperaba que sus uñas pintadas de rojo se secaran, miraba sus dedos largos y hermosos a pesar de la edad y alegaba que no había elegancia mayor que el púrpura en las manos de una mujer.
La mamá y la futura suegra de Yael, sostenían con énfasis y a los gritos, que el amarillo es el color de la envidia y que ese sentimiento -justamente- hay que tratar de alejarlo siempre y con mas razón- el día que se sube al altar.
Y la mismísima Violeta comentó en hebreo a la confundida novia que, si las pintaba con amarillo y negro, sus uñas lucirían como los taxis de la ciudad de Buenos Aires en Argentina, su país de origen.
Apenas asomé mi nariz al umbral del local de belleza y pregunté qué estaba pasando, todas -menos
la azorada Yael- hablaron al unísono tratando de imponer sus propias razones y al final, se hizo una suerte de brecha menos ruidosa y pidieron por fin mi opinión. Entonces, como no sabía bien qué decir, vacilante, me dirigí a la novia:
-¿Y por qué elegiste esos colores?
El grupo esperó la respuesta, expectante.
-Son los del Betar Ierushalaim... su equipo de fútbol -dijo a punto de romper en llanto-.
Quería darle una sorpresa.
Un silencio culpógeno e incómodo se instaló en el local, hasta que Violeta lo rompió abriendo ruidosamente el cajoncito donde guardaba sus mil y un esmaltes de Sherezada y eligió expeditiva
(sin que nadie diga ni "mu") un frasquito amarillo... y otro negro.
Tal como sucedió esa polémica tarde en la manicuría, en todo cuento, obra de teatro o película,
los autores necesitamos un CONFLICTO.
En mis Talleres surge reiteradas veces la inquietud: ¿Cómo hacer para crear o inventar un buen conflicto?
Una forma posible es la siguiente: cuando uno de los personajes toma una determinación y alguien (padres, novia, maestro, cura, policía, etc) o algo (una institución, la sociedad, la ley, una religión) intenta impedir que lleve a cabo lo que se propuso. Esa es una situación de conflicto básica.
El CONFLICTO es el alma mater de nuestra historia: si nada sucede... ¿a quién le interesará saber qué pasó? En próximas entradas iremos analizando situaciones de conflicto más complejas.
En tanto... ¿quién se anima a describir una situación de conflicto puntual y cotidiana, como la que atravesó Yael, donde un personaje decide hacer algo y otros tratan de impedírselo?
20 jun 2013
Tip 9: ¿Cómo se va a llamar?
-Violeta... ¿no podías ponerle otro nombre?
-¿A quién?
-A tu negocio. ¿Te parece que "Ana Frank" es un nombre adecuado para un local de belleza? ¿Qué relación hay entre el calvario que atravesó esa pequeña y una clienta que piensa, frívolamente,
si el color de esmalte de las uñas de sus pies combina con las sandalias?
Me miró sin paciencia, por encima de los lentes, como hacía siempre que yo daba el puntapié para trocar una cuestión sencilla y de poca monta, en un asunto digno de ser analizado con minuciosidad. Sus expresivos ojos verdes me advirtieron que el tema terminaría pronto. Y apartando con el dorso de su mano el simpático rizo entrecano de un pelo que se empeñó en no teñir, respondió sin titubear:
-La chiquita fue valiente y admirable. Y la calle donde estamos se llama Ana Frank. Pensé que eso ayudaría a las clientas a acordarse donde está ubicada la manicuría. Por último... me pareció un buen homenaje. ¿Algún problema? -puntualizó defensiva-.
-Si -contesté-. Un buen nombre o título, debe elegirse con cuidado, no en forma ligera.
El nombre que elegimos para un personaje puede indicar mucho acerca de él y ayudar al lector
a visualizarlo mejor. No es lo mismo ponerle a la heroína de nuestro relato "Li" o nombrarla "Ruth". O por ejemplo, si contamos una historia que transcurre en Buenos Aires y el protagonista se llama Vittorio, eso estará indicando algo sobre él, en relación a sus ancestros.
Asimismo, es recomendable dedicar un buen TIEMPO a la búsqueda del título de nuestros cuentos, novelas u obras teatrales.
Si bien hay títulos maravillosos que son MUY largos como
"Acerca de lo que piensan las madres mientras esperan que sus hijos mineros salgan a la superficie" (Daniel Veronese) o "La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada" (García Marquez) conviene que su extensión no exceda las cuatro palabras.
El título debe generar intriga, interés y ganas de abordar un texto. Debe tener fuerza, música, contundencia y además...
-"Betty la fea", ese título me gustó a mí! -exclamó Violeta de pronto, mientras me daba el vuelto y yo trataba de guardarlo en la cartera sin que se me corriera el esmalte fresco.- ¡Qué flor de telenovela, esa! O "Cosecharás tu Siembra"... ¿qué fuerza tiene, no?
-No mas fuerza que "¿Por quién doblan las campanas?" , "Lo que el viento se llevó" o "Matar a
un Ruiseñor" -alcancé a decir antes de poner un pie en la vereda. Y me fui caminando en una nube nostálgica, recordando títulos inolvidables de historias memorables.
A ver, autores... ¿quién hace "click" en comentarios y aporta al blog un título propio o de la literatura universal que lo conmueva?
-¿A quién?
-A tu negocio. ¿Te parece que "Ana Frank" es un nombre adecuado para un local de belleza? ¿Qué relación hay entre el calvario que atravesó esa pequeña y una clienta que piensa, frívolamente,
si el color de esmalte de las uñas de sus pies combina con las sandalias?
Me miró sin paciencia, por encima de los lentes, como hacía siempre que yo daba el puntapié para trocar una cuestión sencilla y de poca monta, en un asunto digno de ser analizado con minuciosidad. Sus expresivos ojos verdes me advirtieron que el tema terminaría pronto. Y apartando con el dorso de su mano el simpático rizo entrecano de un pelo que se empeñó en no teñir, respondió sin titubear:
-La chiquita fue valiente y admirable. Y la calle donde estamos se llama Ana Frank. Pensé que eso ayudaría a las clientas a acordarse donde está ubicada la manicuría. Por último... me pareció un buen homenaje. ¿Algún problema? -puntualizó defensiva-.
-Si -contesté-. Un buen nombre o título, debe elegirse con cuidado, no en forma ligera.
El nombre que elegimos para un personaje puede indicar mucho acerca de él y ayudar al lector
a visualizarlo mejor. No es lo mismo ponerle a la heroína de nuestro relato "Li" o nombrarla "Ruth". O por ejemplo, si contamos una historia que transcurre en Buenos Aires y el protagonista se llama Vittorio, eso estará indicando algo sobre él, en relación a sus ancestros.
Asimismo, es recomendable dedicar un buen TIEMPO a la búsqueda del título de nuestros cuentos, novelas u obras teatrales.
Si bien hay títulos maravillosos que son MUY largos como
"Acerca de lo que piensan las madres mientras esperan que sus hijos mineros salgan a la superficie" (Daniel Veronese) o "La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada" (García Marquez) conviene que su extensión no exceda las cuatro palabras.
El título debe generar intriga, interés y ganas de abordar un texto. Debe tener fuerza, música, contundencia y además...
-"Betty la fea", ese título me gustó a mí! -exclamó Violeta de pronto, mientras me daba el vuelto y yo trataba de guardarlo en la cartera sin que se me corriera el esmalte fresco.- ¡Qué flor de telenovela, esa! O "Cosecharás tu Siembra"... ¿qué fuerza tiene, no?
-No mas fuerza que "¿Por quién doblan las campanas?" , "Lo que el viento se llevó" o "Matar a
un Ruiseñor" -alcancé a decir antes de poner un pie en la vereda. Y me fui caminando en una nube nostálgica, recordando títulos inolvidables de historias memorables.
A ver, autores... ¿quién hace "click" en comentarios y aporta al blog un título propio o de la literatura universal que lo conmueva?
Suscribirse a:
Entradas (Atom)