La clienta bonita, divorciada y de treinta y pico largos, contaba en la manicuría de Violeta -con lujo de detalles- la serie de peripecias que oscurecieron su fin de semana. Si bien fueron contratiempos relativamente minúsculos, la seguidilla le había generado mas de un trastorno, atrasos y tensiones, que ahora relataba con comicidad.
-Una rueda se me pinchó y unos vecinos la cambiaron por la de auxilio, pero al estacionar... vi que la otra goma delantera estaba bajísima. Hace tres años que pago un seguro que te manda un service o una grúa por si te pasa algo en el camino y hasta ahora jamás lo necesité, nunca los llamé ni los molesté. Esta vez intenté comunicarme y me topé una serie de contestadores automáticos y musiquitas cursis que me sacaron de quicio, Cuando por fin me atendió alguien y me pidió quinientos datos para comprobar mi identidad, me informó sin rodeos y con tono monocorde "su póliza venció el 18 de octubre".
Sentí como una trompada en medio del rostro. "Eso fue... AYER" -noté angustiada-. Le transmití mi desazón a ese tono informe, hablando con la voz quebrada e intentando conmoverlo -contó la clienta- mientras Violeta y yo escuchábamos divertidas, porque la bonita señora de los contratiempos poseía el don de la narrativa oral y contaba la serie de peripecias con el tono patético y burlón de una verdadera "standapista".
-Pero no hubo caso -siguió diciendo-. La voz sólo quería cortar la comunicación repitiendo una y otra vez: "Si su seguro está vencido, el sistema no me permite enviarle un móvil de auxilio mecánico".
En fin, les resumo el cuadro de situación -enumeró con la mano que ya tenía las uñas pintadas-. "Noche, los chicos solos en casa, uno de ellos con fiebre, la rueda delantera cada vez mas baja, la rueda de auxilio ya la usé y al día siguiente -hoy- tenía que estar a las 8.00 en mi nuevo trabajo a 25 km de Ramat Gan. Me metí adentro del auto y se me cayeron un par de lágrimas. Pero intenté ser resolutiva: llamé a los chicos y le dije al de ocho -aclara- "que es el mas grande" que voy a buscar una gomería abierta y que si tienen sueño se duerman... mami volverá enseguida. Entonces puse el auto en marcha... (estudiada pausa dramática) y NO arrancó. Intenté otra vez, volví a ingresar el código de la alarma... el auto no es muy nuevo pero tampoco es taaan viejo... pero no hubo caso. Parece que murió la batería. Quedé como en blackout, paralizada, tratando de encontrar explicaciones fiosóficas y psicológicas a lo que estaba pasando...
¿Por qué esta cadena de contratiempos? ¿Por qué justo cuando conseguí un trabajo adecuado y conveniente? ¿Por qué ahora, que empecé a salir a flote sola del divorcio que me hundió?
Las preguntas de la clienta quedaron suspendidas en el aire de la manicuría y se mezclaron con el típico aroma de la acetona, los esmaltes y la cera depilatoria. Violeta y yo la miramos intrigadas. Hizo una pausa que nos pareció demasiado extensa y anunció el desenlace:
"Entonces sonó mi celular".
Identifiqué el número de un gordito bastante pesado que me está pretendiendo hace varios meses... -dijo-. En otra circunstancia ni le hubiera contestado pero en esta ocasión... ¡sentí que lo mandó Dios!. Violeta y yo nos miramos divertidas y eso la estimuló.
"Ahí estaba, vibrando e iluminando mi teléfono en el momento exacto y en el minuto indicado". No lo dudé: deslicé suavemente mi yema por la pantalla dactilar del android y antes que él me dijera "¿cómo estás?" eché por la borda discursos feministas y alegatos de autosuficiencia y lo saludé diciendo: "la vida me está indicando que necesito otra vez un hombre a mi lado".
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Las cadenas de contratiempos son un tema recurrente en la literatura, el cine y el teatro. Desde la dramática película "Un día de furia" hasta shows de stand up donde las dificultades cotidianas se abordan desde el humor, una buena pluma o un hábil narador, pueden transformar situaciones exasperantes que llevan al borde de la desesperación, en las mas deliciosas anécdotas.
A ver autores... ¿quien se anima a aportar al blog el relato de una serie de vicisitudes? Importante: elijan si el tono será dramático o mas bien de un humor patético... ¡Espero vuestros escritos!
¿Siempre quisiste escribir? Llegaste al sitio indicado. En los posts mas antiguos, encontrarás ANECDOTAS, ENSEÑANZAS LITERARIAS (Tips) y EJERCICIOS, muchos de ellos ambientados en la escenografía íntima de un pequeño Salón de Belleza en un barrio pintoresco de Israel. Y en los últimos posts: relatos destacados de escritores contemporáneos que brillan en los Talleres. Bienvenidos a Nace un Autor: un viaje al corazón de tu impulso creativo.
20 oct 2013
4 oct 2013
Tip 23: Mueblero tránsfuga o "Cómo insertar un buen diálogo"
Mientras daba los últimos retoques a las cuidadas manos de una anciana rusa que había sido concertista de piano, Violeta contaba con lujo de detalles el altercado entre su marido y un vendedor de muebles de la calle Herzl, en Tel Aviv, un equivalente de la Avenida Belgrano porteña, donde se pueden encontrar juegos de comedor y de dormitorio bastante dignos y a buen precio.
-Prometió que nos enviaria una consola de un color gris patinado muy original, UN MES antes de las fiestas y fijensé, recién HOY la recibimos, tres meses después de haberla pagado- contó Violeta indignadísima.
-¿La pagaron por adelantado? -preguntó una clienta, dando por sentado en su tono que si lo habían hecho eran ingenuos.
-Si, pagamos y esperamos el envío del mueble como suele hacerse ¿o no?... (comentarios de las clientas) En fin -retomó Violeta el hilo de la narración- ¡tres meses lo esperamos! Llamamos TODOS los dias y cada vez el dueño -un tal Moti- nos respondía "mañana lo recibirán" -relató mi manicura con voz quebrada y un signo de interrogación en la mirada: esa falta de respeto hacia un cliente, para ella era inconcebible-. Finalmente, mi Marcos se fue hacia la calle Herzl para ver qué estaba pasando... pensamos que tal vez cerró el negocio, o quebró.
Después de treinta y cinco años de casada, mi manicura seguía llamando a su esposo con suma ternura. "Marquitos" o "mi Marcos" le decía y a continuación, expuso el diálogo inverosímil entre su marido y el mueblero tránsfuga.
-Buenas tardes, soy el que te encargó la consola patinada gris-.
-¿Y qué necesitás?
-¿Que te parece? ¡Que me la envíes! Te la encargué hace tres meses y te la pagué...
-Que se va a hacer, el carpintero se murió -interrumpió el tal Moti con brusquedad-
-Ah... lo lamento. ¿Por qué no nos dijiste? Hace tres meses que te llamamos y nos prometen "mañana la enviamos".
-Se me pasó... ¿te creés que lo único que tengo en la cabeza es tu consola? -desafió Moti-.
-No entiendo- Mi Marcos trataba de dominar su furia y consternación- ¿así tratás a los clientes?
-Si. Te topaste con una mala persona, qué vas a hacer.
-Entonces devolveme el dinero, te di dos cheques- solicitó mi marido conteniéndose-. Así como lo ven de bueno, Marquitos no es de los que se dejan llevar por delante y de golpe, puede convertirse en una fiera.
-El dinero ya me lo gasté. Si querés te mando esta consola negra, o esta marrón, mirá que linda -ofreció sin escrúpulos-.
-No queremos una consola negra ni queremos una marrón. Queremos la que pagamos o devolveme el dinero AHORA, atorrante!
-Esperá... no te pongas así... dejame hablar con el carpintero. ¡Y se puso a marcar un número!- Violeta no podía esconder su asombro ante la desfachatez del susodicho.
-¿¡No se habia muertoooo?! -preguntamos al unísono el grupito de clientas que la estábamos escuchando.
..................................................................................................................
Insertar un dialogo como el anterior, de connotación intensa, en un cuento o novela, no es tarea fácil para un escritor. Un tercero cuenta una conversación entre otras dos personas, un ejercicio verbal al que estamos acostumbrados desde que tenemos recuerdos. Pero al intentar ponerlo POR ESCRITO nos preguntamos: ¿cómo transcribir la frescura de una conversación, sin perder algo en el camino hacia papel?
Un buen ejercicio es tratar de evitar el verbo DECIR ("me dijo, te dijo, le dijo") o por lo menos no abusar del mismo, buscando con afán la palabra exacta que refleje lo que sentía el protagonista cuando habló.
Atención: pocas veces en la vida simplemente "decimos" las cosas. A veces las gritamos o enfatizamos, las susurramos, narramos, preguntamos o sugerimos, contamos o nos referimos, explicamos o defendimos, indicamos o respondimos... hay decenas de verbos que pueden reemplazar al simple "decimos". Buscar el verbo exacto, nos permite mostrarle al lector algo más acerca del estado de ánimo del personaje que replica (Por ejemplo, si escribimos "enfatizó" estamos contando que el personaje "lo dijo con énfasis") Observen en el dialogo anterior, como he reemplazado en todos los casos el verbo decir.
A ver, autores... ¿quién hace click en comentarios y aporta al blog algún dialoguito "picante"?
-Prometió que nos enviaria una consola de un color gris patinado muy original, UN MES antes de las fiestas y fijensé, recién HOY la recibimos, tres meses después de haberla pagado- contó Violeta indignadísima.
-¿La pagaron por adelantado? -preguntó una clienta, dando por sentado en su tono que si lo habían hecho eran ingenuos.
-Si, pagamos y esperamos el envío del mueble como suele hacerse ¿o no?... (comentarios de las clientas) En fin -retomó Violeta el hilo de la narración- ¡tres meses lo esperamos! Llamamos TODOS los dias y cada vez el dueño -un tal Moti- nos respondía "mañana lo recibirán" -relató mi manicura con voz quebrada y un signo de interrogación en la mirada: esa falta de respeto hacia un cliente, para ella era inconcebible-. Finalmente, mi Marcos se fue hacia la calle Herzl para ver qué estaba pasando... pensamos que tal vez cerró el negocio, o quebró.
Después de treinta y cinco años de casada, mi manicura seguía llamando a su esposo con suma ternura. "Marquitos" o "mi Marcos" le decía y a continuación, expuso el diálogo inverosímil entre su marido y el mueblero tránsfuga.
-Buenas tardes, soy el que te encargó la consola patinada gris-.
-¿Y qué necesitás?
-¿Que te parece? ¡Que me la envíes! Te la encargué hace tres meses y te la pagué...
-Que se va a hacer, el carpintero se murió -interrumpió el tal Moti con brusquedad-
-Ah... lo lamento. ¿Por qué no nos dijiste? Hace tres meses que te llamamos y nos prometen "mañana la enviamos".
-Se me pasó... ¿te creés que lo único que tengo en la cabeza es tu consola? -desafió Moti-.
-No entiendo- Mi Marcos trataba de dominar su furia y consternación- ¿así tratás a los clientes?
-Si. Te topaste con una mala persona, qué vas a hacer.
-Entonces devolveme el dinero, te di dos cheques- solicitó mi marido conteniéndose-. Así como lo ven de bueno, Marquitos no es de los que se dejan llevar por delante y de golpe, puede convertirse en una fiera.
-El dinero ya me lo gasté. Si querés te mando esta consola negra, o esta marrón, mirá que linda -ofreció sin escrúpulos-.
-No queremos una consola negra ni queremos una marrón. Queremos la que pagamos o devolveme el dinero AHORA, atorrante!
-Esperá... no te pongas así... dejame hablar con el carpintero. ¡Y se puso a marcar un número!- Violeta no podía esconder su asombro ante la desfachatez del susodicho.
-¿¡No se habia muertoooo?! -preguntamos al unísono el grupito de clientas que la estábamos escuchando.
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Insertar un dialogo como el anterior, de connotación intensa, en un cuento o novela, no es tarea fácil para un escritor. Un tercero cuenta una conversación entre otras dos personas, un ejercicio verbal al que estamos acostumbrados desde que tenemos recuerdos. Pero al intentar ponerlo POR ESCRITO nos preguntamos: ¿cómo transcribir la frescura de una conversación, sin perder algo en el camino hacia papel?
Un buen ejercicio es tratar de evitar el verbo DECIR ("me dijo, te dijo, le dijo") o por lo menos no abusar del mismo, buscando con afán la palabra exacta que refleje lo que sentía el protagonista cuando habló.
Atención: pocas veces en la vida simplemente "decimos" las cosas. A veces las gritamos o enfatizamos, las susurramos, narramos, preguntamos o sugerimos, contamos o nos referimos, explicamos o defendimos, indicamos o respondimos... hay decenas de verbos que pueden reemplazar al simple "decimos". Buscar el verbo exacto, nos permite mostrarle al lector algo más acerca del estado de ánimo del personaje que replica (Por ejemplo, si escribimos "enfatizó" estamos contando que el personaje "lo dijo con énfasis") Observen en el dialogo anterior, como he reemplazado en todos los casos el verbo decir.
A ver, autores... ¿quién hace click en comentarios y aporta al blog algún dialoguito "picante"?
24 sept 2013
Tip 22: Intriga y Esperanza
Hablábamos del ayuno y del perdón sopesando el verdadero alcance del arrepentimiento concentrado en un solo día del año, cuando con un gesto drástico, Violeta me indicó que mirara hacia afuera.
-Esa mujer... ¿la ves? Vive en mi edificio. ¡Ni aunque ayune durante dos meses la van a perdonar! -introdujo-. Una sola vez entró al local y pidió hacerse las manos. Yo la miré fijo a los ojos y le dije bien fuerte, adelante de todas las clientas: "No tengo tiempo ni turnos a futuro para vos". Entonces dio media vuelta y -por suerte- no entró nunca mas...
Abrí grandes los ojos. Mis uñas ya se habían secado y yo estaba apuradísima, pero me acomodé en el asiento. La pregunta caía de maduro y nadie me movería de ahí antes que Violeta me contara -con lujo de detalles- que pecado había cometido esa vecina para merecer un desplante tan categórico.
................................................................................
Violeta era una narradora intuitiva y sin proponérselo, me otorgó un ejemplo magnífico de buen comienzo para un cuento.
El primer párrafo de una historia, debe tener la cantidad de ingredientes necesarios para que el lector sienta CURIOSIDAD e IMPULSO de seguir leyendo. Cuando escribimos las primeras frases de nuestro cuento, novela o artículo, vale la pena preguntarnos si tiene la cuota de INTRIGA suficiente y si alberga la ESPERANZA de una buena historia detrás de ese suspiro inicial.
Si creemos que NO... es el momento de re-pensar nuestro comienzo y elegir con paciencia y perseverancia una frase mas prometedora, que dispare de inmediato en el lector PREGUNTAS (¿qué pasó allí? - ¿por qué?) y UNA CERTEZA (¡quiero saberlo!)
En ese primer renglón, sugiero introducir vocablos que impacten y remitan a cuestiones de fuerte impronta. Como ejemplo, transcribo el comienzo de "El Amor en los Tiempos del Cólera" de Gabriel García Marquez:
"Era inevitable. El perfume de las almendras amargas le recordaba siempre el destino de los amores contrariados".
Observen las palabras que nuestro genio literario eligió: "inevitable" - "perfume" - "almendras amargas" - "destino" - "amores contrariados".... ¡cuántas PROMESAS en un sólo renglón! Noten la FUERZA que contiene la palabra "inevitable", presientan el cianuro de muerte escondido en las "almendras amargas", intenten adivinar que depara el destino a un "amor contrariado"... ¿Qué pasó alli? es la pregunta
que aflora de inmediato en la cerebro del lector... ¡quiero saber!
...............................................................................................
-¿Qué pasó, Violeta? ¿Qué hizo? ¿Por qué nunca vas a atender a esa anciana?
Mi manicura disfrutaba en silencio el flechazo de curiosidad que genero en mi. Estiraba el momento de la revelación paladeando esos instantes en los que mantenía en vilo mi mente de cuento.
-Estuvo en Buchenwald... acusando a los nuestros para recibir favores de los nazis. Era una famosa "kapo"- dijo por fin.
Me apuré a salir y caminé por la vereda mirando mis manos de jardinera de oficio, que Violeta maquillaba mágicamente una vez por semana transformándolas en la prolija extremidad de una escritora por vocación.
Y me sentí feliz de que mi manicura le escatime a una otrora "kapo" ese minúsculo espacio de intimidad y belleza en donde dos mujeres hablan de la vida y después de 30 minutos, una sale de allí con ganas de acariciar al mundo.
.................................................................................................
A ver, autores! ¿Se animan a regalar al blog un ping-pong de atrapantes COMIENZOS, haciendo click en "comentarios"? Sólo pido inventar un comienzo... un renglón o dos... que genere una PREGUNTA (¿por qué? -¿qué hizo? ¿qué pasó allí?! Y una URGENCIA: ¡quiero saber!
-Esa mujer... ¿la ves? Vive en mi edificio. ¡Ni aunque ayune durante dos meses la van a perdonar! -introdujo-. Una sola vez entró al local y pidió hacerse las manos. Yo la miré fijo a los ojos y le dije bien fuerte, adelante de todas las clientas: "No tengo tiempo ni turnos a futuro para vos". Entonces dio media vuelta y -por suerte- no entró nunca mas...
Abrí grandes los ojos. Mis uñas ya se habían secado y yo estaba apuradísima, pero me acomodé en el asiento. La pregunta caía de maduro y nadie me movería de ahí antes que Violeta me contara -con lujo de detalles- que pecado había cometido esa vecina para merecer un desplante tan categórico.
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Violeta era una narradora intuitiva y sin proponérselo, me otorgó un ejemplo magnífico de buen comienzo para un cuento.
El primer párrafo de una historia, debe tener la cantidad de ingredientes necesarios para que el lector sienta CURIOSIDAD e IMPULSO de seguir leyendo. Cuando escribimos las primeras frases de nuestro cuento, novela o artículo, vale la pena preguntarnos si tiene la cuota de INTRIGA suficiente y si alberga la ESPERANZA de una buena historia detrás de ese suspiro inicial.
Si creemos que NO... es el momento de re-pensar nuestro comienzo y elegir con paciencia y perseverancia una frase mas prometedora, que dispare de inmediato en el lector PREGUNTAS (¿qué pasó allí? - ¿por qué?) y UNA CERTEZA (¡quiero saberlo!)
En ese primer renglón, sugiero introducir vocablos que impacten y remitan a cuestiones de fuerte impronta. Como ejemplo, transcribo el comienzo de "El Amor en los Tiempos del Cólera" de Gabriel García Marquez:
"Era inevitable. El perfume de las almendras amargas le recordaba siempre el destino de los amores contrariados".
Observen las palabras que nuestro genio literario eligió: "inevitable" - "perfume" - "almendras amargas" - "destino" - "amores contrariados".... ¡cuántas PROMESAS en un sólo renglón! Noten la FUERZA que contiene la palabra "inevitable", presientan el cianuro de muerte escondido en las "almendras amargas", intenten adivinar que depara el destino a un "amor contrariado"... ¿Qué pasó alli? es la pregunta
que aflora de inmediato en la cerebro del lector... ¡quiero saber!
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-¿Qué pasó, Violeta? ¿Qué hizo? ¿Por qué nunca vas a atender a esa anciana?
Mi manicura disfrutaba en silencio el flechazo de curiosidad que genero en mi. Estiraba el momento de la revelación paladeando esos instantes en los que mantenía en vilo mi mente de cuento.
-Estuvo en Buchenwald... acusando a los nuestros para recibir favores de los nazis. Era una famosa "kapo"- dijo por fin.
Me apuré a salir y caminé por la vereda mirando mis manos de jardinera de oficio, que Violeta maquillaba mágicamente una vez por semana transformándolas en la prolija extremidad de una escritora por vocación.
Y me sentí feliz de que mi manicura le escatime a una otrora "kapo" ese minúsculo espacio de intimidad y belleza en donde dos mujeres hablan de la vida y después de 30 minutos, una sale de allí con ganas de acariciar al mundo.
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A ver, autores! ¿Se animan a regalar al blog un ping-pong de atrapantes COMIENZOS, haciendo click en "comentarios"? Sólo pido inventar un comienzo... un renglón o dos... que genere una PREGUNTA (¿por qué? -¿qué hizo? ¿qué pasó allí?! Y una URGENCIA: ¡quiero saber!
12 sept 2013
Tip 21: Perrito o "una historia que termine bien"
Playa de Tel Aviv. Mediodía de verano y calor agobiante en el año judío recién estrenado. Poca gente desparramada en la arena, bajo esos parasoles públicos que dan sombra con dificultad. Mar tibio. Hice un alto en el día laboral, nadé media hora y me estaba secando unos minutos al sol... cuando "la historia" vino hacia mi. ¡Así es la playa de Tel Aviv! Un escenario permanente...
-Mi manicuría no se queda atrás, acá también pasa de todo- reacciona Violeta, que compite conmigo en el tema "telenovela cotidiana".
-¿Qué te pasó esta vez?-
Dos clientas que esperaban su turno para depilación y belleza de pies, se habían abrochado a lo que anuncié y me miraron con expectativa. Hay narrador, hay una historia para contar y hay publico -pensé-.
¡Bingo! La magia comienza...
"Un tipo alto y musculoso se acercó desde la rambla, extendió una toalla cerca del mar y desabrochó su camisa con lentitud. Vestía un holgado jean clarito con cortes "casuals" pero no se lo quitó.
Hacía todo lo posible por llamar la atención: silbaba, corría la toalla varias veces de lugar buscando una posición adecuada, se paraba desafiante plantando su metro noventa frente al mar y corrió varias veces hasta la orilla para mojarse los pies. Tenía el pelo larguísimo, una barba incipiente al estilo Mike Rourke en "Nueve semanas y media" y tatuajes grabados en el pecho y la espalda. Todo el conjunto le daba un aire de pirata moderno.
El Adonis extrajo de su mochilita una cerveza que se veía bien helada, la abrió con los dientes, echó un trago generoso en su boca y se recostó a mirar el mar con expresión de "esto es todo lo que quiero en el mundo". Y cuando parecía que su puesta en escena finalizó ¡vino lo mejor! El fulano metió de vuelta la mano en su mochila y extrajo esta vez algo insólito: un perro diminuto, una especie de chihuaha bebé o enano y lo instó a que le lamiera bastante impúdicamente la boca, una y otra vez. Lo que hacía nuestro protagonista, a la luz del día y de los azorados ojos de los espectadores involuntarios de su show, era darle de tomar cerveza al perrito... de su propia boca.
(Expresiones de repugnancia de Violeta y las dos clientas)
-Mi manicuría no se queda atrás, acá también pasa de todo- reacciona Violeta, que compite conmigo en el tema "telenovela cotidiana".
-¿Qué te pasó esta vez?-
Dos clientas que esperaban su turno para depilación y belleza de pies, se habían abrochado a lo que anuncié y me miraron con expectativa. Hay narrador, hay una historia para contar y hay publico -pensé-.
¡Bingo! La magia comienza...
"Un tipo alto y musculoso se acercó desde la rambla, extendió una toalla cerca del mar y desabrochó su camisa con lentitud. Vestía un holgado jean clarito con cortes "casuals" pero no se lo quitó.
Hacía todo lo posible por llamar la atención: silbaba, corría la toalla varias veces de lugar buscando una posición adecuada, se paraba desafiante plantando su metro noventa frente al mar y corrió varias veces hasta la orilla para mojarse los pies. Tenía el pelo larguísimo, una barba incipiente al estilo Mike Rourke en "Nueve semanas y media" y tatuajes grabados en el pecho y la espalda. Todo el conjunto le daba un aire de pirata moderno.
El Adonis extrajo de su mochilita una cerveza que se veía bien helada, la abrió con los dientes, echó un trago generoso en su boca y se recostó a mirar el mar con expresión de "esto es todo lo que quiero en el mundo". Y cuando parecía que su puesta en escena finalizó ¡vino lo mejor! El fulano metió de vuelta la mano en su mochila y extrajo esta vez algo insólito: un perro diminuto, una especie de chihuaha bebé o enano y lo instó a que le lamiera bastante impúdicamente la boca, una y otra vez. Lo que hacía nuestro protagonista, a la luz del día y de los azorados ojos de los espectadores involuntarios de su show, era darle de tomar cerveza al perrito... de su propia boca.
(Expresiones de repugnancia de Violeta y las dos clientas)
El espectáculo no pasaba desapercibido para nadie: ese mediodía en la playa, algunos con asco, otros con deseo y todos con estupor, observaban los lenguetazos casi obscenos que esa escultura humana prodigaba a su perrito con la excusa de mitigarle la sed. A mi izquierda, dos muchachas no sacaban la vista del buen mozón extravagante y prodigaban caricias y mimos al pequeñísimo can, cada vez que éste -medio borrachín- corría hacia ellas haciendo "eses".
El intenso intercambio zoofilico se vio interrumpido de repente, cuando un hombre que caminaba por la orilla vestido de civil, se presentó como "guardia costera" y le indicó al susodicho que en esa playa no se permitían perros. El diálogo que mantuvieron fue mas o menos así (en hebreo suena mejor, pero lo reproduciré en castellano):
-Disculpá... en esta playa no se permiten animales.
-¿Quién lo dice? -la pregunta transmitía mas curiosidad que preocupación.
-Hay carteles, mirá... -el guardia señaló a su alrededor-
-Yo no molesto a nadie y "Goliat" tampoco. Está conmigo, es una pulga casi invisible... ¿te parece que está jodiendo a alguien?
El nombre "Goliat" generó empatía y dibujó una sonrisa en los labios de los presentes. El guardia miró a las dos chicas de la izquierda y éstas indicaron con gestos que no se sentían perturbadas en absoluto.
-Es verdad, no molesta... pero mi trabajo es pedirte que te retires de esta playa si tenés un perro -insistió el guarda-. A 400 metros hacia el norte, hay una zona donde permiten...
-Pleeeease... -interrrumpió el dueño de Goliat- ¿me dejás empezar el año en paz? Estoy en mi "break" de almuerzo en el laburo, vine a fumar un puchito a la playa, a tomar una cerveza, tengo en total media hora... no molesto a nadie.
-Por lo menos ponele una correa -se notaba que el guardia le había tomado involuntariamente simpatía.
-No traje.
-Andá a buscar una a la casilla del guardavidas.
-¿Aquella? Está como a 200 mts...
-Lo siento, entonces tenés que retirarte ahora.
-Dejame tranquilo (bebió otro trago de cerveza y mas lenguetazos)
-Me van a despedir, tengo que cumplir mi función. Ponete en mi lugar...
La amabilidad no funcionó por mucho tiempo. Dos minutos después ambos levantaban la voz, cada uno firme en su posición. Y cuando el apacible mediodía estaba por dejar de serlo, una de las chicas de la izquierda decidió intervenir y se dirigió al guardia costero.
-¿El guardavidas tiene una correa?
-Así es.
-Si la traigo... ¿Goliat podrá quedarse?
-Efectivamente.
-Voy a correr hasta la casilla, me llevará dos minutos ¿Vale la pena empezar el año discutiendo?
Un ratito después, Goliat con correa, su dueño, las dos chicas de la izquierda y el guardia costero, chocaban botellitas de cerveza celebrando el encuentro, deseándose un año feliz y una buena firma en el Libro de la Vida. Cuando me fui de allí, intercambiaban celulares y planeaban la comilona con la que romperían el ayuno del Día del Perdón...
¡Que tengan un buen año, autores! ¿Quien hace "click" en comentarios y aporta al blog esta vez un cuento con un conflicto en el que haya conciliación "kipuriana" y al final termine BIEN?
El intenso intercambio zoofilico se vio interrumpido de repente, cuando un hombre que caminaba por la orilla vestido de civil, se presentó como "guardia costera" y le indicó al susodicho que en esa playa no se permitían perros. El diálogo que mantuvieron fue mas o menos así (en hebreo suena mejor, pero lo reproduciré en castellano):
-Disculpá... en esta playa no se permiten animales.
-¿Quién lo dice? -la pregunta transmitía mas curiosidad que preocupación.
-Hay carteles, mirá... -el guardia señaló a su alrededor-
-Yo no molesto a nadie y "Goliat" tampoco. Está conmigo, es una pulga casi invisible... ¿te parece que está jodiendo a alguien?
El nombre "Goliat" generó empatía y dibujó una sonrisa en los labios de los presentes. El guardia miró a las dos chicas de la izquierda y éstas indicaron con gestos que no se sentían perturbadas en absoluto.
-Es verdad, no molesta... pero mi trabajo es pedirte que te retires de esta playa si tenés un perro -insistió el guarda-. A 400 metros hacia el norte, hay una zona donde permiten...
-Pleeeease... -interrrumpió el dueño de Goliat- ¿me dejás empezar el año en paz? Estoy en mi "break" de almuerzo en el laburo, vine a fumar un puchito a la playa, a tomar una cerveza, tengo en total media hora... no molesto a nadie.
-Por lo menos ponele una correa -se notaba que el guardia le había tomado involuntariamente simpatía.
-No traje.
-Andá a buscar una a la casilla del guardavidas.
-¿Aquella? Está como a 200 mts...
-Lo siento, entonces tenés que retirarte ahora.
-Dejame tranquilo (bebió otro trago de cerveza y mas lenguetazos)
-Me van a despedir, tengo que cumplir mi función. Ponete en mi lugar...
La amabilidad no funcionó por mucho tiempo. Dos minutos después ambos levantaban la voz, cada uno firme en su posición. Y cuando el apacible mediodía estaba por dejar de serlo, una de las chicas de la izquierda decidió intervenir y se dirigió al guardia costero.
-¿El guardavidas tiene una correa?
-Así es.
-Si la traigo... ¿Goliat podrá quedarse?
-Efectivamente.
-Voy a correr hasta la casilla, me llevará dos minutos ¿Vale la pena empezar el año discutiendo?
Un ratito después, Goliat con correa, su dueño, las dos chicas de la izquierda y el guardia costero, chocaban botellitas de cerveza celebrando el encuentro, deseándose un año feliz y una buena firma en el Libro de la Vida. Cuando me fui de allí, intercambiaban celulares y planeaban la comilona con la que romperían el ayuno del Día del Perdón...
¡Que tengan un buen año, autores! ¿Quien hace "click" en comentarios y aporta al blog esta vez un cuento con un conflicto en el que haya conciliación "kipuriana" y al final termine BIEN?
4 sept 2013
Tip 20: Innovar
-Llevate de regalo un esmalte... -ofreció mi manicura después que le pagué y mientras esperaba que mis uñas relucientes se secaran de una buena vez. Y explicó: -Regalo de Rosh Hashaná... para empezar el año nuevo coloridamente.
-Mirá vos, qué linda idea... ¡gracias! -acepté gustosa- y cuando mi vista se paseó indecisa entre la gama interminable de colores de moda, Violeta vino en mi auxilio.
-Tenés que elegir el color en función a lo que verdaderamente deseás para el año que comienza.
La miré con curiosidad y la aclaración no se hizo esperar.
-¿Te inclinás por un año de PAZ universal? Entonces llevá este rosado claro- ofreció.
Dudé. Me importa muchísimo la paz en el mundo, sobre todo a la luz de los últimos acontecimientos aquí en Medio Oriente. Pero preferiría desear algo... mas personal. Y la perceptiva Violeta lo notó enseguida, por eso continuó describiendo opciones.
-¿Querés vivir una pasión este año? Entonces agarrá el rojo oscuro. Pero si preferís un amor de aguas calmas, un compañero de verdad, te sugiero el azul o este verde muy particular, casi turquesa. Y NO ME MIRES EXTRAÑADA... esto no falla.
Violeta continuó hablando con seriedad científica. A esa altura, varias clientas se reunieron alrededor del centenar de frasquitos expuestos y la escuchaban como a una profetiza, considerando prioridades.
-Si alguna quiere mayor independencia económica o afectiva, le sugiero uñas esculpidas con motivos de alto impacto. A éstas, por ejemplo, les pinté un mini-dragón o fijense este motivo... un ala de ángel y un tridente de demonio. Pueden elegirlas en lugar de un esmalte; las mujeres que las llevan muestran mas fuerza y personalidad.
Un rato mas tarde, toda la cuadra especulaba acerca de la relación entre colores y deseos.
No les voy a revelar que elegí yo, queridos autores. En cambio, he de alabar la originalidad de mi vecina Violeta para agasajar a sus clientas con motivo del nuevo año hebreo, en lugar de conformarse con el tradicional Shaná Tová u Metuká.
Eso si: les cuento que el esmalte rojo-pasión se acabó y que ya nadie confía en lograr la paz en el mundo. A las uñas esculpidas no les fue mal y el azul del compañero de telenovela se agotó casi tanto como el color del amor desaforado.
Los años pasan, se suceden las generaciones y me parece que los deseos -como las ideas en literatura- suelen ser los mismos. Aunque desde el fondo del corazón deseamos siempre "salud, dinero y amor" como pedían nuestras abuelas, donde podemos en serio innovar
es en la manera propia de formular esos deseos.
Por eso, lanzo el TERCER DESAFIO LITERARIO del Blog: ¿se animan a hacer "click" en comentarios y regalar al blog un deseo propio, mínimo y particular... que a la vez sea universal y sirva para todos?
Como mi Shaná Tová Teatral...
"Que tengan un año ES-PEC-TA-CU-LAAAAR! Elijan el mejor ESCENARIO para vivir una vida auténtica, en la que sean PROTAGONISTAS coronados con APLAUSOS y EXITO en todo lo que emprendan".
23 ago 2013
Tip 19: Un buen final
En la manicuría, la conversación giraba en torno a los preparativos por la llegada de las Altas Fiestas en Israel. Pero Violeta no participaba de la discusión: pintaba mis uñas demasiado concentrada y sin alternar con las otras clientas, que intercambiaban recetas del delicioso "guefilte fish" que suele servirse en la tradicional mesa del año nuevo judío.
-La fórmula secreta de Violeta es imbatible- la estimulé para que revele y participe.
-No le hagan caso- esquivó. Hago un pescado relleno como cualquiera, sin mayor mérito...
Y se sumergió en su rol de manicura con sospechosa obsesión, sin levantar la vista de mis dedos y acicalándolos como si fuera lo último que iría a hacer en este mundo.
Dejé de escuchar las voces a mi alrededor... ¿qué pasaba con mi querida vecina que -año tras año para esta fecha- derrochaba esperanza, alegría y el espíritu de los nuevos comienzos?
Parece que sintió mi mirada inquisidora sobre su frente gacha, porque de pronto, levantó sus párpados cansados y confesó con resignación, en un directo, íntimo y grosero lunfardo porteño:
-El año termina para el carajo, flaca. Mi hija se divorcia, mis nietitos lloran sin entender que pasa y mi negro, el Marcos... nunca tuvo tantos problemas de salud. La "receta" para la noche de Rosh Hashaná será estar con él en un hospital y consolar a mi hija, porque los chicos festejarán con la familia del padre...
.........................................................................................
En la vida real hay imponderables: a veces, somos atravesados por situaciones que no elegimos y que terminan como nunca hubiéramos deseado.
Pero en los cuentos y películas que creamos, en las obras de teatro y novelas que surgen de nuestra imaginación... somos los dueños y señores de la "última palabra". En nuestra cabecita creativo-literaria está la clave y la voluntad del destino de cada uno de los personajes. ¡Qué omnipotencia y felicidad! En mi historia puedo ganarle a un cáncer, salvar a un niño de un incendio devastador, hacer chocar los planetas justo en una era de paz o decidir que una peste desconocida diezme la población de la Tierra.
Cuando nos enfrentamos a la angustia de no encontrar "un buen final" para el cuento o la historia que estamos escribiendo, pongámonos en la piel de cada personaje y juguemos con todas las opciones posibles... ¿La mujer se va y el hombre se queda? ¿O seguirán juntos? ¿O es el hombre el que se va y la mujer se queda? ¿O uno de ellos -de golpe- muere de un síncope? ¿O algo externo define el futuro de ambos? Cuando escribimos somos todopoderosos y vale la pena aprovecharlo, intentando SORPRENDER al lector-expectador y buscando no escribir finales OBVIOS o PREVISIBLES.
Cuando por primera vez vi en el cine la película Thelma y Louise, nunca imaginé que el autor del guión resolvería la situación frente al Cañón del Colorado, tal como lo hizo. Es un buen ejercicio pensar otros finales posibles que presenta la historia, desde el momento en que las entrañables protagonistas se ven acorraladas por aire y tierra por la policía de la costa oeste.
Y vos, autor... ¿te animás a hacer "click" en comentarios y regalar al blog una narración propia o no, cuyo final te conmueva?
-La fórmula secreta de Violeta es imbatible- la estimulé para que revele y participe.
-No le hagan caso- esquivó. Hago un pescado relleno como cualquiera, sin mayor mérito...
Y se sumergió en su rol de manicura con sospechosa obsesión, sin levantar la vista de mis dedos y acicalándolos como si fuera lo último que iría a hacer en este mundo.
Dejé de escuchar las voces a mi alrededor... ¿qué pasaba con mi querida vecina que -año tras año para esta fecha- derrochaba esperanza, alegría y el espíritu de los nuevos comienzos?
Parece que sintió mi mirada inquisidora sobre su frente gacha, porque de pronto, levantó sus párpados cansados y confesó con resignación, en un directo, íntimo y grosero lunfardo porteño:
-El año termina para el carajo, flaca. Mi hija se divorcia, mis nietitos lloran sin entender que pasa y mi negro, el Marcos... nunca tuvo tantos problemas de salud. La "receta" para la noche de Rosh Hashaná será estar con él en un hospital y consolar a mi hija, porque los chicos festejarán con la familia del padre...
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En la vida real hay imponderables: a veces, somos atravesados por situaciones que no elegimos y que terminan como nunca hubiéramos deseado.
Pero en los cuentos y películas que creamos, en las obras de teatro y novelas que surgen de nuestra imaginación... somos los dueños y señores de la "última palabra". En nuestra cabecita creativo-literaria está la clave y la voluntad del destino de cada uno de los personajes. ¡Qué omnipotencia y felicidad! En mi historia puedo ganarle a un cáncer, salvar a un niño de un incendio devastador, hacer chocar los planetas justo en una era de paz o decidir que una peste desconocida diezme la población de la Tierra.
Cuando nos enfrentamos a la angustia de no encontrar "un buen final" para el cuento o la historia que estamos escribiendo, pongámonos en la piel de cada personaje y juguemos con todas las opciones posibles... ¿La mujer se va y el hombre se queda? ¿O seguirán juntos? ¿O es el hombre el que se va y la mujer se queda? ¿O uno de ellos -de golpe- muere de un síncope? ¿O algo externo define el futuro de ambos? Cuando escribimos somos todopoderosos y vale la pena aprovecharlo, intentando SORPRENDER al lector-expectador y buscando no escribir finales OBVIOS o PREVISIBLES.
Cuando por primera vez vi en el cine la película Thelma y Louise, nunca imaginé que el autor del guión resolvería la situación frente al Cañón del Colorado, tal como lo hizo. Es un buen ejercicio pensar otros finales posibles que presenta la historia, desde el momento en que las entrañables protagonistas se ven acorraladas por aire y tierra por la policía de la costa oeste.
Y vos, autor... ¿te animás a hacer "click" en comentarios y regalar al blog una narración propia o no, cuyo final te conmueva?
14 ago 2013
Tip 18: Sensibilidad
A la mañana temprano me encontré con Violeta en el almacén, antes que empiece la jornada laboral.
-Ayer me acosté tardísimo- le comenté- ¿no fuiste a ver la lluvia de meteoros?
Me miró por encima de los lentes.
-Si hay algo que NO me interesa en esta vida, es ver una lluvia de meteoros -afirmó con su habitual tono práctico que a mi me parecía patético. Y agregó, sin ahorrar su cuota de ironía siempre al límite con lo hiriente: -Hay gente que puede elegir acostarse tarde y levantarse a cualquier hora, mirar estrellas de noche y el mar de Tel Aviv durante el día. Yo prefiero ver la manicuría llena de clientas y de paso... "llegar a fin de mes".
Percibí que Itzhik el almacenero -otro especimen feliz de amanecer y anochecer mirando la misma estantería con latas de su mini-market- ahogó una sonrisa de aprobación y desvió pronto la mirada hacia la caja registradora.
Evalué repuestas posibles, desde el ofuscamiento a la condescendencia y al final, opté por bromear con esa mujeraza hosca por fuera y rocío de miel adentro, tratando de correrla un poco de su realismo absoluto.
-Violeta... te gustaría ver una estrella fugaz con cola de fuego como un cometa -provoqué-. Yo vi una ayer en medio de un firmamento negro de lunares brillantes y alcancé a pedirle todo lo que una mujer al filo de los cincuenta puede desear... ¿qué tiene de malo dejarse embriagar por un espectáculo natural? Ser feliz con una puesta de sol, el aleteo de una mariposa, con olas rompiendo contra las rocas o el borracho perfume de un jazmín en flor?
Itzhik y Violeta intercambiaron miraditas y sonrisas burlonas.
Pagué rápido y antes de salir, me despedí prometiendo algo para mí maravilloso, pero que a Violeta le sonó como una amenaza:
-Cuando anuncien la próxima lluvia de meteoros no habrá excusa: te voy a llevar con nosotros.
............................................................................
La tersura sutil de un pétalo nuevo o el filo erguido de una espina...
El tizne tenebroso de un bosque al caer la tarde o la claridad de ángel de la mañana temprana, no pasan desapercibidos para la capacidad de asombro infantil que tiene un autor.
El escritor, es un ser mas sensible y permeable a ser modificado por cuestiones que para otros, pasan desapercibidas.
Copio a continuación el ejemplo de unas gotas de agua insignificantes, que acapararon la atención del escritor Julio Cortazar, quien les dedicó estas palabras:
"...Llueve todo el tiempo. Ahora aparece una gotita en lo alto del marco de la ventana; se queda temblequeando contra el cielo que la triza en mil brillos apagados, va creciendo y se tambalea, ya va a caer y no se cae, todavía no se cae. Está prendida con todas las uñas, no quiere caerse y se la ve que se agarra con los dientes, mientras le crece la barriga; ya es una gotaza que cuelga majestuosa, y de pronto zup, ahí va, plaf, deshecha, nada, una viscosidad en el mármol.
Pero las hay que se suicidan y se entregan enseguida, brotan en el marco y ahí mismo se tiran; me parece ver la vibración del salto, sus piernitas desprendiéndose y el grito que las emborracha en esa nada del caer y aniquilarse. Tristes gotas, redondas inocentes gotas. Adiós gotas. Adiós".
Y vos, autor... te animas a hacer "click" en comentarios y regalar al blog una descripción "cortazariana" de algún evento natural que te conmovió?
-Ayer me acosté tardísimo- le comenté- ¿no fuiste a ver la lluvia de meteoros?
Me miró por encima de los lentes.
-Si hay algo que NO me interesa en esta vida, es ver una lluvia de meteoros -afirmó con su habitual tono práctico que a mi me parecía patético. Y agregó, sin ahorrar su cuota de ironía siempre al límite con lo hiriente: -Hay gente que puede elegir acostarse tarde y levantarse a cualquier hora, mirar estrellas de noche y el mar de Tel Aviv durante el día. Yo prefiero ver la manicuría llena de clientas y de paso... "llegar a fin de mes".
Percibí que Itzhik el almacenero -otro especimen feliz de amanecer y anochecer mirando la misma estantería con latas de su mini-market- ahogó una sonrisa de aprobación y desvió pronto la mirada hacia la caja registradora.
Evalué repuestas posibles, desde el ofuscamiento a la condescendencia y al final, opté por bromear con esa mujeraza hosca por fuera y rocío de miel adentro, tratando de correrla un poco de su realismo absoluto.
-Violeta... te gustaría ver una estrella fugaz con cola de fuego como un cometa -provoqué-. Yo vi una ayer en medio de un firmamento negro de lunares brillantes y alcancé a pedirle todo lo que una mujer al filo de los cincuenta puede desear... ¿qué tiene de malo dejarse embriagar por un espectáculo natural? Ser feliz con una puesta de sol, el aleteo de una mariposa, con olas rompiendo contra las rocas o el borracho perfume de un jazmín en flor?
Itzhik y Violeta intercambiaron miraditas y sonrisas burlonas.
Pagué rápido y antes de salir, me despedí prometiendo algo para mí maravilloso, pero que a Violeta le sonó como una amenaza:
-Cuando anuncien la próxima lluvia de meteoros no habrá excusa: te voy a llevar con nosotros.
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La tersura sutil de un pétalo nuevo o el filo erguido de una espina...
El tizne tenebroso de un bosque al caer la tarde o la claridad de ángel de la mañana temprana, no pasan desapercibidos para la capacidad de asombro infantil que tiene un autor.
El escritor, es un ser mas sensible y permeable a ser modificado por cuestiones que para otros, pasan desapercibidas.
Copio a continuación el ejemplo de unas gotas de agua insignificantes, que acapararon la atención del escritor Julio Cortazar, quien les dedicó estas palabras:
"...Llueve todo el tiempo. Ahora aparece una gotita en lo alto del marco de la ventana; se queda temblequeando contra el cielo que la triza en mil brillos apagados, va creciendo y se tambalea, ya va a caer y no se cae, todavía no se cae. Está prendida con todas las uñas, no quiere caerse y se la ve que se agarra con los dientes, mientras le crece la barriga; ya es una gotaza que cuelga majestuosa, y de pronto zup, ahí va, plaf, deshecha, nada, una viscosidad en el mármol.
Pero las hay que se suicidan y se entregan enseguida, brotan en el marco y ahí mismo se tiran; me parece ver la vibración del salto, sus piernitas desprendiéndose y el grito que las emborracha en esa nada del caer y aniquilarse. Tristes gotas, redondas inocentes gotas. Adiós gotas. Adiós".
Y vos, autor... te animas a hacer "click" en comentarios y regalar al blog una descripción "cortazariana" de algún evento natural que te conmovió?
11 ago 2013
Tip 17: La fuerza dramática de una despedida
Cuando estacioné, vi que Violeta estaba cerrando la manicuría. Bajé del auto apurada y la intercepté.
-Ey... mi turno es en quince minutos ¿ya te vas?
Se tomó la frente indicando que se había olvidado de cancelarme.
-Disculpame, tengo que ir al aeropuerto. "Despedidas"... -tituló con expresión desolada y bajó la vista mordiéndose el labio inferior. No tuvo que agregar nada más.
-Andá, andá... no te preocupes. Después te llamo y combinamos otro momento.
Se dio vuelta rápido, con alivio y agradecimiento. Y mientras se alejaba, noté que se secaba con el dorso de la mano un lagrimón.
Me quedé parada en la vereda, pensando en mi querida vecina que había llegado hace cuarenta años al país y en mi misma, que arribé hace sólo cuatro. Los que emigramos, conocemos esa sensación de espinita que se clava en el corazón cuando nos despedimos de un ser querido. Nos acostumbrarnos a transitar por la vida sabiendo que "no están a la vuelta de la esquina" ni
"al alcance de la mano", pero que están en alguna parte, por suerte.
Los aeropuertos son una increíble fuente de inspiración para mi, como escritora. Pero trato de esquivar el área "Departures" y me deleita encontrar un rincón estratégico en la sección "Arribos".
Observar los reencuentros, la contraparte feliz de la distancia, es un hábito que aprendí a ejercitar para paliar la ansiedad mientras espero a mi gente de Buenos Aires, cuando viene de visita.
Embelesada, miro los abrazos prolongados, las caricias, escucho los gritos de pura felicidad, las palabras de bienvenida. Veo las lágrimas de emoción, los dedos que palpan, el beso húmedo y prolongado. Percibo el alivio, la gracia de volver a sentir la presencia física de un ser amado...
Adoro los reencuentros, imaginar la historia detrás de dos seres que ríen, se miran incrédulos y se funden en un abrazo que no necesita palabras en el hall de arribos.
De pronto, pienso en el deseo que genera la falta, en las renovadas ganas, en el diálogo que fluye con nuevos bríos, en la necesidad y el apremio que generan las ausencias.
Percibo intensidades desconocidas para aquellos que no saben de añoranzas... no está tan mal. Siento ganas de saber: ¿por qué estuvieron lejos? ¿cuánto tiempo? ¿a cuántos kilómetros? ¿volverán a separarse o nunca más en la vida? ¡Qué manantial de inspiración para un escritor! Cada reencuentro que presencio, podría ser el final o el comienzo de un cuento...
Y ustedes, autores... ¿no creen que "despedidas" o "ausencia temporaria" es un tema-motor, disparador de una historia? ¿Quién hace "click" en comentarios y aporta al blog una narración al respecto?
-Ey... mi turno es en quince minutos ¿ya te vas?
Se tomó la frente indicando que se había olvidado de cancelarme.
-Disculpame, tengo que ir al aeropuerto. "Despedidas"... -tituló con expresión desolada y bajó la vista mordiéndose el labio inferior. No tuvo que agregar nada más.
-Andá, andá... no te preocupes. Después te llamo y combinamos otro momento.
Se dio vuelta rápido, con alivio y agradecimiento. Y mientras se alejaba, noté que se secaba con el dorso de la mano un lagrimón.
Me quedé parada en la vereda, pensando en mi querida vecina que había llegado hace cuarenta años al país y en mi misma, que arribé hace sólo cuatro. Los que emigramos, conocemos esa sensación de espinita que se clava en el corazón cuando nos despedimos de un ser querido. Nos acostumbrarnos a transitar por la vida sabiendo que "no están a la vuelta de la esquina" ni
"al alcance de la mano", pero que están en alguna parte, por suerte.
Los aeropuertos son una increíble fuente de inspiración para mi, como escritora. Pero trato de esquivar el área "Departures" y me deleita encontrar un rincón estratégico en la sección "Arribos".
Observar los reencuentros, la contraparte feliz de la distancia, es un hábito que aprendí a ejercitar para paliar la ansiedad mientras espero a mi gente de Buenos Aires, cuando viene de visita.
Embelesada, miro los abrazos prolongados, las caricias, escucho los gritos de pura felicidad, las palabras de bienvenida. Veo las lágrimas de emoción, los dedos que palpan, el beso húmedo y prolongado. Percibo el alivio, la gracia de volver a sentir la presencia física de un ser amado...
Adoro los reencuentros, imaginar la historia detrás de dos seres que ríen, se miran incrédulos y se funden en un abrazo que no necesita palabras en el hall de arribos.
De pronto, pienso en el deseo que genera la falta, en las renovadas ganas, en el diálogo que fluye con nuevos bríos, en la necesidad y el apremio que generan las ausencias.
Percibo intensidades desconocidas para aquellos que no saben de añoranzas... no está tan mal. Siento ganas de saber: ¿por qué estuvieron lejos? ¿cuánto tiempo? ¿a cuántos kilómetros? ¿volverán a separarse o nunca más en la vida? ¡Qué manantial de inspiración para un escritor! Cada reencuentro que presencio, podría ser el final o el comienzo de un cuento...
Y ustedes, autores... ¿no creen que "despedidas" o "ausencia temporaria" es un tema-motor, disparador de una historia? ¿Quién hace "click" en comentarios y aporta al blog una narración al respecto?
31 jul 2013
Tip 16: Aprovechar tiempos muertos y esperas
-A la mañana fui al dentista y tuve que esperar una hora y media- contó Violeta mientras pintaba prolijamente de rojo mis uñas de los pies, una tarde agobiante de verano que invitaba únicamente a andar en ojotas o sandalias.
Ese espacio refrigerado de relax y "mimo personal" en el local de mi amiga-manicura facilitaba la conversación. Los temas triviales se sucedían con parsimonia y sin apuro, hasta que de pronto, algún comentario se imponía y cobraba repentina importancia universal, generando un intercambio vehemente entre nosotras, parecido a una discusión filosófica.
Fue el caso del tema "espera en el consultorio del dentista".
-Qué pérdida de tiempo- siguió quejándose Violeta- ¿para qué cita a tantos pacientes juntos? ¿Yo te hice esperar alguna vez más de quince minutos? ¡Es una falta de respeto! ¿Qué podés hacer durante una hora y media, junto a otros ocho con muelas doloridas que resoplan de fastidio?
-Mirar sus rostros -contesté-. Leerlos como si fueran un libro abierto. Adivinar sus angustias y apremios, descifrar a través de las arrugas en las comisuras de sus labios, si han pasado una noche de felicidad o de espanto. Observar sus párpados cansados y "traducir" ese cansancio, descubrir si es resignación o esconde la satisfacción que se siente después de haber logrado una meta difícil -expliqué-. No es tanto tiempo esperar una hora y media... el tiempo es relativo.
Violeta me miró sin paciencia. Sonreí. Yo podía haber asentido y eso hubiera acompañado su desahogo: uno se da cuenta cuando el interlocutor "tira la bronca" sólo para descargarse y desea escuchar simplemente un "tenés razón, qué bajón esperar tanto tiempo..." Sin embargo solté esa pequeña provocación, esperando su reacción con cierto deleite.
-¡¿Qué relativo?! -saltó como aceite hirviendo-. Tenía que hacer las compras para la cena de Shabat y no pude, mañana vienen mis cuatro nietos! ¿Cuándo voy a hacerlo? Tengo agendadas clientas toda la tarde por el tema del "Día de los Enamorados"... incluída VOS misma -recalcó- ¿de qué relatividad me hablás? -siguió despotricando- Ustedes los escritores... acostumbrados a quedarse pensando y a vivir en las nubes, nunca tienen apuro y pueden quedarse "observando rostros" -remedó- pero la gente común y corriente y práctica como yo ...
La frase quedó flotando en el aire. Violeta dió por terminada su tarea y puso punto final a la discusión indicándome con un ademán que estaba apurada y que le deje el lugar a la próxima clienta.
...............................
Y ustedes, autores? Se animan a hacer "click" en comentarios y aportar al blog la descripción de un rostro, situación o panorama que hayan observado con detenimiento aprovechando una espera? Como haría un buen escritor, que se precie de serlo...
26 jul 2013
Tip 15: Matices de los Personajes
-Apurate y decidí el color de una vez! -el tono de Violeta sonó inusualmente ofuscado, pero no me molestó. Me preocupó.
La miré interrogante e hice ademán de irme. Era la tercera vez que me había levantado la voz.
-Dejá, vuelvo en otro momento- anuncié. Yo vengo a la manicuría mas que nada para tener un espacio de relax, si estás tan nerviosa...
Levantó rápido sus ojos verdes y noté que estaban húmedos.
-Disculpame... quedate, por favor -casi rogó- Estoy sobrepasada.
Volví a sentarme, despacio. Elegí un esmalte de color gris, opaco, porque se me contagió su ánimo lejano al púrpura o a los rosados infantiles. Y esperé la confesión.
En general, Violeta escuchaba a sus clientas mientras les hacía las manos, levantando la vista de su trabajo una o dos veces en el lapso de 30 minutos que duraba la sesión e intercalando comentarios adecuados, atinados, desde su propia experiencia de vida.
Pero esta vez, ella contó: sus palabras fluyeron como una catarsis.
-Mi mamá está grande... vendimos su casa y va a entrar a un Hogar de Ancianos, pero solo habrá lugar allí dentro de unos meses. En tanto, vino a vivir con nosotros y...
Su pulsó tembló. El esmalte gris manchó parte de la yema de mi anular. Violeta tomó enseguida el frasquito de acetona y lo sacudió con fuerza. Mojó un algodón que se empapó demasiado y chorreó. Ese pequeño inconveniente hizo que sus ojos se humedecieran de vuelta y detonó la estampida de palabras:
-No puedo más. Me siento exigida, observada... es decir -aclaró en seguida- quiero muchísimo a mi madre, pero esta convivencia me está matando, no puedo lidiar con sus pequeñas mañas, ni con sus quisquillocidades, ni con sus rituales que para mi no tienen sentido, ni escuchar la lista de los remedios que toma, ni sus chancletas chillonas, ni ir limpiando las miguitas que deja por todos lados porque NO VE, ni repetir en voz alta cinco veces las frases porque NO ESCUCHA... (pausa, busca la expresión casi con desesperación) Está destrozando mi nido de paz con Marcos... (me mira fijo de pronto)... ¡me odio por sentir que deseo que se vaya ¿entendés?! ¡Amanezco pensando si murió algún viejo para que le dejen lugar en el Hogar y salga de mi casa!... ¿Soy una mala persona yo, te parece?
.......................................
De las ambiguedades y matices grises de los seres humanos, se alimenta el escritor.
La tarea difícil, el desafío, es intentar describir los instantes de duda de un personaje, su toque de incorrección, las flaquezas, el momento en que pone en juego sus certezas, se confunde, quiere tirar su vida por la borda y tal vez empezar de nuevo.
Si el escritor se mete de nariz, profundiza dentro de esas sutilezas que lo enfrentan a veces
-con duda y culpas como Violeta- a sus pilares morales, de allí surgirá el CONFLICTO, motor de la historia.
A ver, autores... ¿quién ilustra con algún ejemplo haciendo "click" en comentarios?
La miré interrogante e hice ademán de irme. Era la tercera vez que me había levantado la voz.
-Dejá, vuelvo en otro momento- anuncié. Yo vengo a la manicuría mas que nada para tener un espacio de relax, si estás tan nerviosa...
Levantó rápido sus ojos verdes y noté que estaban húmedos.
-Disculpame... quedate, por favor -casi rogó- Estoy sobrepasada.
Volví a sentarme, despacio. Elegí un esmalte de color gris, opaco, porque se me contagió su ánimo lejano al púrpura o a los rosados infantiles. Y esperé la confesión.
En general, Violeta escuchaba a sus clientas mientras les hacía las manos, levantando la vista de su trabajo una o dos veces en el lapso de 30 minutos que duraba la sesión e intercalando comentarios adecuados, atinados, desde su propia experiencia de vida.
Pero esta vez, ella contó: sus palabras fluyeron como una catarsis.
-Mi mamá está grande... vendimos su casa y va a entrar a un Hogar de Ancianos, pero solo habrá lugar allí dentro de unos meses. En tanto, vino a vivir con nosotros y...
Su pulsó tembló. El esmalte gris manchó parte de la yema de mi anular. Violeta tomó enseguida el frasquito de acetona y lo sacudió con fuerza. Mojó un algodón que se empapó demasiado y chorreó. Ese pequeño inconveniente hizo que sus ojos se humedecieran de vuelta y detonó la estampida de palabras:
-No puedo más. Me siento exigida, observada... es decir -aclaró en seguida- quiero muchísimo a mi madre, pero esta convivencia me está matando, no puedo lidiar con sus pequeñas mañas, ni con sus quisquillocidades, ni con sus rituales que para mi no tienen sentido, ni escuchar la lista de los remedios que toma, ni sus chancletas chillonas, ni ir limpiando las miguitas que deja por todos lados porque NO VE, ni repetir en voz alta cinco veces las frases porque NO ESCUCHA... (pausa, busca la expresión casi con desesperación) Está destrozando mi nido de paz con Marcos... (me mira fijo de pronto)... ¡me odio por sentir que deseo que se vaya ¿entendés?! ¡Amanezco pensando si murió algún viejo para que le dejen lugar en el Hogar y salga de mi casa!... ¿Soy una mala persona yo, te parece?
.......................................
De las ambiguedades y matices grises de los seres humanos, se alimenta el escritor.
La tarea difícil, el desafío, es intentar describir los instantes de duda de un personaje, su toque de incorrección, las flaquezas, el momento en que pone en juego sus certezas, se confunde, quiere tirar su vida por la borda y tal vez empezar de nuevo.
Si el escritor se mete de nariz, profundiza dentro de esas sutilezas que lo enfrentan a veces
-con duda y culpas como Violeta- a sus pilares morales, de allí surgirá el CONFLICTO, motor de la historia.
A ver, autores... ¿quién ilustra con algún ejemplo haciendo "click" en comentarios?
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